Darcy invita a Bingley a Pemberley Por Lucy Martin Traducido por Cristina Huelsz Junio 17, 1812 Fitzwilliam Darcy miró a su buen amigo, Charles Bingley. Estaban sentados en su club y acababan de disfrutar de una comida ligera. Los últimos dos meses, durante los cuales él había estado en Londres, habían transcurrido con bastante facilidad,Sigue leyendo «Las historias jamás contadas, p. 83»
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Las historias jamás contadas, p. 82
El cumpleaños no. 16 de Lydia en Brighton Por Amy D’Orazio Traducido por Cristina Huelsz Junio 12, 1812 ¡Dieciséis! ¡Qué bonito es tener dieciséis años! Lydia Bennet se acicaló frente al espejo preguntándose si se veía tan crecida como se sentía. Dieciséis era una edad encantadora. Edad suficiente para ser cortejada de verdad. La edadSigue leyendo «Las historias jamás contadas, p. 82»
Las historias jamás contadas, p. 81
Un Darcy con el corazón roto vuelve a Pemberley Por Christina Morland Traducido por Cristina Huelsz Junio 5, 1812 Al ver Pemberley por primera vez, se deshizo. En la ciudad, había mantenido su agenda, su fachada. Nadie que lo mirara podría haber sabido que algo era distinto. (Todo era distinto.) Con la alta sociedad, sabíaSigue leyendo «Las historias jamás contadas, p. 81»
Las historias jamás contadas, p. 80
Lydia disfruta de Brighton Por Diana Birchall Traducido por Cristina Huelsz Mayo 21, 1812 A primera hora de una luminosa mañana de finales de mayo, una alegre comitiva partió de Meryton: las jóvenes, Lydia y la señora Forster, con la criadita de esta última, viajaron todo el día en el chaise del coronel Forster, conducidoSigue leyendo «Las historias jamás contadas, p. 80»
Las historias jamás contadas, p. 79
Elizabeth recuerda Por Shannon Winslow Traducido por Cristina Huelsz Mayo 20, 1812 Derbyshire. Aquella palabra hizo que todo volviera a mi mente, todo lo que me había esforzado por alejar de ahí. Me había propuesto ver los Lagos, pero la carta de mi tía de hacía dos semanas no sólo puso fin a esa emocionanteSigue leyendo «Las historias jamás contadas, p. 79»
Las historias jamás contadas, p. 78
¿En qué estaba pensando Wickham? Por Shannon Winslow Traducido por Cristina Huelsz Mayo 18, 1812 Él no estaba en absoluto desanimado. Puede que Mary King se le hubiera escapado de las manos, pero ¿qué importaba? Había muchos más peces en el mar. Y después de todo, habría sido venderse muy barato conformarse con una caraSigue leyendo «Las historias jamás contadas, p. 78»
Las historias jamás contadas, p. 77
Darcy y Fitzwilliam tienen una charla Por ELizabeth Adams Traducido por Cristina Huelsz Abril 11, 1812 ―Darcy, es la décima vez que suspiras esta noche. Insisto en que me digas por qué estás tan desanimado ―dijo el coronel Fitzwilliam mientras avivaba el fuego de la biblioteca. ―No estoy desanimado ―refunfuñó su primo. Fitzwilliam soltó unaSigue leyendo «Las historias jamás contadas, p. 77»
Las historias jamás contadas, p. 76
Fitzwilliam se despide de la casa parroquial Por Jack Caldwell Traducido por Cristina Huelsz Abril 10, 1812 ―¿Está usted cómodo, coronel? ―preguntó la señora Collins. ―Perfectamente, señora ―respondió él. ―¡Por supuesto que el coronel Fitzwilliam está cómodo, señora Collins! ―exclamó el señor Collins. ―¿Acaso no eligió Lady Catherine de Bourgh en persona estas mismas sillas?Sigue leyendo «Las historias jamás contadas, p. 76»
Las historias jamás contadas, p. 74
Darcy le escribe a Elizabeth Por Lucy Marin Traducido por Cristina Huelsz Abril 9, 1812 Darcy caminaba tan rápido de camino a Rosings desde la casa parroquial que bien podría decirse que estaba corriendo. Tenía demasiados pensamientos y sentimientos como para darles sentido. Lo único que deseaba era estar solo, y murmuró varias plegarias paraSigue leyendo «Las historias jamás contadas, p. 74»
Las historias jamás contadas, p. 75
Darcy pasea por la arboleda Por Nicole Clarkston Traducido por Cristina Huelsz Abril 10, 1812 El rocío del amanecer resbalaba por el cuero pulido de las botas de Darcy a cada paso meticuloso. Ya había recorrido veintitrés veces aquel sendero de la arboleda, pero de manera tan recta y metódica que no había más queSigue leyendo «Las historias jamás contadas, p. 75»