
Caroline invita a Jane a Netherfield
Por Kara Louise
Traducido por Cristina Huelsz
Noviembre 11, 1811
Caroline Bingley marchaba con pasos estridentes de un lado a otro, con los brazos cruzados fuertemente frente a ella. Estaba preocupada porque Charles había aceptado una invitación para cenar con unos oficiales en Meryton. No le molestaba tanto que él fuera, sino que el señor Darcy aceptara acompañarlo, comentando que esperaba encontrar una conversación inteligente entre ellos. Negó con la cabeza y soltó un resoplido. ¿Qué hacía falta para que el hombre se diera cuenta de que podía encontrar eso fácilmente con ella? ¿Y mucho más?
Cuando se decidió que los dos caballeros y el señor Hurst irían, Charles se acercó a su hermana con una sugerencia.
―Caroline, ya que estaremos fuera, esta sería una oportunidad perfecta para invitar a la señorita Bennet a tomar el té para que tú y Louisa puedan seguir conociéndola―. Él sonrió con entusiasmo, esperando a que ella respondiera con un sincero asentimiento.
Ella abrió la boca, pero no pudo formular palabras para expresar lo que realmente pensaba de su sugerencia. Podría haberle explicado lo poco que deseaba hacerlo, que la señorita Bennet le parecia una joven dulce, pero ciertamente no la adecuada para él. Sin embargo, Caroline estaba decidida a mostrarle sólo una educada conformidad, especialmente con el señor Darcy sentado a su lado. Ella le devolvió una sonrisa y le dijo que le parecía una idea espléndida. De mala gana, le envió una invitación a la señorita Bennet para que se reuniera con ella y Louisa en Netherfield.
Un frío lúgubre invadió el condado aquella mañana, muy parecido al que Caroline sentía, a pesar de la calidez que reinaba en Netherfield. Gruesas nubes se cernían sobre Meryton, y Caroline estaba segura de que una tormenta era inminente. Se preguntó si la señorita Bennet se vería obligada a abandonar el plan si comenzaba a llover. A decir verdad, ¡esperaba fervientemente que así fuera!
Caroline estaba decidida a sacar algo bueno de aquella situación y, cuando el señor Darcy se reunió con ella en el salón mientras esperaba a los otros dos hombres, ella llamó al ama de llaves.
En voz bastante alta, le dijo: ―Señora Lewis, quiero asegurarme de que todo esté listo para nuestra invitada de hoy. Será recibida con la mayor hospitalidad, y no escatimaré nada para su comodidad.
El ama de llaves asintió. ―Sí, señorita Bingley. Tenemos todo preparado para su visita como usted lo solicitó.
―¡Bien! Me alegra oír eso―. Le robó una mirada al señor Darcy, esperando que lo hubiera escuchado y quedara impresionado por lo bien que desempeñaba sus deberes como ama de Netherfield. Pues su mayor deseo era ser la señora de Pemberley.
Mientras los hombres se preparaban para marcharse, Caroline obsevó como el señor Darcy se ponía su pesado abrigo. ¡Era un hombre tan buen ejemplar! Dejó escapar un suave suspiro al pensar que no muchos de los amigos de Charles eran de gran provecho para él, y mucho menos para ella. Sin duda, el señor Darcy había cambiado todo eso.
Cuando los hombres se despidieron, Louisa y Caroline se sentaron frente al ardiente fuego del salón. Mientras esperaban a la señorita Bennet, cada una deseaba en silencio que el tiempo pasado con ella transcurriera rápidamente. Caroline miró por la ventana, dándose cuenta de lo oscuro que se había puesto, y poco después, oyeron el sonido de la lluvia golpeando las ventanas.
―¡Oh, Louisa! Hay un torrente ahí fuera. Lo más probable es que la señorita Bennet no se aventure a salir con esto. Me imagino que pasaremos la tarde solas―. Se acomodó cómodamente en su silla y dejó escapar un largo suspiro, seguido de una sonrisa de satisfacción.
―¡Qué lástima! ―se rio Louisa.
―Sí ―dijo Caroline en voz baja. Luego, volviéndose hacia Louisa, añadió: ―¡Por Charles!
Poco después, al oír la campana, las dos damas se miraron sorprendidas. Ninguna dijo una palabra, pero era evidente que ambas pensaban lo mismo. Desde luego, ¡no podía ser la señorita Bennet!
Cuando la señora Lewis apareció en la puerta y anunció a la señorita Bennet, Caroline apenas pudo disimular un grito ahogado. Su invitada estaba empapada, el agua goteaba por el suelo y su aspecto era completamente deplorable.
―¡Mi querida señorita Bennet! ―exclamó Caroline, obligándose a ponerse en pie. ―¿Qué ha ocurrido? Está empapada de pies a cabeza.
Louisa y Caroline atendieron rápidamente a la señorita Bennet mientras ella les explicaba que había venido a caballo con la esperanza de escapar de la tormenta, pero que había empezado a llover mucho antes de lo que había previsto. Pidieron ropa seca para ella e hicieron que la doncella la acompañara escaleras arriba para ayudarla a ponersela.
Cuando salió de la habitación, las hermanas no pudieron contenerse ante la insensatez que había cometido al ir a caballo de Longbourn a Netherfield en lugar de tomar un carruaje. ¡Con un aguacero! ¡No debería haberse aventurado a salir!
―¡Por Dios, Louisa! ¡Apenas puedo creerlo! ¡Qué acciones tan imprudentes!
―Estoy de acuerdo, Caroline. ¿En qué estaría pensando?
―Eso demuestra una irreflexión mal educada, si me preguntas.
Las dos damas estuvieron de acuerdo en que alguien establecido en la buena sociedad nunca habría exhibido tal comportamiento.
Mientras la señorita Bennet seguía arriba, Caroline tiró de la manga de su hermana. «Louisa, cada vez estoy mas convencida de la falta de idoneidad de la señorita Bennet. Mientras ella se encuentre hoy aquí, tendremos la oportunidad perfecta para determinar exactamente cuales son sus conexiones familiares.»
Louisa la miró interrogante. ―¿Tienes alguna duda de que demostrarán ser deficientes, Caroline?
Caroline soltó una carcajada. ―¡Claro que no, pero será divertido que le saquemos la información! ―Las dos damas se rieron conspiradoramente.
Cuando la señorita Bennet regresó, expresó su gratitud a las damas y se dirigieron al comedor.
Caroline y Louisa interrogaron cortésmente a la señorita Bennet sobre su familia, sus virtudes y otros temas cuidadosamente escogidos. Ella fue muy franca en sus respuestas, pero fue el hecho de que admitiera que tenía un tío comerciante en Cheapside lo que provocó que Louisa y Caroline intercambiaran miradas mordaces entre ellas. ¡Eso era abominable!
Al principio, la señorita Bennet respondió razonablemente bien al interrogatorio. Sin embargo, Caroline pronto empezó a notar que su rostro estaba ceniciento y que no tenía la serenidad habitual de la que solía hacer gala. Al final se hizo evidente que se encontraba bastante mal, y pensaron que lo mejor sería trasladarla al salón, donde podría acomodarse frente al cálido fuego.
Mientras la lluvia continuaba cayendo a cántaros durante el resto de la tarde, Caroline y Louisa se resignaron al hecho de que la señorita Bennet se vería obligada a permanecer con ellas en Netherfield. Sería descortés enviarla a casa en esta tempestad cuando se encontraba tan mal.
Mientras Caroline intentaba poner cómoda a la señorita Bennet, en su fuero interno esperaba que los caballeros regresaran directamente o que la lluvia cesara. Desgraciadamente, sus esperanzas fueron en vano; la señorita Bennet seguía mostrándose cada vez más afectada, los caballeros estuvieron ausentes toda la tarde y la lluvia continuaba sin interrupción.
Caroline y Louisa se encargaron de que la señorita Bennet fuese llevada a una habitación y se acostara cómodamente en la cama, y luego Caroline envió una misiva a Longbourn para informarle a sus padres de su enfermedad.
Las dos damas regresaron a la sala de estar y Caroline soltó un suspiro al sentarse en un sillón de felpa. ―Sin duda ha sido un día interesante, Louisa. No creí que nada pudiera superar la gran llegada de la señorita Bennet, pero luego de oírla hablar de su tío comerciante…
―¡En Cheapside, nada menos! ―añadió Louisa con aire de disgusto. ―¡Y ella nos dio esa información tan fácilmente! Parece que no se avergüenza de admitirlo.
―Me atrevería a decir que no―. Caroline juntó lentamente las manos.
―Nunca mencionaríamos nuestro…
―¡No, no lo haríamos! ―Caroline la cortó directamente.
Louisa miró de reojo a su hermana. ―¿Sentirá Charles la misma repugnancia que sentimos nosotras por este asunto?
―Oh, Louisa, me temo que nuestro hermano no―. La voz de Caroline se apagó.
Una sonrisa ladina apareció al pensar en algo: ¡el señor Darcy! Él tendría influencia sobre su hermano y sin duda le demostraría lo inferior que es la señorita Bennet… si es que no se da cuenta por sí mismo.
Y tener a la señorita Bennet aquí para cuidarla le permitiría al señor Darcy ver lo compasiva que podía llegar a ser ella con alguien enfermo. Caroline asintió lentamente con la cabeza y un brillo taimado apareció en sus ojos. Sí, se esforzaría al máximo para garantizar la comodidad de la señorita Bennet y atender todas sus necesidades. El señor Darcy tendría todas las razones para estar impresionado.
Ella volvió a acomodarse en su silla y comenzó a tararear.
―Pareces muy contenta, Caroline ―dijo Louisa. ―¿Qué estás tramando?
―¿Tramando? ¿Yo? ―Le hizo un gesto con la mano a su hermana. ―Sólo estoy pensando que las cosas pueden salir mucho mejor de lo que esperaba.