
Darcy y Bingley deciden volver a Netherfield
Por Kara Louise
Traducido por Cristina Huelsz
Septiembre 10, 1812
Darcy subió los escalones de la pequeña casa que Bingley había alquilado en Londres. Estaba agradecido de que su amigo ya no viviera con su hermana y el marido de esta, ya que eso les permitía hacer visitas sin que la señorita Bingley se cerniera sobre ellos.
Bingley no había logrado encontrar una casa en la ciudad que le conviniera. Darcy estaba convencido de que la apatía de su amigo era algo más que el mero hecho de no encontrar nada de su agrado; de hecho, estaba seguro de que se debía a que seguía añorando a la señorita Jane Bennet.
Darcy se detuvo ante la puerta y cerró los ojos mientras pensaba en todo lo que había sucedido en los últimos meses. La felicidad de encontrar a Elizabeth paseando por los alrededores de Pemberley -a pesar de la incomodidad inicial- le dio esperanzas de tener una segunda oportunidad con ella. Había observado con deleite como ella y Georgiana parecían compartir un afecto mutuo instantáneo. De repente, aquellos meses de odio hacia si mismo tras Rosings se borraron de sus pensamientos.
Pero luego estaba Wickham. ¡Cómo se atrevía a huir con la señorita Lydia! ¡Le indignaba! Sin embargo, estaba furioso consigo mismo por no haber sido sincero sobre el comportamiento de aquel hombre, pero también estaba agradecido por haber podido solucionar la situación en beneficio de Elizabeth. Sólo lo hizo por ella, sabiendo que no había garantías de que le correspondiera.
Darcy se había debatido entre animar a Bingley a regresar a Netherfield, pues aunque a su amigo le alegraría mucho volver a estar cerca de la señorita Bennet, él se vería arrojado en compañía de Elizabeth. Dudaba que fuera capaz de soportar otro rechazo por parte de ella.
Pero ahora estaba preparado. Su amigo ya había sufrido demasiado y él estaba decidido a arreglar las cosas. Esa idea todavía le causaba confusión cuando pensaba en volver a ver a Elizabeth. Ella había sido muy cordial con él y con su hermana mientras estuvieron en Pemberley, pero no había ninguna garantía de que sus sentimientos hubieran cambiado desde que rechazó su propuesta. Pero al menos su amigo sería feliz. Lo haría por él.
Agachó la cabeza y comenzó a frotarse la mandíbula. ¿Debía confesarle a Bingley que había visto a la señorita Bennet en la ciudad a principios del año? Asintió lentamente con la cabeza. Sí, lo haría, pero después de que llegaran a Hertfordshire. No tenía sentido darle esperanzas a Bingley si el corazón de la señorita Bennet ya no se inclinaba hacia él.
―¡Darcy!
Sobresaltado, Darcy levantó la vista y vio a Bingley en la puerta.
―¿Qué haces aquí? ¿Has llamado a la puerta? ―Se volvió hacia el mayordomo. ―¿No lo has oído llamar?
Darcy levantó la mano. ―Todavía no había llamado. Estás a punto de salir, pero, por favor, ¿tienes un momento para hablar?
―Para ti, amigo mío, dispondré de tiempo. Iba de camino a casa de los Hurst. Por favor, pasa.
Darcy hizo un gesto de agradecimiento a su amigo y entró, pasando junto al brazo extendido de Bingley. ―Esto parece importante, Darcy. Espero que no haya ningún problema.
―No ocurre nada, pero quiero discutir algo y oír lo que piensas sobre el tema―.
Los dos hombres se dirigieron al salón y se sentaron. ―¿Quieres comer algo?
Darcy agitó la mano. ―Gracias, pero no―. Se sentó erguido, con los codos apoyados en los brazos de la silla y las manos apretadas, mientras su amigo lo miraba expectante.
―Me preguntaba si deberías regresar a Netherfield.
Bingley reaccionó a las palabras de su amigo con un rápido movimiento de cabeza.
―Todavía tengo posesión de la propiedad por unos meses más, pero no me pareció que debiera… ―Bingley inhaló profundamente y bajó las cejas mientras miraba hacia abajo. ―No creo que deba volver.
Darcy aflojó las manos y las dejó caer para golpearse la pierna con los dedos. En voz muy baja, le preguntó: ―¿Todavía la amas? ¿Aun amas a la señorita Bennet?
Bingley sacudió la cabeza varias veces antes de hablar. «Oh, he intentado olvidarla. Lo he intentado desesperadamente, pero ha sido en vano». Se encontró con los ojos de Darcy. ―Lo digo en serio, buen amigo. Conozco tus pensamientos al respecto, pero sigo amándola.
Darcy permaneció un momento en silencio y se miró las manos. Lamentaba profundamente lo que había hecho y lo mucho que había herido a Bingley. ―Sugiero, entonces, que regresemos.
Los ojos de Bingley se abrieron de par en par y dejó caer su mandíbula. ―¿Realmente crees que debería hacerlo? ―Las palabras de Bingley se agitaron unas sobre otras. ―Crees… me atrevo a esperar… ¿te he entendido bien? ¿Quieres que regrese a Netherfield?
―Definitivamente, y yo te acompañaré.
Bingley se levantó y dio una palmada. ―¿Cuándo partiremos? Puedo estar listo para mañana por la mañana.
Darcy levantó su mano para detenerlo. ―Primero deberías enviar un mensaje para que el ama de llaves se prepare para tu llegada. Envía un mensaje hoy y dentro de una semana partiremos.
―¡Oh, sí! ¡Qué bueno que me des tan sabios consejos!» Soltó un resoplido de satisfacción.
―¡Iré a Netherfield! ―Volvió a mirar a Darcy. ―¿Realmente crees que es lo mejor?
―No puedo garantizar como se desarrollaran los acontecimientos, pero espero que todo salga bien.
―¡Sí! ¡Estoy seguro de que así será!
Los dos hombres se pusieron de pie, y Bingley se acercó a su amigo. ―¡Podría abrazarte, Darcy!
Darcy se rio suavemente. ―Por favor, no lo hagas. Guárdalo para la señorita Bennet… cuando sea apropiado que la abraces.
―¡Sí, lo haré! ¡Y debo hacer que envíen esa misiva a Netherfield directamente!
Los dos hombres se despidieron, y Darcy partió. Salió por la puerta y respiró profundamente. Su amigo estaba ansioso y confiado en que la señorita Bennet lo recibiría tan calurosamente como él esperaba. Sólo podía esperar que su hermana hiciera lo mismo con él.