Una nueva cara para una vieja amiga

Publicado originalmente en inglés por Nicole Clarkston en Austen Variations.

Muchas gracias Nicole por permitirme hacer la traducción de este post.

¿Alguien se anima a dar un paseo por el baúl de los recuerdos conmigo?

Era septiembre de 2014. Apenas habíamos empezado nuestro año de educación en casa con un niño de cuarto grado, uno de tercero y otro de primero, y mi marido y yo acabábamos de liquidar lo último de nuestro pequeño negocio. Y yo estaba obsesionada con John Thornton y Fitzwilliam Darcy. Muy obsesionada.

Realmente no sé por qué empezó esta enfermedad. No estaba descontenta con mi esposo (de hecho, quizá lo que más me gustaba de JT y FD era que me recordaban a él?). Estaba contenta con mi vida de madre joven y con los quehaceres de nuestra pequeña «granja» durante los días. Tenía una agenda bastante apretada y muchas tareas para mantenerme ocupada. Pero por la noche, inventaba historias de amor. Algunas de ellas eran muy absorbentes.

Y, lamentablemente, ¡no conocía a nadie con quien pudiera hablar de mis caballeros favoritos! Nadie en mi círculo lo «entendía». Así que yo era la nerviosa del rincón en las reuniones familiares (¿te acuerdas de ellas?), que se dedicaba a lavar los platos y a soñar despierta mientras todos los demás charlaban o hacían cosas interesantes, como mirar sus teléfonos y enviar mensajes de texto a las personas que estaban en la misma habitación.

¿Y quién iba a pensar que yo iba a escribir historias de amor? Soy una chica de granja. Lo intenté… realmente INTENTÉ escribir libros de temática de animales para niños. Eso es lo que siempre pensé que escribiría si alguna vez escribía un libro. Ya sabes, algo como Summer of the Monkies, o Misty of Chincoteague. Mi cerebro no quiso cooperar (y tengo los manuscritos abandonados para demostrarlo).

Bueno, ya sabes cómo terminó. Básicamente, una noche tiré las sábanas y dije: «¡Bien! Escribiré la dichosa historia de amor». Ese fue el comienzo de mi primer libro, No Such Thing as Luck. Me divertía escribiéndolo: me metía con el teléfono en la ducha (piensas que sólo estoy bromeando) y tecleaba en mi aplicación de Google Docs. Mi marido probablemente pensó que de repente pasaba un tiempo desmesurado en Facebook. Lo que sea. Me divertí como nunca, poniendo por fin palabras cursis en el papel (o en el teléfono, en su caso).

Más o menos un mes después, otra historia fue la que me volvió a sacar de la cama. Es probable que sea ese libro la razón de por que sigo escribiendo hoy en día, pues fue éste el que me trajo directamente a un universo que no había conocido antes. Esa historia, Rumours and Recklessness, fue también la que nos sacó de nuestra última deuda del negocio que habíamos vendido. Eso fue suficiente para que mi esposo me apoyara de todo corazón en mis esfuerzos por escribir (aún cuando no le dije de qué era lo que estaba tramando hasta el día en que R&R salió en Amazon).

Rumours se publicó hace unos cinco años y medio, y sigue siendo uno de los favoritos de los lectores. Para ser honesta, creo mi últimos libros son mejores. (Al menos espero que lo sean, o eso significa que no he aprendido nada, ¿verdad?) Sin embargo, hay algo dulce y divertido en R&R que te trae una sonrisa. Pero la portada necesitaba renovarse.

Hace unos años, le pedí a mi querida amiga Janet Taylor si podía darle una retocada a mi (muy amateur) portada original. Le hizo una adorable mejora, pero ella estaba limitada al hecho de que yo quería mantener la misma imagen. Me encantaba la pintura clásica, y pensé que era mejor que se mantuviera ese estilo familiar del libro. ¡Ella hizo un hermoso trabajo! Me encantó los tonos lavanda, y me sigue encantando esa mirada en Elizabeth

A few years ago, I asked my dear Janet Taylor to spruce up my original (very amateurish) cover image. She gave it a lovely facelift, but she was limited by the fact that I wanted to keep the same image. I liked the classic painting, and I thought it would be best to stay with the familiar “look” of the book. She did a beautiful job! I loved the lavender colors, and I still like that “Is this really happening to me?” look on Elizabeth’s face.

This time around, though, I have a teenage daughter who is interested in graphic design. She and I have been puttering with tutorials and programs, and we had a bit of fun. I’m definitely not gifted with photo editing, so don’t expect me to be designing my own covers in the future. It was a fun project, though, and I hope you guys will enjoy the new look. 

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