La carta de Lydia a Harriet
Por Shannon Winslow
Traducido por Cristina Huelsz
Septiembre 3, 1812
Querida Harriet,
¡Qué aventuras he vivido desde que te vi! Te escribo ahora desde Longbourn, donde Wickham y yo acabamos de venir de visita tras nuestra boda en Londres. ¡Sí, Londres! ¿No te sorprende? O quizás ya te has enterado de que nuestros planes cambiaron después de que te dejara en Brighton. Mi querido esposo (¡pues así es ahora!) sabía que yo prefería Londres a Gretna Green, y le dije que no me importaba adónde fuésemos siempre que al final nos casásemos.
Hubo un pequeño retraso en la boda propiamente dicha, y algunos horribles disgustos con mi tía y mi tío Gardiner, pero no voy a detenerme aquí en semejante aburrimiento. Sólo debo decir que fueron muy poco generosos en sus atenciones hacia mí en todos los aspectos. No se molestaron en dar ni una sola fiesta en mi honor, ni en enseñarme la ciudad, ni siquiera en ocuparse de que la iglesia estuviera bastante llena de simpatizantes y flores para la boda. Mi tía sólo me dio unos lirios de su jardín para que los llevara, y ¿no son los lirios más apropiados para los funerales? Luego hubo un asunto de última hora que mi tío dijo que tenía que atender, lo que me molestó mucho.
Pero al fin llegamos a San Clemente y allí estaba Wickham esperándome en el altar, muy apuesto. ¡La! Pensé que me habría desmayado de felicidad, y qué buena broma habría sido. Sin embargo, no me desmayé (pues tengo una constitución muy robusta), y mi tío me entregó. Luego el rector siguió hablando y hablando… sobre qué, no tengo ni idea, pues yo sólo pensaba en mi querido Wickham.
Ahora te contaré un gran secreto, pues no te ocultaría nada, querida, y sé que eres muy capaz de guardar una confidencia. ¡El señor Darcy estuvo en mi boda! Vino a pararse junto a Wickham. ¿Qué te parece? Nunca antes tuve idea de que se llevaran tan bien, pero mi esposo me lo ha explicado, diciendo que el señor Darcy siempre ha sentido una gran admiración por él. Esa es la clase de amigo que vale la pena tener, pues el señor Darcy es sumamente rico y sin duda tiene muchos favores en su haber.
Sólo podría desear que mis hermanas hubiesen estado en San Clemente para verme casada. Sin embargo, desde que regresé a Longbourn, al menos he tenido la satisfacción de observar cómo me envidian. Tratan de ocultarlo, por supuesto, (excepto Kitty, que lo admite abiertamente), pareciendo serias y cohibidas, pero veo que en realidad se sienten avergonzadas por haber sido superadas por mí, la más joven de todas ellas. Jane tuvo que cederme su lugar, ya sabes, puesto que ahora soy una mujer casada. Y Mary seguro que se ha dado cuenta de lo desesperada que es su propia situación en comparación. Pero es Elizabeth quien sufre más, creo, pues me atrevo a decir que quería a Wickham para ella sola. No quise ser cruel. Sólo contaba la anécdota de mostrar mi anillo a una vecina con la que me crucé por casualidad, ¡cuando Lizzy se alteró tanto que salió corriendo de la habitación!
¿No te parece una prueba certera de que me envidia? Bueno, después de eso fui todo lo amable que pude ser con ella. Pero no es de extrañar que ella y todas las demás estén celosas, ¡pues mi querido Wickham es el mejor partido del mundo! Realmente es el hombre más apuesto que jamás se haya visto, además de ser el jinete más audaz. ¿No dijo una vez tu esposo que tenía el mejor asiento del regimiento? Y mañana, cuando comience la cacería, me atrevo a decir que Wickham matará más aves que nadie en el condado. Así se lo he dicho a mis hermanas. Serían afortunadas si tuvieran la mitad de mi buena suerte para encontrar marido. He prometido ayudarlas en ese sentido facilitándoles el encuentro con algunos oficiales muy elegantes cuando vengan a visitarme a Newcastle.
Pobre mamá. Ella lamenta más que nadie que me vaya tan lejos, pero no se puede evitar. Ahora soy la esposa de un militar, y debo seguir al lado del querido Wickham dondequiera que su deber lo lleve. Tú entiendes estas cosas, Harriet, pero mis otras amistades no pueden.
Espero que podamos volver a vernos algún día, pero apenas sé cuándo será, tal vez no en estos dos o tres años. Mientras tanto, debes escribirme a menudo. Wickham y yo les enviamos nuestro afecto a ti y al coronel Forster, y no olvidaremos brindar a su salud, como espero que tú brindes a la nuestra en alguna ocasión.
Tu más afectuosa amiga,
Lydia Wickham