Hace unos meses, mi tocaya Christina Boyd me invitó a escribir un artículo para su blog, donde ella ha invitado a otros fans, escritores y lectores a escribir sobre nuestro acercamiento con Jane Austen.
Aquí pueden leerlo en inglés en su blog, y por supuesto que lo tengo aquí en español para ustedes.

De niños, ¿cuántas veces nos preguntaron qué queríamos ser cuando fuéramos adultos? De niña, sabía que quería dedicarme a algo relacionado con los libros cuando fuera mayor. Cuando estaba en la escuela primaria en México, pasaba más tiempo en la biblioteca que en el salón de clases (siempre regresaba tarde después del recreo), disfrutando de los libros de historia y cultura. Fue allí donde empecé a interesarme por los idiomas al escribir mis propias historias en mi lengua materna, el español, pero con el alfabeto griego o el tengwar de Tolkien (se traduce como «letras» en Quenya.)
En los noventa, vi las adaptaciones de Sentido y sensatez, Emma y Persuasión en VHS, pero ignoraba que estuvieran basadas en las novelas de Austen. Unos años más tarde, gracias a la película del 2005, descubrí Orgullo y prejuicio. Me encantaron MacFadyen y Knightley, la música de Marianelli y la fotografía de aquellas grandiosas casas de la campiña inglesa. No tardé en leer la novela y apreciar que contenía mucho más de lo que mostraba la película (lo cual es cierto en prácticamente todos los casos de adaptaciones). Pero por aquel entonces no leí más sobre Austen porque me fascinaba Emilio Salgari, un autor italiano de novelas de aventuras y piratas.
Cuando tuve que decidir qué iba a estudiar, me costó mucho elegir, así que me decidí por ser profesora de preescolar. Siempre he adorado a los niños y pensé que iba a ser fácil (spoiler: en realidad no lo es.) Cambié de carrera para ser profesora de inglés, y eso es en lo que trabajé durante unos años, pero como suele ocurrir en la vida, me topé con un muro.
Quería hacer algo diferente con mi vida, y ahí es donde apareció Austen. Había leído la trilogía de Pamela Aidan y demasiadas novelas románticas históricas, pero fueron las novelas de Sally Smith O’Rourke y Emilio Salgari las que despertaron en mí el deseo de convertirme en traductora.

El hombre que amó a Jane Austen ( 2006) fue la primera vez que leí cómo una autora jugaba con la idea de cómo Fitzwilliam Darcy podría haber inspirado a Austen cuando ella conoció a un caballero inglés que había viajado hasta ella en la Regencia. Descubrí la novela porque había sido traducida al español. Luego la leí en inglés y me di cuenta de que había varios pequeños detalles que no encajaban del todo entre las dos ediciones.
Cuando empezaba a estudiar traducción, el destino quiso que Nicole Clarkston me diera la primera oportunidad para traducir su novela Rumores e imprudencias (estamos trabajando en una segunda edición). Descubrí que era muy diferente trabajar como independiente, porque, en las editoriales, los traductores no tienen realmente contacto con sus autores. Desarrollé un estilo de trabajo que me permitiera estar cerca de mis autores, promocionando nuestro trabajo y formando parte de una comunidad austenesca que me ha acogido con los brazos abiertos.

Ahora, tengo más de quince novelas publicadas (veinte para fin de año), cinco antologías navideñas y cinco años increíbles construyendo mi sueño: tener mi propia editorial, que busca acercar los clásicos y la literatura contemporánea a los lectores de habla hispana, con traducciones hechas por un equipo orgulloso de su trabajo.
Después de ver el impacto que tuvo la lectura de Austen en español en los clubes de lectura durante la pandemia, creo que muchos lectores hispanos pudimos encontrar una amiga en Jane. No siempre ha sido fácil entender lo que intentaba decirnos, pero con cada lectura descubríamos algo nuevo. Por eso es tan importante una buena traducción de una novela clásica.