Las historias jamás contadas, p. 139

Lady Catherine se digna a inspeccionar a los recién casados en Pemberley Por Diana Birchall Traducido por Cristina Huelsz Diciembre 16, 1812 El acceso a Pemberley era a escala gigantesca: el amplio valle, la gran mansión, el vasto jardín que la precedía y las tierras boscosas que se alzaban a sus espaldas. Los habitantes deSigue leyendo «Las historias jamás contadas, p. 139»

Las historias jamás contadas, p. 137

Darcy y Elizabeth en la biblioteca de Pemberley Por Diana Birchall Traducido por Cristina Hulesz Noviembre 25, 1812 La criada descorrió las cortinas y dejó la bandeja del té. En cuanto se hubo retirado, Elizabeth abrió los ojos y levantó la cabeza de la almohada de plumas. Darcy, en camisón, comenzaba sus abluciones con laSigue leyendo «Las historias jamás contadas, p. 137»

Las historias jamás contadas, p. 138

EL señor y la señora Darcy en Pemberley Por Joana Starnes Traducido por Cristina Huelsz Diciembre 2, 1812 —¿Sigues dormida? Los dulces tonos llegaron hasta ella en medio del delicioso sopor, el bajo rumor de su voz la hizo volverse con algo muy parecido a un ronroneo, y los ojos de Elizabeth se abrieron deSigue leyendo «Las historias jamás contadas, p. 138»

Las historias jamás contadas, p. 135

Los recién casados llegan a Pemberley Por Nicole Clarkston Traducido por Cristina Huelsz Noviembre 23, 1812 Elizabeth Darcy se bajó del carruaje con una sensación de asombro que incluso ella apenas pudo reprimir. Inclinó la cabeza para contemplar una vez más la grandiosa fachada de Pemberley, que ahora se había convertido en un lugar noSigue leyendo «Las historias jamás contadas, p. 135»

Las historias jamás contadas, p. 136

Tomando el té con la señora Darcy Por Maria Grace Traducido por Cristina Huelsz Noviembre 25, 1812 Elizabeth comprobó su peinado en el espejo y se alisó el vestido por tercera vez. No había motivo para tanta ansiedad, ninguno en absoluto. No era como si fuera a presentarse en la corte. Aunque, en muchos sentidos,Sigue leyendo «Las historias jamás contadas, p. 136»

Las historias jamás contadas, p. 134

El inicio del resto de sus vidas Por Maria Grace Traducido por Cristina Huelsz Noviembre 18, 1812 El desayuno de boda había sido todo lo que se suponía que tenía que ser. Ruidoso, abarrotado, una mesa bien puesta y una casa llena de flores. Una madre efusiva, un padre satisfecho -o aliviado- y una noviaSigue leyendo «Las historias jamás contadas, p. 134»

Las historias jamás contadas, p.133

La noche de bodas de Jane y Bingley Por Susan Mason-Milks Traducido por Cristina Huelsz Noviembre 18, 1812 No había sido fácil para los Bingley decidir dónde pasarían su noche de bodas. Estaba claro que quedarse en Netherfield le habría resultado más familiar y cómodo a Jane, pero tras unas cuantas insinuaciones de la señoraSigue leyendo «Las historias jamás contadas, p.133»

Las historias jamás contadas, p. 132

Reflexiones sobre la boda por Charlotte Por Abigail Reynolds Traducido por Cristina Huelsz Noviembre 18, 1812 Por tercera vez, Charlotte Collins sintió que un codo se le clavaba en las costillas. Su hermana Maria estaba emocionada por asistir a la boda de Lizzy y Jane. Sus padres también estaban llenos de orgullo y su madre,Sigue leyendo «Las historias jamás contadas, p. 132»

Las historias jamás contadas, p. 131

Reflexiones de Caroline sobre las bodas Por Shannon Winslow Traducido por Cristina Huelsz Noviembre 18, 1812 —¡Qué emocionante! —dijo en voz baja una mujer en el banco de atrás. —¡Una boda doble!Caroline Bingley puso los ojos en blanco y se inclinó hacia su hermana. —Un doble desastre, mejor dicho —le susurró. Aunque no tuvo otraSigue leyendo «Las historias jamás contadas, p. 131»

Las historias jamás contadas, p. 130

Lady Catherine a solas con sus pensamientos en aquella noche de bodas Por Diana Birchall Traducido por Cristina Huelsz Noviembre 18, 1812 ¡Rosings! Pobre, pobre Rosings. Ya no estaba aliada con Pemberley, ya no era una brillante corona en la colección de grandes casas de los Darcy, ahora Rosings estaba sola y desamparada. No habríaSigue leyendo «Las historias jamás contadas, p. 130»