
El señor Bingley va a la ciudad por sus hermanas y por Darcy para asistir a la asamblea de Meryton.
por Lucy Marin
Traducido por Cristina Huelsz
Octubre 9, 1811
Charles Bingley estaba de muy buen humor. ¡Vaya otoño que iba a ser! Por primera vez, lo pasaría en su propiedad. Bueno, sólo había alquilado Netherfield Park, no lo había comprado, pero ¿qué más daba? El sentimiento era el mismo. Después de haber pasado una semana allí, sabía que había elegido bien. De momento, se dirigía a la ciudad. Había una o dos cosillas que quería arreglar en su nuevo hogar antes de que llegara su hermana Caroline, que se encargaría de la casa. Ella estaba atenta a su propia comodidad, y como su hermano, él también.
Caroline será muy feliz en Netherfield. ¿Qué es lo que no le puede gustar? La casa es excelente, los jardines encantadores, el vecindario justo como debe ser, y ella será la ama de una residencia campestre. Disfrutará del papel. Caroline podría ser… dominante.
Su primera parada en la ciudad fue en casa de los Hurst. Era un día maravilloso; el cielo estaba despejado y la temperatura era suave, así que caminó desde sus habitaciones hasta Grosvenor Square. Caroline vivía con su hermana mayor, Louisa, y su esposo, por lo que la visita le permitiría ver a sus dos hermanas a la vez. En el salón de Louisa -que, en opinion de Bingley, estaba un poco sobredecorado, con demasiados muebles y adornos- escuchó atentamente las últimas noticias -es decir, los cotilleos- y las proezas de sus hermanas, que por lo general significaban gastar demasiado dinero en las tiendas.
―Sí, bueno, me alegra saber que las dos están bien y que han pasado una semana tan agradable ―dijo al fin.
―Ahora que has vuelto, hermano, debes acompañarnos al teatro, y Lady Matthews va a celebrar una velada la semana que viene. Hemos recibido invitaciones, y estoy segura de que tú también. Por fin la gente vuelve a la ciudad desde el campo ―dijo Louisa.
―¿Y qué hay de Hurst? Podría ir al teatro…
Louisa puso los ojos en blanco ante su pregunta a medias; lo hacía sentir como un alumno. ―A Hurst no le interesa la función.
―Deseo regresar a Hertfordshire ―comentó Bingley.
―Oh, tu pequeña propiedad―. Louisa suspiró. ―Supongo que será mejor que nos hables de ella.
―No veo por qué lo dices de esa manera. Es una verdadera mansión de campo, y no es tan pequeña. Muy bien, comparada con Pemberley lo es, pero Darcy es considerablemente más rico que yo.
―¿Has visto al señor Darcy últimamente? ―Caroline se inclinó hacia adelante en su impaciencia.
Bingley bajó la cabeza unos segundos antes de responder. ―No, Caroline, no lo he visto. Sí, te mencionaré la próxima vez que lo vea. Por ahora, me gustaría discutir cuando nos mudaremos a Netherfield. Serás muy feliz allí. La propiedad es encantadora, y todos los que conocí fueron muy acogedores.
―¿Qué tan… rústico es este lugar? ―preguntó Caroline. ―Todavía no puedo entender por qué elegiste una propiedad en un condado tan pasado de moda como Hertfordshire. ¿No había propiedades en Derbyshire para alquilar?
―No entiendo por qué te quejas. ¿Cuántas veces me has insistido en alquilar una propiedad estos dos últimos años? Ahora lo he hecho. Deberías alegrarte.
―¿Conociste a mucha gente? ―preguntó Louisa con escepticismo.
A Bingley le tomó un momento cambiar de idea lo suficiente como para responderle. ―Oh, sí. Bueno, no tanta, supongo. Sobre todo caballeros. Sir William…
―¿Un baronet? ―La ceja de Caroline se arqueó, y por una vez, parecía un poco interesada.
―¿Cuál es su apellido? No recuerdo a nadie importante de los alrededores de Meryton. Ahí es donde dijiste que estaba Netherfield Park, ¿no? ―preguntó Louisa.
A ellos no les iba a gustar lo que iba a admitir, pero no había nada que hacer, así que, después de enderezarse los puños y quitarse un picor de la nuca, respondió: ―Es un caballero y una especie de persona importante del lugar. El alcalde o algo así. O fue alcalde. Puede que sea eso.
―Por Dios, Charles, ¿ni siquiera sabes mucho acerca de él? ―dijo Louisa, mientras Caroline decía decepcionada: ―Oh.
―Y conocí a los vecinos más cercanos. Bueno, al terrateniente, un tal señor Bennet. Aún no he visto a su esposa e hijas. Me han dicho que tiene unas hijas muy bonitas, pero cuando le devolví la visita, estaban todas afuera. Una o dos son de tu edad, Caroline. ¿No será agradable? Seguro que te harás amiga de ellas…
―¿Cuántas tiene? ―intervino Caroline.
―Cinco o seis. No lo recuerdo con exactitud. Supongo que los conoceremos en la asamblea, cualquiera de ellas que ya estén en sociedad».
―¿Qué asamblea? ―Caroline habló como si lo que él decía no tuviera sentido. Si se limitaba a escuchar en lugar de interrumpirlo constantemente, pronto sabría todo lo que él contaba sobre su nuevo hogar.
―Sí. Es en una semana y media, y prometí que estaríamos allí para asistir. Asegurate de empacar y estar preparada para partir a más tardar dentro de una semana, Caroline―. Con eso, Bingley se dispuso a despedirse. Medio se levantó de su asiento en el sofá, pero ante las palabras de Louisa, volvió a dejarse caer.
―Y yo―. Tras una breve pausa, añadió: ―Hurst también.
―¿Ustedes también vienen? Creía que Hurst y tú iban a ver a sus padres―. No había invitado exactamente a Louisa y a su esposo, pero no los rechazaría, y tal vez Caroline había lanzado la invitación sin decírselo.
Louisa se pellizcó los labios. ―Su padre está siendo difícil. Será mejor que vayamos a ver esta propiedad que has alquilado, a ver en qué te has metido.
Bingley interpretó que eso significaba que el padre de Hurst estaba enfurecido porque Hurst necesitaba dinero una vez más. ―¡Cuantos más, mejor! Debo irme. Quiero visitar a Darcy―. Se puso en pie y se giró hacia la puerta.
―Vas a invitarlo, ¿verdad? ―llamó Caroline. Ella tambien se puso de pie y acortó la distancia que los separaba; Bingley esperaba que si él hubiera seguido caminando hacia la puerta, ella lo habría agarrado del brazo para impedírselo. ―¡Insiste en que venga! No puede cuestionar si es impropio si Louisa también está allí.
―Te haré saber lo que dice. Empaquen sus baúles, queridas hermanas. ¡Estamos a punto de embarcarnos en una memorable estancia en Hertfordshire! ―Bingley las saludó con la mano y partió. Deseaba que Caroline renunciara a su sueño de que Darcy la mirara con admiración. Se llevaban bastante bien como conocidos amistosos, pero como Darcy todavía no había mostrado ni el más leve síntoma de preferir su compañía a la de otras damas, era poco probable que eso ocurriera alguna vez.
Bingley conversaría con Darcy para que se reuniera con él en Hertfordshire. De hecho, ya lo había hecho una vez, pero entonces Bingley sólo pudo decir que estarían Caroline y él en Netherfield. Darcy se había sentido incómodo ante la idea, pero tal vez se sintiera diferente sabiendo que los Hurst estarían presentes. Deseoso de hacer un poco de ejercicio, Bingley se encaminó hacia la casa de Darcy y se sintió complacido al descubrir que su amigo estaba en casa.
Cuando se acomodaron en el estudio ricamente amueblado de Darcy, con una copa de vino en la mano, Bingley dijo: ―Me alegro de verte. ¿La señorita Darcy también está en la ciudad?
―Yo también me alegro de verte, y no, mi hermana se encuentra actualmente en el campo con mi tía, la condesa.
―Estoy seguro de que lo disfrutará mucho. El otoño es una época muy agradable para estar en el campo. Hablando de eso, he alquilado una propiedad―. Bingley se rio. ―Pero eso ya lo sabías. Te dije que estaba decidido a hacerlo hace meses, y lo he hecho, como también sabes, desde que intercambiamos cartas sobre Netherfield. Acabo de regresar de pasar una semana allí, y te advierto, Darcy, que estoy a punto de rogarte, suplicarte e incluso implorarte que me acompañes y te quedes unas semanas. Bueno, nosotros… y antes de que digas nada, permíteme informarte de que Louisa acaba de decirme que ella y Hurst se unirán a Caroline y a mí.
―¿Hertfordshire? Supongo que tiene la ventaja de estar cerca de la ciudad―. Darcy se paso un dedo por debajo del borde de su pañuelo.
―No es más que medio día de viaje. Es un lugar magnífico. Nada que ver con Pemberley, por supuesto, pero como diría Caroline, pocas propiedades lo son―. Bingley se rio. ―Me han dicho que el deporte es excelente, la casa es muy buena, al igual que el pueblo local, Meryton. Estaremos espléndidamente cómodos y ocupados. ¿Qué te parece? Vendrás, ¿verdad?
―Me alegro por ti.
Bingley tuvo la sensación de que su buen humor decaía de inmediato; era casi como si hubiera sido golpeado por un fuerte viento que se lo hubiera llevado. Miró a su amigo y se dio cuenta por primera vez de que Darcy estaba un poco sombrío. Además, estaba más callado y distraído que de costumbre. Nunca había sido el más hablador de los hombres, pero ahora parecía incluso menos dispuesto a conversar que de costumbre.
―Darcy, ¿te encuentras bien?
Darcy levantó la cabeza y clavó los ojos en Bingley. ―Por supuesto que estoy bien. No me pasa absolutamente nada.
Su tono estridente hizo que Bingley entrecerrara los ojos.
Darcy levantó una mano hacia Bingley, con la palma hacia afuera, y se pasó la otra por la frente. ―Perdóname. Lo admito, estaba contemplando… un asunto menor que me ha estado dando algunos problemas.
―Siento mucho oir eso. ¿Hay algo que pueda hacer?
Darcy se apresuró a rechazar la insinuación de que necesitaba ayuda. Aquello no le sorprendió a Bingley; su amigo era extremadamente capaz. Darcy se levantó, se acerco a la ventana y miró hacia la calle.
―No, te aseguro que ya se está solucionando y no hay nada más que hacer. El… aspecto complicado del asunto ya ha sido resuelto, y ahora sólo es cuestión de sentirme aliviado por haberlo resuelto con éxito. Si soy ambiguo, es sólo porque los detalles te aburrirían.
Bingley se encogió de hombros, aunque Darcy no lo notó. Le pareció que no había nada más que decir sobre el asunto, por lo que volvió a la cuestión más apremiante. ―Esta es una razón más para que aceptes mi invitación y vengas a Netherfield conmigo. Necesitas aire fresco del campo y buena compañía -que sabes que yo te lo proporcionaré- y ejercicio. ¿Es suficiente suplica, o debo arrojarme a tus pies y sollozar hasta que me prometas que estaras listo para acompañarme a Hertfordshire la próxima semana?
Darcy se giró para mirarlo. Se estaba riendo en voz baja e incluso esbozó una pequeña sonrisa. ―Eso no será necesario. Muy bien, Bingley viejo amigo, a Hertfordshire iré.