
Reflexiones de Caroline sobre las bodas
Por Shannon Winslow
Traducido por Cristina Huelsz
Noviembre 18, 1812
—¡Qué emocionante! —dijo en voz baja una mujer en el banco de atrás. —¡Una boda doble!
Caroline Bingley puso los ojos en blanco y se inclinó hacia su hermana. —Un doble desastre, mejor dicho —le susurró. Aunque no tuvo otra alternativa que asistir a esta farsa, no tuvo que fingir que le gustaba.
La elección de su hermano era un verdadero desastre. Pudo haberse casado con una joven de una de las mejores familias, alguien que hubiera realzado el prestigio del apellido Bingley… y tal vez también aumentado la fortuna de la familia. Al fin y al cabo, ¿para qué habían estado trabajando si no era para elevarse hasta un punto en el que nadie volviera a recordar sus humildes orígenes? Louisa había hecho su parte, con gran sacrificio personal. Pero Charles… En ese momento estaba desperdiciando su única oportunidad con una don nadie, y ella no podía hacer nada al respecto.
Caroline no podía soportar ver como su hermano se deshonraba, pero lanzó una mirada en dirección al señor Darcy… y un suspiro. Si hubiera justicia en el mundo, ella habría sido la que ahora estaría a su lado, a la que miraba con tanta ternura, a la que le había prometido su codiciada fidelidad. Era inexplicable -y evidentemente injusto- que después de todos sus esfuerzos, toda su atención, ¡él también prefiriera a una tal señorita Bennet! ¡Eso era insoportable!
Si Darcy hubiera decidido casarse con la señorita de Bourgh antes que con ella, tal vez lo hubiera entendido, pues entonces se habría visto derrotada por las innegables pretensiones de un noble linaje y una fortuna superior. Pero ¿de qué podía presumir la señorita Eliza Bennet… excepto de esos notorios «bellos ojos»?
Sin duda fue un duro golpe, y uno del que no se recuperaría en un futuro cercano.