
El señor Darcy le hace una visita al señor Gardiner
Por Abigail Reynolds
Traducido por Cristina Huelsz
Agosto 14, 1812
El señor Gardiner pensó que se merecía el lujo de pasar la tarde leyendo el libro sobre pesca que había comprado durante su visita a Oxford. Llevaba días intentando terminarlo. Lo había empezado en Lambton, pero se vio interrumpido por la urgente necesidad de regresar a Londres. No había tenido tiempo de leer en aquel caótico viaje, sobre todo porque había dedicado todas sus energías para consolar a Elizabeth lo mejor que pudo. Cuando por fin llegaron a Londres, tuvo que encontrar el hotel del señor Bennet; y una vez que hubo descubierto a su cuñado y lo llevó de vuelta a Gracechurch Street, no hubo paz posible. La perturbación mental del señor Bennet era evidente.
Apreciaba a su cuñado, pero en ocasiones el señor Gardiner encontraba exasperante el comportamiento sin rumbo del señor Bennet. Por Dios, no tenía intención de permitir que sus propias hijas se desbocaran simplemente porque le costara demasiado trabajo controlarlas. Durante los últimos días, el señor Bennet había requerido su constante guía en la búsqueda de Lydia. Aunque nunca lo hubiera admitido ante nadie, el señor Gardiner se alegró de ver partir al señor Bennet.
Estaba deseando volver a ver a su querida esposa y a sus hijos aquella tarde, pero sabía que su llegada traería consigo un feliz caos que le impediría disponer de tiempo para sí mismo. Por eso se proponía aprovechar al máximo este tiempo de tranquilidad en casa.
El señor Gardiner ni siquiera había terminado de leer un capítulo cuando oyó que llamaban a la puerta. Un minuto después apareció su criado y le entregó una tarjeta de visita. El señor Gardiner enarcó las cejas al leer el nombre que figuraba en ella.
¿Por qué rayos lo visitaría aquí el señor Darcy? No sólo no se conocían mucho, sino que se suponía que Darcy estaba en Pemberley, a dos días de viaje. El señor Gardiner se rio para sus adentros. ¡Lizzy había sido realmente astuta! Al parecer, la relación entre ella y Darcy era mucho mayor de lo que ella había admitido. Pero eso seguía sin explicar la aparición de Darcy en su puerta. Bueno, lo más probable era que estuviese buscando noticias de Lizzy y no desease interrumpir a la familia de Longbourn durante esta crisis. Eso era bastante justo. El señor Gardiner le indicó al sirviente que hiciera pasar al señor Darcy.
El rostro del señor Darcy mostraba líneas de tensión, pero estrechó la mano del señor Gardiner e intercambiaron cordiales saludos. No dudó en volver inmediatamente a sus asuntos. ―Sin duda habrá adivinado que estoy aquí para discutir la situación de su sobrina.
―¡Bueno, esas son buenas noticias! Es una lástima que usted no estuviese aquí ayer, ya que el padre de Lizzy aún se encontraba en la ciudad―. Entonces Darcy debe estar a punto de hacer una propuesta… ¡ciertamente son buenas noticias!
Las comisuras de los labios del señor Darcy se torcieron y sus cejas se fruncieron, pero luego su expresión se aclaró con comprensión. ―Mis disculpas, señor; debí haber sido más preciso. Estoy aquí por su sobrina, la señorita Lydia.
Ahora fue el turno del señor Gardiner de sorprenderse. ―No sabía que usted tuviera una relación especial con Lydia ―dijo con cautela.
―No la tengo. Mi relación, mi desafortunada relación, es con el señor Wickham. Siento cierta responsabilidad por no haber evitado la situación actual, y al tener cierto conocimiento de los confidentes de Wickham, sentí que estaba en una buena posición para descubrir su ubicación actual.
―Ciertamente le estaré muy agradecido por cualquier información que pueda compartir conmigo. Nuestras búsquedas han sido infructuosas hasta la fecha.
―Puedo hacer algo mejor que eso, señor. Ya los he descubierto, y creo que la resolución está cerca.
Atónito, el señor Gardiner se levantó a medias de su silla. ―¿Los ha visto? ¿Lydia está bien?
Darcy titubeó. ―La señorita Lydia goza de buena salud, pero lamento decir que no he podido persuadirla de que abandone su actual situación, ni siquiera cuando me ofrecí a ayudarla para que volviera con sus conocidos. Está absolutamente decidida a quedarse donde está, esperando que se casen tarde o temprano. Dadas las circunstancias, sentí que mi única opción era asegurar el matrimonio entre ellos.
―¿Y el señor Wickham está de acuerdo con eso?
―Admitió que el matrimonio no estaba dentro de sus planes, pero tiene algunas deudas de honor muy apremiantes, y por lo tanto estaba abierto a la negociación. Por supuesto, quería más de lo que podía obtener, pero con el tiempo llegamos a un acuerdo. Ahora está dispuesto a casarse con la señorita Lydia, siempre que se cumplan ciertas condiciones.
Eso sí que era un trabajo rápido. El señor Gardiner se preguntó cuán caras eran esas condiciones. ―Desde luego, la cuestión es cómo presentarle este asunto a su padre. Difícilmente creerá que Wickham se casará con la señorita Lydia por nada más que por sus encantos y su pequeña dote.
―Ciertamente―. Darcy miró un momento por la ventana, como si estuviera armándose de valor. ―Este asunto es responsabilidad mía, y como tal asumiré la carga financiera. Sin embargo, preferiría que ninguno de los Bennet se enterara de mi participación en esto.
El señor Gardiner no pudo reprimir una sonrisa ante esto. ¿Un secreto para todos los Bennet? Difícilmente; era obvio que Lizzy debía ser parte de todo este asunto, ya que era completamente ridículo pensar que Darcy tuviese alguna responsabilidad propia en este asunto, independientemente de lo que pudiese decir. No obstante, si Darcy deseaba pretender que no tenía nada que ver con Lizzy, era asunto suyo. Estaba claro que pronto se convertiría en un miembro más de la familia, y eso ya no importaría. Apenas podía esperar para contárselo a su esposa.
Pero entonces sólo dijo: ―El señor Bennet no es un tonto, y tiene su orgullo. Tal vez sea mejor que le permita pagar una pequeña parte de lo exigido, haciéndole creer que es la cantidad total.
Las comisuras de los labios de Darcy se torcieron en una ligera sonrisa. ―Entonces, tal vez debamos discutir los detalles.