Las historias jamás contadas, p. 111

Jane reflexiona sobre el regreso de Bingley

Por Kara Louise

Traducido por Cristina Huelsz

Septiembre 19, 1812


«―Ahora ―dijo ella―, que este primer encuentro ha terminado, me siento perfectamente tranquila. Conozco mi propia fuerza y no volveré a sentirme avergonzada por su llegada. Me alegro de que cene aquí el martes. Entonces se verá públicamente que, por ambas partes, nos encontramos sólo como conocidos comunes e indiferentes.» – Capítulo 54

Aquella misma noche, Elizabeth se asomó a la habitación de Jane y vio a su hermana sentada tranquilamente en la cama. ―¿Puedo entrar? ―preguntó.

Jane se volvió y sonrió. ―Por favor, pasa.

Elizabeth entró y se sentó junto a Jane. ―Me ha parecido que el señor Bingley tenía buen aspecto hoy.

―Tenía el mismo aspecto que yo recordaba―. Jane se estremeció sin darse cuenta.

Elizabeth se rio suavemente. ―Sí, ha envejecido bastante bien en los… diez meses que han pasado desde que lo viste.

―¡Oh, Lizzy! ¡Uno no envejece en diez meses! Pero ha hecho bien en venir. Y también el señor Darcy.

―¡Oh, sí! Me sorprendió bastante que acompañase a su amigo a hacernos una visita―. Elizabeth sacudió la cabeza. ―Estaba tan callado y… ―Respiró entrecortadamente. ―En realidad, creo que varios de nosotros estábamos un poco inseguros de qué decir―. Le sonrió a Jane.

―¿Estaba terriblemente callado? ―preguntó Jane. ―En ese momento pensé que estaba hablando, pero me temo que la mayoría de mis palabras se arremolinaban en mi cabeza». Le lanzó una mirada arrepentida a su hermana. ―¿Crees que le parecí terriblemente descortés?

Elizabeth palmeó la mano de Jane. ―No, no creo que el señor Bingley pensara eso. Fue lo bastante amable con todos nosotros.

―Sí ―Jane suspiró. ―Es un hombre de lo más amable… Supongo que los dos hombres estarán haciendo visitas a todos los vecinos.

Elizabeth ladeó la cabeza y miró a su hermana. ―Puede que eso sea cierto, Jane, pero creo que en los tres días que han pasado desde que llegaron, ésta es la primera visita que hacen.

Los ojos de Jane se abrieron de par en par. ―¿De verdad lo crees, Lizzy? ―Luego frunció las cejas. ―Pero no podemos estar seguros, y aunque así fuera, no podemos suponer que hubiera alguna razón en particular para que nos visitaran primero.

―Quizás no, pero noté que el señor Bingley te miraba con bastante frecuencia.

―Debes estar imaginando cosas, querida Lizzy. Tanto él como yo nos comportamos como si fuésemos simplemente buenos amigos―. Jane enderezó los hombros y le dirigió a Elizabeth una mirada decidida. ―Estoy completamente segura de que a partir de ahora estaré perfectamente tranquila cuando lo vea.

Elizabeth tomó la mano de Jane. ―Sí, ahora que las dos son simplemente buenos amigos», comentó con una sonrisa burlona. «No dejes de repetírtelo».

Jane miró sus manos entrelazadas, apretó la de su hermana y la soltó. ―Pero eso es lo único de lo que puedo estar segura ahora―. Se levantó, cruzó los brazos y se alejó de la cama. ―Sé lo que estás pensando, Lizzy, y debo pedirte que no me des falsas esperanzas. Ya es bastante malo que mamá exprese constantemente todas sus aspiraciones, por no hablar de las miradas especulativas que recibo de la gente del vecindario desde su regreso―. Se dio la vuelta. ―Prométeme que acatarás mis deseos. Necesito que me ayudes a ser sensata sobre lo que él siente por mí.

Elizabeth se levantó y se acercó a Jane. ―Haré cualquier cosa por ti. No volverás a oírme ni siquiera mencionar el nombre de ese hombre, y prometo no mirarte de ninguna manera que puedas considerar una mirada burlona. Mi queridísima Jane, tienes mi palabra―. Atrajo a Jane en un abrazo, y mientras miraba por encima del hombro de su hermana, no pudo evitar que apareciera una media sonrisa. Ciertamente podía sonreír por Jane, pero se preguntaba si tendría la misma seguridad para sí misma. ¿Acaso el señor Darcy seguía sintiendo el mismo afecto por ella?


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