
Caroline Bingley hace planes para el baile de Netherfield
Por Maria Grace
Traducido por Cristina Huelsz
Noviembre 14, 1811
Las llamativas mujeres Bennet finalmente salieron del salón de Netherfield. No fue demasiado pronto. Caroline se apretó los ojos con el pulgar y el índice. Una vez más se habían pasado del cuarto de hora previsto.
¿Cuántos problemas habían causado? ¿Qué desastre podría ocurrir si se quedaban más tiempo? Por favor, que no volvieran de visita.
Si no hubiera sido suficiente con hacer de anfitriona de dos de las mujeres Bennet, las dos menos ofensivas sin duda, pero aún así, esta última afrenta era demasiado para soportarla.
―Charles, un momento, por favor―. Caroline le hizo una seña para que la siguiera, saludo con la cabeza al señor Darcy y salió a grandes zancadas del salón.
Lo condujo a la salita y cerró firmemente la puerta tras ellos. Uno, dos, tres, cuatro. Debía controlar su temperamento. Una dama adecuada no expresaba el furor que burbujeaba en su interior. Eso no significaba que no tuviera que esforzarse. Tal vez si se mantenía de espaldas a él, con las manos firmemente anudadas, eso ayudaría.
―¿Caroline? Caro, ¿estás bien? ¿Ocurre algo? ―Pesadas pisadas se acercaban.
Respiró hondo y se giró muy despacio hacia él. Una palma abierta detuvo el avance de él. ―¿Ocurre algo? ¿Es todo lo que puedes decir?
Charles se pellizcó el puente de la nariz. ―¿Qué es lo que no te gusta ahora?
―¿No lo sabes? Oh, Charles―. Ella se alejó. ¿Realmente era tan ignorante o simplemente sentía un placer perverso al fastidiarla sólo porque podía hacerlo?
Él sacó una silla de debajo de la mesa y se sentó, apoyando los codos en las rodillas. ―Por favor, dime, ¿qué he hecho?
―¡El baile!
Él hizo una mueca.
Él tenía razón, su voz se había convertido más en un chillido. Debía dominarlo. No sería bueno que el resto de la casa la oyera usar un tono tan poco femenino.
―¿No me dijiste que querías organizar un baile una vez que nos instaláramos? ―Él hurgó en el mantel, negándose a mirarla.
―Sí, te lo dije.
―Entonces, dime cuál es el problema.
―Problemas, hermano, problemas―. Se paseó por las ventanas. Si él no lo sabía, ¿cómo iba a comenzar ella a explicárselo?
―Sólo dímelo, no me retengas aquí como a un niño al que regañar o me iré directamente.
Ella se giró y dio dos pasos hacia él. ―¿Por qué permitiste que esa pequeña Bennet eligiera la fecha del baile?
―¿Eso es todo? ―Sacudió la cabeza y puso los ojos en blanco.
―¿Cómo puedes decir semejante cosa?
―Es sólo una fecha. ¿No es tan buena una como otra?
―Soy la señora de tu casa, Charles, deberías haberme encomendado la tarea―. Cruzó los brazos sobre el pecho y se puso en toda su estatura.
―¿Por qué es importante? ¿Realmente eres tan mezquina que envidiarías…?
―¿Tomaste nota de la fecha que eligió?
―Veintiséis de noviembre.
―¿Qué fecha es ahora?
―Catorce de noviembre.
―¿No ves el problema?
Se apretó las sienes. ―Dímelo de una vez. No quiero jugar contigo a las adivinanzas.
―¿Cuánto tiempo tengo para planear y ejecutar este baile?
―Quince días.
―Exactamente.
―Todavía no veo el alboroto. Tienes quince días enteros para llevar a cabo lo que tienes que hacer.
Ella sacó una silla y la colocó frente a la suya. Cinco, seis, siete, ocho. Se sentó frente a él, con las rodillas casi tocando las suyas. Nueve, diez.
―¿Cuándo debemos enviar las invitaciones? ―Obligó a sus labios a curvarse hacia arriba. Le ayudó a moderar el tono.
―No lo sé―. Movió las manos entre ellos. ―¿Cuándo se haya preparado suficiente sopa blanca?
Caroline se cubrió media cara con la mano, presionándose la frente con las yemas de los dedos. ―Déjeme empezar por otro punto. ¿Qué crees que hay que hacer exactamente para llevar a cabo este evento al que nos hemos comprometido?
―Contratar a unos cuantos músicos, invitar a los vecinos…
Al menos tuvo el sentido común de dejar de hablar antes de hacer el ridículo.
―Considera sólo por un momento las invitaciones. Para empezar, una invitación adecuada para un baile se envía con un mes, y mejor con seis semanas de antelación, después de haber sido impresa profesionalmente por una plancha de cobre. ¿Cuánto crees que se tarda en imprimir las invitaciones para un evento?
Sus ojos se abrieron de par en par y dejó caer la mandíbula. ―Yo… yo… yo…
―Lo mejor que puedo esperar ahora es que la imprenta disponga de algún tipo de invitaciones generales que requieran que los detalles específicos se escriban a mano. Y si están disponibles, ¿tienes idea de cuánto tiempo llevará tenerlas todas escritas?
―Yo… puedo ayudar…
―¿Con tu letra? Debe estar bromeando. Ya es bastante malo que no se impriman. Si las escribieras, ¡quién sabe qué día llegarían nuestros invitados!
―Lo siento…
―Si me voy para consultar con la imprenta en este mismo momento, me consideraría muy afortunada de tener la tarea terminada para mañana por la tarde. Así que, en el mejor de los casos, las invitaciones no pueden salir menos de diez días antes del evento. Diez días. ¿Te imaginas lo que dirán los vecinos?
―No tenía ni idea.
―Evidentemente. ¿Tienes idea de lo que hay que hacer? No, no te molestes en contestar. Ya sé que no.
Él se puso en pie de un salto y ocupó su lugar paseándose bajo el rayo de sol. ―¿Que hay que hacer? ¿Debo visitar a los Bennet y explicarles?
―Por supuesto que no. Ni pensarlo. No me cabe duda de que la señorita Lydia ya se lo habrá contado a toda la población de Hertfordshire. Revocar la invitación o incluso cambiar la fecha sería una mancha en nuestra reputación.»
―Seguramente exageras.
―De hecho no lo hago. Este baile será el acontecimiento social singular del año. Nuestro prestigio en esta triste región se hará o se romperá con el baile. No quiero que lo arruines antes de que hayamos empezado.
―Entonces, ¿qué quieres que haga?
―Abre la cartera, cierra la boca, no hagas preguntas y apártate de mi camino. Tengo un baile que organizar.
Charles la miró fijamente y tragó saliva.
―Y dame las gracias cuando todo haya terminado y te haya convertido en el centro de atención del condado.
―Sí, Caro.
Charles saltó hacia atrás mientras ella salía de la habitación.
Great article! It’s interesting to see Caroline Bingley’s perspective on the upcoming dance at Netherfield. Can’t wait to see how she handles the preparations. This article gives a unique insight into Caroline Bingley’s thoughts and actions surrounding the upcoming dance at Netherfield. It will be exciting to see how she tackles the challenges and organizes the event.
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