Las historias jamás contadas, p. 94

La señorita Darcy conoce a la señorita Elizabeth en la posada de Lambton Por Joana Starnes Traducido por Cristina Huelsz Agosto 5, 1812 La calesa avanzaba a paso firme por el camino bordeado de árboles, con los elegantes pelajes de los bayos brillando bajo la luz del sol moteado. Por mucho que estuvo tentado deSigue leyendo «Las historias jamás contadas, p. 94»

Las historias jamás contadas, p. 93

Darcy reacciona a encontrarse a Elizabeth en Pemberley Por L.L. Diamond Traducido por Cristina Huelsz Agosto 4, 1812 La mirada de Darcy siguió al carruaje que transportaba a Elizabeth Bennet mientras daba la vuelta al lago. Después del largo viaje, pasar la tarde en compañía de la señorita Bennet era una bienvenida que no habíaSigue leyendo «Las historias jamás contadas, p. 93»

Las historias jamás contadas, p. 92

El mensaje exprés de media noche Por Shannon Winslow Traducido por Cristina Huelsz Agosto 2, 1812 En la casa de los Bennet acababan de instalarse para pasar la noche después de un día de ocupaciones laboriosas. La señora Bennet habia estado en Meryton y discutido no sólo con el carnicero acerca de su cuenta, sinoSigue leyendo «Las historias jamás contadas, p. 92»

Las historias jamás contadas, p. 91

Denny se entera sobre la fuga de Lydia Por Jack Caldwell Traducido por Cristina Huelsz Agosto 2, 1812 (Basado en Archibald Denny, de mi novela The Three Colonels) El teniente Denny acababa de terminar su desayuno cuando entró el teniente Chamberlayne. ―Dígame, ¿ha visto a Wickham? Parece que ha desaparecido. Denny se incorporó. ―¿Desaparecido? ¿EstáSigue leyendo «Las historias jamás contadas, p. 91»

Las historias jamás contadas, p. 90

Jane se entera de la fuga de Lydia Por Kara Louise Traducido por Cristina Huelsz Agosto 2, 1812 Unas voces fuertes y unos golpes repetidos despertaron a Jane de un profundo sueño. Tardó unos instantes en darse cuenta de que alguien llamaba a la puerta principal. Pudo distinguir a alguien hablando desde fuera, así comoSigue leyendo «Las historias jamás contadas, p. 90»

Las historias jampas contadas, p. 89

Lydia se fuga Por Diana Birchall Traducido por Cristina Huelsz Agosto 1, 1812 ―Mira, Lydia ―dijo Wickham, saliendo de la cama y de pie junto a la ventana, viendo pasar las tropas de capa roja camino de los Downs. ―Tengo que salir de la ciudad. Lydia se incorporó, aferrando una sábana a sus hombros desnudos.Sigue leyendo «Las historias jampas contadas, p. 89»

Las historias jamás contadas, p. 88

Wickham le dice a Lydia que él se marcha Por Kara Louise Traducido por Cristina Huelsz Julio 30, 1812 ―¡George! ―Lydia agitó la mano con entusiasmo. ―¡Aquí! ―Se puso ambas manos sobre el corazón cuando lo vio levantando la vista y sonriéndole mientras se apresuraba a llegar a su lado. ―¡Lydia! ¿Qué te trae alSigue leyendo «Las historias jamás contadas, p. 88»

Las historias jamás contadas, p. 86

Poco antes de la fuga de Lydia Por Anngela Schroeder Traducido por Cristina Huelsz Julio 18, 1812 Había pasado un mes desde el decimosexto cumpleaños de Lydia Bennet, y no había recibido más que decepciones: ninguna oferta de matrimonio, ninguna cita nocturna con apuestos oficiales y sólo dos besos de alguien que mereciera la pena. ESigue leyendo «Las historias jamás contadas, p. 86»

Las historias jamás contadas, p. 85

Georgiana se preocupa por Darcy Por Joana Starnes Traducido por Cristina Huelsz Junio 26, 1812 ―¿Otra taza de té, hermano? La tranquila pregunta de Georgiana fue recibida con un leve sobresalto y un rápido «¿Perdón?», que sirvió para confirmar lo que ella ya sospechaba: que sus pensamientos estaban a cientos de millas de distancia. ReprimióSigue leyendo «Las historias jamás contadas, p. 85»

Las historias jamás contadas, p. 84

Posponiendo el viaje al norte Por Christina Morland Traducido por Cristina Huelsz Junio 19, 1812 ¿Qué llevó a los Gardiner a elegir Derbyshire en lugar del Distrito de los Lagos para sus viajes de verano con Elizabeth? Principios del verano de 1812 El gato acababa de empezar a jugar con el ratón cuando Susan gritó:Sigue leyendo «Las historias jamás contadas, p. 84»