
La señora Gardiner recibe sorpresivamente una carta
Por Abigail Reynolds
Traducido por Ana Martínez Ribeiro
Septiembre 5, 1812
El correo de la mañana trajo una carta de Longbourn a la calle Gracechurch. A la señora Gardiner le encantó reconocer la letra de Lizzy. La carta de Jane relatando la llegada de los recién casados a Longbourn había satisfecho su curiosidad básica del tema, pero ella sabía que podía contar con Lizzy para proveer una versión más entretenida. Se sentó en su silla favorita para disfrutar del relato.
Se decepcionó al ver lo corta que era, pero en cuanto empezó a leerla detenidamente, esos pensamientos fueron reemplazados por asombro. Cuando llegó a la última línea, ya estaba levantada y apresurándose al estudio de su marido, donde el señor Gardiner miró por encima de su libro de contabilidad con una mirada interrogativa.
La señora Gardiner agitó la carta. ―Oh, querido, acabo de recibir una información sorprendente de Lizzy. Parece ser que ella no tenía idea de la intervención del señor Darcy en el matrimonio de Lydia, y me escribe pidiéndome una explicación después de que a Lydia se le escapara decir que él estuvo en su boda.
El señor Gardiner frunció el ceño. ―¿Ella no lo sabía? ¿Cómo puede ser? Ella misma admitió en Lambton que le había dicho a Darcy lo de la fuga. Es cierto que él nunca me dijo directamente que ella estaba al tanto de su intervención, pero ¡yo nunca le habría permitido actuar como lo hizo sin haber pensado que ella estaba involucrada!
―Lo sé, querido. Todo apuntaba a la participación de Lizzy: su habilidad para encontrar nuestra casa en Londres, su conocimiento detallado de la situación, y sobre todo ¡la admiración a Lizzy del señor Darcy en Pemberley no se podía negar!― Ella le dió la carta.
Con el ceño fruncido la escaneó. ―Yo asumí que muy pronto él sería un miembro de la familia. ¿Qué habrá pensado de mí, aceptando tal suma de dinero de un hombre sin ninguna relación con nosotros?
La señora Gardiner se rió. ―¿Supones que habría sido diferente si hubieras rechazado su ayuda? Nunca he conocido a un caballero más determinado en seguir su propio objetivo.
―¿Pero por qué no le ha hecho una propuesta de matrimonio a Lizzy? Todo apunta en esa dirección.
―¿Quizás esperaba que se resolviera el asunto de Lydia antes de hablar con ella?― Sugirió la señora Gardiner.
―Podría ser. Después de todo, sería mejor permitir que este escándalo disminuyera antes de unir el orgulloso nombre Darcy a la familia Bennet.
―Bueno, ¡yo deseo que no espere mucho! La pobre Lizzy debe estar en ascuas. Tendré que mandarle una respuesta sin demora.― Se giró para irse y miró sobre su hombro con una sonrisa pícara. ―¡Oh, cómo voy a burlarme de ella sobre su gran conquista!