
El señor Collins va con el chisme con Lady Catherine
Por Lucy Marin
Traducido por Cristina Huelsz
Octubre 2, 1812
Lady Catherine de Bourgh miró a su párroco, sintiéndose fatigada. Por un lado, era apropiadamente complaciente y deferente; conocía su lugar y la trataba con la admiración que se merecía. Pero, por otro lado, era un fastidio. No paraba de hablar. Llevaba ya más de una hora con ella esta mañana, principalmente hablando de asuntos parroquiales. Su mayordomo la mantenía informada de asuntos importantes, como el progreso de la cosecha, pero el Sr. Collins le daba noticias de otro tipo. Algunos lo llamarían cotilleo, pero ella se interesaba por los asuntos de los que estaban bajo su dominio y, en su opinión, eso significaba saber todo lo que había que saber sobre sus vidas. ¿De qué otra forma podía darles los consejos que necesitaban? También hablaron de sus sermones. Ella le recordó por qué el que había dado la semana anterior había sido deficiente, y le dijo cómo mejorar el que estaba preparando para el domingo siguiente.
Ella sólo escuchaba a medias cuando él hablaba de sus esfuerzos en jardinería, un pasatiempo sin duda alentado por la señora Collins, que lo quería fuera de la casa para poder atender sus deberes. En general, Lady Catherine la aprobaba. Era una mujer trabajadora y sensata, y aceptaba de buen grado los consejos de Lady Catherine. Su atención se centró en la conversación en curso cuando le pareció oír el nombre de su sobrino.
―¿Qué es lo que ha dicho? ¿Se ha referido a mi sobrino Darcy? ―intervino. ―Dígamelo otra vez, y trate de que tenga sentido. Nunca conocí a nadie más capaz de divagar y no decir nada, ¡a pesar del volumen de palabras que salen de sus labios!
Aunque estaba sentado, el señor Collins efectivamente se inclinó, bajando la parte superior de su cuerpo casi hasta que su pecho descansó contra sus piernas. ―Mis disculpas, Lady Catherine. Lo lamento muy sinceramente…
―Sí, sí, vamos a ello ―le ordenó, agitando la mano como si espantara una mosca.
―Por supuesto, lo haré de inmediato. Estaba diciendo que mi querida Charlotte recibió hace poco una carta de su madre. Decía que el señor Charles Bingley ha regresado al vecindario. Su vecindario, es decir, no éste. Es el caballero que arrendó la propiedad, Netherfield Park, se llama, que está cerca de la de mi primo, la que yo heredaré.
―Soy consciente de quién es. ¿Qué tiene eso que ver con mi sobrino?
El señor Collins asintió, aunque ella no sabía por qué. Tenía la boca abierta mientras lo hacía, y ella se dio cuenta de nuevo de que no era un hombre atractivo. Era afortunado de que la señora Collins le hubiera aceptado, pero supuso que era tan buen esposo como la mayoría, y mejor que algunos, en el sentido de que no era un hombre vicioso.
―Lady Lucas, mi suegra, dijo que parece ser que el señor Bingley se casara con la señorita Jane Bennet después de todo, a pesar de haberla rechazado el otoño pasado. Digo rechazarla, pero, por supuesto, no quiero decir que ella le pidiera que se casara con ella y él dijera que no, sino más bien que todo el mundo especulaba con que él le pediría matrimonio, como es debido, pero luego se marchó a Londres o a otro lugar -difícilmente sabría adónde fue, ya que sólo nos vimos unas pocas veces-, pero ahora ha regresado.
Lady Catherine suspiró sonoramente, puso los ojos en blanco y repitió: «Pero ¿qué tiene esto que ver con Darcy?
―En su carta, Lady Lucas le decía a mi querida esposa que el amigo del señor Bingley, el señor Darcy, su estimado sobrino, se hospedaba con él, al igual que el año pasado. Sé que es ridículo de parte de ella especular, y no puede haber nada de cierto en ello: ¿por qué un gran caballero como su sobrino miraría a una de las señoritas Bennet con algo que no sea desdén? Es tan superior socialmente a ellas…
―¡Señor Collins, lo echaré a patadas si no ordena sus pensamientos y repite lo que ella escribió sobre mi sobrino en este instante! ―Era poco probable que le diera una patada, no quería hacerse daño, pero tenía un bastón a la mano, y había momentos en que se sentía tentada a usarlo, incluso en este momento.
El hombre palideció y se encogió de hombros y, cuando comenzó a hablar, tartamudeó. ―Mi suegra le dijo a mi querida Charlotte que el señor Darcy suele estar con su amigo, haciendo visitas, asistiendo a fiestas, paseando a caballo por los alrededores, donde pueden encontrarse con cualquiera. No es de extrañar. Después de todo, ¿por qué hacerle una visita a tu buen amigo y luego no pasar nunca tiempo con él? Pero estoy divagando.
―Sí, lo está haciendo ―murmuró Lady Catherine siniestramente, entrecerrando los ojos.
Su cabeza se balanceó arriba y abajo tan rápidamente que ella pensó que se lastimaría el cuello. ―Lady Lucas ha visto varias veces a su sobrino hablando con mi prima Elizabeth, y como el señor Bingley podría casarse con la prima Jane, pensó que sería «romántico» ―dijo la palabra con evidente disgusto―, que el señor Darcy se casara con la prima Elizabeth.
―¡Mi sobrino casarse con la señorita Elizabeth Bennet! ―exclamo Lady Catherine. ―¿Lady Lucas se atrevió a especular sobre eso? ―Habló en voz más alta y menos cautelosa de lo que le hubiera gustado, y culpó a la sensación de alarma que la recorrió, calentando su cuerpo.
El señor Collins, claramente cauteloso con su estado de ánimo, la miró mudamente y asintió con superficialidad varias veces. Ella le dio la espalda, dejando que su mente la llevara de vuelta a la Pascua anterior. Recordaba haber visto a Darcy y Elizabeth Bennet juntos en varias ocasiones. Nunca parecieron tener mucho que decirse, pero ¿no había visto a su sobrino mirando a la joven una o dos veces? No había nada destacable en ella. Podía ser bonita, pero sus modales eran espantosos, tenía parientes en el comercio y era pobre. Aun así, su sobrino la había buscado cuando la joven estuvo en Rosings, y luego estaba la noche en que la señorita Elizabeth no había asistido a la comida a pesar de haber sido gentilmente invitada. Darcy se había marchado inmediatamente después de comer, diciendo que daría un paseo. Cuando regresó, un rato después, dijo que le dolía mucho la cabeza y volvió inmediatamente a su habitación. Al día siguiente, se había mostrado agitado y había insistido en que él y Fitzwilliam debían partir hacia Londres de inmediato.
«Esto tiene que significar algo, pero ¿qué?», pensó Lady Catherine. Miró fijamente a lo lejos, sin ver, hasta que una súbita toma de conciencia la golpeó. «¡No! No puede ser. Esa mujerzuela pretende atrapar a mi sobrino, hacerle creer que está enamorado y obligarlo a declararse. ¡No lo permitiré!»
Levantándose, miró a su párroco. ―Váyase. Tengo algo importante que hacer y no lo necesito. ¡Váyase! ¡Ahora!
El señor Collins salió corriendo de la habitación. Lady Catherine llamó al mayordomo; debía hacer arreglos para ir a Hertfordshire de inmediato. Allí le exigiría a Elizabeth Bennet que renunciase a cualquier reclamo sobre su sobrino.
―¡No me marchare hasta que ella acepte no casarse nunca con él! Antes de que acabe el año, Darcy estará casado con Anne. Cualquier otra cosa es inaceptable.