
Los pensamientos de Jane al cabalgar a Nethierfield
Por L.L. Diamond
Traducido por Cristina Huelsz
Todos sabemos que la señora Bennet obligó a Jane a cabalgar hasta Netherfield, pero ¿cómo se sintió Jane al respecto? Averigüémoslo.
Noviembre 11, 1811
Con un último tirón para asegurar las cintas de su sombrero, Jane miró a su reflejo en el espejo del vestíbulo, llamando la atención de Lizzy, quien se aproximó por detrás con expresión de preocupación y censura. ―Por favor, no lo digas, Lizzy.
Un suspiro escapó de los labios de su hermana y Jane se encogió ante la desaprobación en la firme mirada de su hermana menor.
Volviendo la vista a su propio reflejo, Jane se volvió y se ajustó el traje de montar. ―No soy tan franca como tú, y nunca podría desafiar a mi madre. Además, puede que la lluvia no empiece hasta que yo haya llegado a Netherfield.
―Habla con papá ―le imploró Lizzy. ―Estoy segura de que él podría hacerla entrar en razón.
Ella negó con la cabeza. ―Todo saldrá bien. Ya lo verás―. Lizzy bajó los hombros; su querida hermana estaba decepcionada, pero no podía evitarse. Jane no tenía el carácter extrovertido y seguro de su hermana pequeña.
―¡Jane!
Dio un respingo involuntario al oír gritar su nombre cuando su madre entró en el vestíbulo desde el salón.
―¡Date prisa, niña! No debes dejar esperando a la señorita Bingley y a la señora Hurst.
Los frenéticos dedos de su madre comenzaron a ajustarle el cuello y el lazo del sombrero. ―Tienes muy buen aspecto. Estoy segura de que no eres tan hermosa por nada. Asegúrate de quedarte el tiempo suficiente para ver al señor Bingley y para que él te vea a ti.
―¡Mamá! ―gritó al unísono con Lizzy.
―¡No me digas «mamá»! Serás la próxima señora de Netherfield. Recuerda mis palabras! ―Una rápida mirada al reloj hizo que su madre comenzara a agitar su pañuelo. ―¡Oh! ¡No tenemos tiempo para tus tonterías, Lizzy!
Jane contuvo una risita cuando la expresión de Lizzy se transformó en una de incredulidad, pero no tuvo mucho tiempo para saborear el humor del momento, ya que su madre la agarró del brazo y la condujo hacia la puerta.
―Recemos para que llueva. Entonces no tendrás que demorarte hasta que el señor Bingley regrese de cenar con los oficiales.
―Mamá…
―¡Mira! El señor Hill tiene a Nelly ensillada y lista. ¡Date prisa! Puede que a la señorita Bingley y a la señora Hurst les guste llegar elegantemente tarde a un baile, pero no apreciarán tanto la práctica cuando se trate de una invitación a tomar el té.
Con la ayuda de un bloque para montar, Jane subió a la montura, pero se encontró con que su madre ya había llevado a todos, excepto a Lizzy, al interior de la casa antes de que pudiera despedirse de ellos.
Lizzy miró al cielo. ―Debes apresurarte, aunque sólo sea para evitar la lluvia. La señorita Bingley y la señora Hurst te mirarán con desdén si llegas empapada.
―No son tan mezquinas, Lizzy―. ¿Por qué Lizzy siempre insistía en que las hermanas del señor Bingley eran tan poco caritativas? Habían sido de lo más afables y amables en la asamblea.
Su hermana se encogió de hombros con una sonrisa cómplice. ―Siento discrepar, pero no discutiré contigo. Por favor, ten cuidado. Espero que me lo cuentes todo cuando vuelvas.
Jane sonrió ante la mirada ahora insistente de su hermana. ―Por supuesto―. Hizo un pequeño gesto con la mano y giró la vieja yegua en dirección a Netherfield, dando una última vuelta en lo alto de la colina y alzando la mano hacia Lizzy antes de que la casa dejara de verse.
Con una mirada nerviosa hacia el cielo, Jane estudió las nubes grises. Su madre tenía razón; parecía que iba a llover, pero ella esperaba fervientemente que el mal tiempo no apareciera hasta después de su llegada a Netherfield. ¡La idea de un vestido y ropa interior empapados era realmente desagradable!
Una pesada exhalación salió de sus labios mientras volvía sus pensamientos hacia el caballero que estaba en el centro de las maquinaciones de su madre. Mamá estaba decidida a que su hija mayor se casara con el señor Bingley cuando aún no eran más que conocidos.
Ciertamente él era caballeroso y bastante apuesto. Era una agradable compañía para el tiempo que conversaban en la asamblea y un bailarín consumado. A ella le gustaba su conversacion, pero no estaba dispuesta a aceptar una proposicion basandose en un conocimiento tan escaso de su caracter.
Tal vez, una vez que estuviera más segura de sus sentimientos y de la estima que él le profesaba, se sentiría honrada por una propuesta de matrimonio de aquel caballero; sin embargo, ¿qué pasaría si decidía que el señor Bingley no era el caballero para ella? ¿Como reaccionaria su madre?
Después de todo, ¡mamá insistió en que cabalgara, posiblemente bajo la lluvia, hasta Netherfield! No sólo eso, ¡sino las palabras de su madre antes de su partida! Estaba decidida a que su hija mayor se convirtiera en la próxima señora de Netherfield, pero a Jane no le importaban las consideraciones materiales que su madre codiciaba. Ella deseaba casarse por amor, no por posición. Una vocecita en el fondo de su mente expresaba su disgusto por sus actuales circunstancias, cabalgando hacia Netherfield para atrapar a un hombre del que poco conocía en cuanto a comportamiento, ¡cuando las nubes parecían a punto de estallar!
¡Y esas no eran sus únicas quejas! El cacareo de su madre acerca de su belleza, ¡que agotador había llegado a ser! Mamá nunca dejaba de mencionar los hermosos rasgos de Jane. Sin duda, Jane no se quejaba de su aspecto, pero si el señor Bingley se interesaba por ella, esperaba que lo hiciera por razones distintas a su apariencia. La mayoría de los hombres de la zona no intentaban mantener una conversación significativa con ella y se quedaban mirándola a la cara o al escote mientras bailaban. No deseaba casarse con alguien que la tratara así durante el resto de sus vidas.
No podía presumir de tener el ingenio o la vivacidad de Lizzy, pero tenía un corazón firme y sincero, que buscaba lo mejor en las personas. Se preocupaba por los demás con poco esfuerzo, y el señor Bingley parecía tener un comportamiento similar, cualidad que lo convertía en un atractivo compañero para su futura vida.
Una gota de frío golpeó su rostro y, con mano suave, la apartó, sabiendo que sería la primera de muchas. Tal vez no fuera más que una lluvia ligera, y podría llegar a Netherfield simplemente húmeda.
Se le encogió el corazón cuando las gotas se hicieron más frecuentes y aumentaron de tamaño hasta que llovió a un ritmo constante en todas direcciones. No tenía ningún refugio cercano donde guarecerse de la tormenta, y su madre se pondría furiosa si regresaba a Longbourn. No le quedaba otra opcion que seguir adelante y rezar para que la señorita Bingley y la señora Hurst tuvieran la gentileza de recibirla empapada.
Su madre seguramente estaría alardeando del éxito de su plan. Rezó para que Lizzy no fuera demasiado impertinente en su respuesta a las exclamaciones de alegría de mamá, aunque era una idea placentera que su querida hermana saliera en su defensa de aquella manera. Por el momento, Jane no estaba segura de poder comportarse con la templanza habitual en presencia de su madre. Su situación actual no era propicia para tal comportamiento.
Se apartó de los ojos los rizos empapados de su flequillo cuando Netherfield se divisó a lo lejos y apretó una pata contra el costado de Nelly para que pudiera trotar lentamente. La yegua se resistió, pero Jane continuó dándole indicaciones para que anduviera más deprisa hasta que el animal capituló a regañadientes.
Se levantó una ráfaga de viento y provocó un escalofrío que la hizo estremecerse. La lluvia había penetrado en su traje, su vestido, sus enaguas, sus corsés y su chemise; estaba empapada y empezaba a tener frío, por lo que necesitaba llegar pronto a Netherfield.
La milla siguiente no fue un viaje cómodo, ya que el trote de Nelly no era en absoluto suave, pero Jane soportó el duro viaje lo mejor que pudo. Un deseo de llorar de alivio la asaltó cuando se acercó a la entrada de la casa, pero contuvo las lágrimas cuando un mozo de cuadra se acercó para llevarse el caballo.
Una vez con los pies en el suelo, se dio cuenta de su aspecto desaliñado, mortificada por aparecer en Netherfield en semejante estado. Ella había esperado causar una buena impresión a los parientes más cercanos del señor Bingley y, sin embargo, no se presentaría en su mejor momento.
Como no había nada que pudiera hacer, Jane subió los escalones mientras el mayordomo abría la puerta. Sus nuevas amigas habían sido muy amables en la asamblea. Seguramente ahora serían consideradas, ¿no es cierto?