
Wickham le dice a Lydia que él se marcha
Por Kara Louise
Traducido por Cristina Huelsz
Julio 30, 1812
―¡George! ―Lydia agitó la mano con entusiasmo. ―¡Aquí! ―Se puso ambas manos sobre el corazón cuando lo vio levantando la vista y sonriéndole mientras se apresuraba a llegar a su lado.
―¡Lydia! ¿Qué te trae al Steine? ¿Son las tiendas o las vistas al mar?
La joven sonrió y dejó escapar una carcajada. ―Las dos cosas. Ya sabes que me encanta mirar al mar e ir de compras―. Miró de reojo al señor Wickham. ―¿Y qué te trae por aquí?
―¿De verdad tienes que preguntarlo? ―Levantó una sola ceja. ―¡Esperaba encontrarme con una joven encantadora!
Lydia soltó una risita y lo miró tímidamente. ―¿Y la encontraste?
―¡Claro que sí! ―Wickham se inclino sobre su mano enguantada y presiono sus labios sobre el dorso de la misma.
―¡Eres un provocador!
Wickham sonrió y se inclinó hacia ella. ―No habrás venido hasta aquí sin acompañante, ¿verdad? Tendré que hablar con el coronel Forster si es así.
Lydia agitó una mano en el aire. ―Por supuesto que no. Harriet… La señora Forster sigue en la tienda de té. Yo prefiero las sombrererías y estoy deseando ir a la que está al final de la calle.
La sonrisa burlona desapareció brevemente del rostro de Wickham, pero volvió rápidamente. ―¿Me permitiría acompañarla? ―Le tendió el brazo.
Lydia hizo una profunda reverencia. ―Sería un honor―. Lo tomó del brazo y comenzaron a caminar.
―¡Creo que podría quedarme en Brighton para siempre!» exclamó Lydia mientras miraba al mar. ―En días como hoy, cuando el clima es templado y el cielo y el agua son tan azules… ―Hizo una pausa y respiró hondo.
―¿En serio? ―Una expresión de decepción cruzó el rostro de Wickham.
―¿Por qué no iba a hacerlo? Esto es precioso. No hay nada igual en Hertfordshire.
―Ah, pero hay tantos otros lugares grandiosos para ver―. Wickham la miró de reojo. ―De hecho, ¡tengo grandes planes para ver el mundo! Preferiría viajar a quedarme en un solo lugar.
Lydia sonrió y dejó escapar un largo suspiro. ―¡Oh, cómo te envidio! Ojalá yo también pudiera!
Wickham se detuvo y miró a su alrededor, antes de volverse hacia Lydia. ―¿Qué te lo impide?
Lydia se encogió de hombros. ―Supongo que nunca pensé mucho en ello―. Ladeó la cabeza y lo miró con tristeza. ―Pero no puedo viajar sola, y no hay nadie que pudiera acompañarme.
Wickham se inclinó hacia ella. ―¡Quizás puedas ver el mundo conmigo!
Lydia retrocedió con una mirada de sorpresa. Luego le dedicó una sonrisa juguetona. ―¡Oh, me estás tomando el pelo otra vez, George!
―¿Yo? ¿Bromear contigo? Lo digo en serio.
El corazón de Lydia empezó a latir con fuerza y sintió un aleteo delicioso en su interior. Sus ojos se clavaron en los de ella con un brillo penetrante, y su sonrisa le aseguró que sus sentimientos eran tan profundos como los de ella hacia él.
―Pero ¿cuanto tiempo tendrás que esperar para poder viajar? ¿Por cuánto tiempo debes servir en el Regimiento?
Wickham agitó una mano en el aire. ―Estar en el Regimiento no es en absoluto lo que esperaba o deseaba que fuera. Se ha vuelto más tedioso de lo que puedo soportar. Planeo partir a medianoche dentro de dos días.
Lydia apretó su brazo contra el de Wickham. ―¡No puedes irte! No puedo soportar la idea.
De nuevo, él sonrió. ―Oh, mi querida Lydia, nunca te dejaría. ¿Me harías el honor de acompañarme? No se me ocurre nadie con quien preferiría ver el mundo antes que contigo―. Le dirigió una mirada mordaz. ―¡Por favor, di que irás conmigo!
Lydia se quedó sin aliento. ―¿Ir contigo? ―La mera idea de partir con él le produjo un violento temblor, casi como si estuviera nerviosa, pero no, ¡sin duda eran los dolores del amor verdadero! Finalmente, balbuceó: ―George, ¿significa esto lo que creo que significa?
―¡Oh, mi preciosa Lydia! ¿Ni siquiera me conoces? Por supuesto que sí―. Él se inclinó hacia ella. ―¿Qué me dices? ¿Me harás el hombre más feliz y te unirás a mí en una aventura que provocará la envidia de todos nuestros conocidos?
Lydia empezó a asentir lentamente con la cabeza mientras reflexionaba. Finalmente, con un enfático movimiento de cabeza, exclamó: ―¡Sí! ¡Sí! ¡Oh, George! No puedo esperar. ¿Tenemos que esperar siquiera dos días?
―Sí, desgraciadamente debemos. ¿Pero puedo confiar en que no se lo dirás a nadie? Especialmente a la señora Forster.
―¡Oh, intentaré ocultárselo! ¡Pero será tan difícil! ¿Puedo dejar una carta? No la encontrarán hasta que nos hayamos ido―. Respiró profundamente. ―La señora Forster y yo hemos tenido bastante tiempo libre para empezar nuestro día. Ella dormirá hasta las diez si no tiene citas, a veces más tarde.
―¡Si sientes que debes hacerlo, pero recuerda que no puedes hablar de ello con nadie!
―¡Oh, sabes que no lo haré!
―Bien. Vendré a buscarte precisamente a medianoche. Ten preparada una pequeña bolsa. No necesitarás mucho―. Wickham la empujó a comenzar a caminar nuevamente.
―¡Pero debo tener algunas cosas bonitas!
Wickham le dio una palmadita en la mano y la miró. ―No temas, querida. Tendremos todo lo que necesitamos.
―Pero ¿iremos primero a Londres? Tienen las mejores tiendas y luego, me imagino, iremos al norte, a Gretna Greene. Deberíamos… ―Lydia se detuvo al oír que la señora Forster la llamaba por su nombre.
Cuando Wickham y Lydia se volvieron para verla corriendo hacia ellos, Wickham volvió a amonestar a Lydia. ―¡Recuerda, no menciones esto a nadie! Es nuestro secreto.
―¡Sí! ―asintió Lydia, aumentando su excitación. ―¡Nuestro secreto más maravilloso!