Las historias jamás contadas, p. 107

Carta de Elizabeth a la tía Gardiner

Por Marilyn Brant

Traducido por Cristina Huelsz

Septiembre 4, 1812

Mi querida tía Gardiner,

Elizabeth se detuvo pensativa y preocupada. No es que no fuera un comienzo apropiado para una carta, pero estaba en desacuerdo consigo misma sobre cuál debía ser la siguiente línea. Mentalmente, ensayó algunas posibilidades:

He querido preguntarte algunos detalles sobre la boda de Lydia. Aparte de ti y el tío Gardiner, el ministro y los novios, por supuesto, ¿quién más estuvo allí?

No, eso hacía que su pregunta fuera demasiado abierta y, de hecho, no era lo que deseaba saber desesperadamente.

Había oído mencionar que el señor Fitzwilliam Darcy asistió a la boda de mi hermana menor. ¿Podría ser cierto?

Mejor, pero su tía sólo podía confirmar o negar su presencia. Elizabeth necesitaba saber POR QUÉ estaba allí.

¿Por qué demonios estaría el señor Darcy -¡entre todas las personas!- ¡en la boda de mi hermana Lydia?

¿Qué te impulsó a invitarlo? ¿O simplemente él irrumpió en la ceremonia? ¿Y por qué razón? ¿Y por cuánto tiempo? ¿Qué dijo o hizo? Cuéntamelo todo.

Ah, eso era exactamente lo que Elizabeth quería escribir, pero sonaba un poco, bueno, al borde de la histeria… incluso sobre el papel.

Aun así, su curiosidad sobre el tema era demasiado poderosa como para negarla. ¿Cuál era el significado de la asistencia del señor Darcy a la boda? Su mente se apresuró en buscar una forma de abordar sus preguntas con tacto y delicadeza. Pero pasaron diez, doce, quince segundos enteros y no estaba ni cerca de encontrar la frase perfecta y, admitámoslo, Elizabeth sabía que la paciencia no era su fuerte.

Tomó la pluma y se apresuró a garabatear:

A mi hermana Lydia se le escapó decir que el senor Darcy estuvo reunido con todos ustedes en la boda, pero también reveló que no se pretendía que su asistencia fuera de conocimiento general. Comprenderás mi curiosidad por saber cómo una persona que no tiene relación con ninguno de nosotros, y (comparativamente hablando) un extraño para nuestra familia, ha podido estar entre ustedes en semejante momento. Por favor, escríbeme inmediatamente y permíteme comprenderlo… a menos que, por razones muy convincentes, deba permanecer en el secreto que Lydia parece considerar necesario; y entonces deberé esforzarme por contentarme con la ignorancia.

―Aunque no lo haré ―añadió Elizabeth para sus adentros, mientras se apresuraba a cerrar su nota. ―Y mi querida tía ―murmuró―, si no me lo dices de manera honorable, sin duda me veré reducida a trucos y estratagemas para averiguarlo.

Con esto, selló su carta y llamó a Hill. Quería que se enviara inmediatamente.

Entonces contuvo la respiración… esperando…

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