
Denny se entera sobre la fuga de Lydia
Por Jack Caldwell
Traducido por Cristina Huelsz
Agosto 2, 1812
(Basado en Archibald Denny, de mi novela The Three Colonels)
El teniente Denny acababa de terminar su desayuno cuando entró el teniente Chamberlayne.
―Dígame, ¿ha visto a Wickham? Parece que ha desaparecido.
Denny se incorporó. ―¿Desaparecido? ¿Está seguro? A veces duerme en la ciudad».
En ese momento entró un furioso capitán Carter, seguido del teniente Pratt. ―No hay ninguna duda», tronó sin preámbulos. ―¡Wickham ha huido!
―Acabamos de llegar de su carpa ―añadió Pratt―, y todo su dinero y objetos de valor han desaparecido. Se ha largado, ¡el muy bastardo! Me debe dinero.
Chamberlayne palideció. «A mí también me debe dinero.
Denny sintió que se le hundía el estómago. Sabía que las cosas se estaban poniendo difíciles para George, casi desesperadas, con sus deudas de juego apremiándolo, pero ¡seguro que no iba a desertar así como así!
―La señorita Bennet también ha desaparecido―. Carter miró a Denny. ―El coronel Forster quiere hablar con usted.
Denny se quedó mirando horrorizado a su capitán. ¡George no pudo haber hecho eso! ¡No podía haberlo hecho!
De algún modo, Denny llegó al despacho del coronel Forster sin perder el desayuno. Permaneció en posición de firmes, observando a su comandante caminar arriba y abajo por el pequeño espacio. Denny nunca había visto al afable coronel en semejante estado.
―Se ha ido, se ha ido, y yo era responsable de ella ―repetía una y otra vez. ―¿Cómo voy a decírselo a su padre? Nunca debí dejar que Harriet me convenciera de esta tontería». Por fin se dirigió a Denny. ―Muy bien, es amigo de George Wickham. ¿Dónde diablos está? ¿Adónde ha ido?
―Señor, no lo sé. ¿Está diciendo que el teniente Wickham se fugó con la señorita Bennet?
―Sí, sí, estamos seguros de ello. Ella dejó una nota―. Arrojó un trozo de papel en su dirección. ―Léalo, si lo desea.
Denny lo tomó y leyó.
Mi querida Harriet, te reirás cuando sepas adónde he ido, y yo misma no puedo evitar reírme de tu sorpresa mañana por la mañana, en cuanto me eches de menos. Me voy a Gretna Green, y si no adivinas con quién, te tomaré por tonta, porque sólo hay un hombre en el mundo al que amo, y es un ángel. Nunca sería feliz sin él, así que no pienses que es malo irme. Si no te agrada, no es necesario que hagas saber mi partida a Longbourn, pues la sorpresa será mayor cuando les escriba y firme con el nombre de «Lydia Wickham». ¡Qué buena broma será! Casi no puedo escribir de la risa…
Había más, pero Denny ya había leído bastante. La decepción, el dolor y el horror casi lo hacen caer de rodillas. Sólo su voluntad lo mantuvo erguido.
―¿Y bien? ―preguntó el coronel. ―¿Qué sabe de este asunto?
La mente de Denny se arremolinó con las posibilidades. ―Señor, yo no sabía que Wickham iba a desertar. Era consciente de sus deudas de honor, así como de otras dificultades financieras, pero no lo creía capaz de esto. Mirando hacia atrás, supongo que no debería sorprenderme que se fuera. Estoy decepcionado de él. ¡Pero no tenía ni idea de lo de la señorita Bennet! Jamás se insinuó algo así entre nosotros. Reconozco que estoy conmocionado.
El coronel se acercó. ―Usted ha visitado a la señorita Bennet con mucha regularidad en mi casa, teniente. ¿No sospechaba de su relación con Wickham?
―¡Nada en absoluto, señor! ―Denny exclamó con más sentimiento del que pretendía. ―Yo… sabía que a la señorita Bennet le gustaba George, pero no le mostraba ninguna atención especial. Era atenta con muchos de los oficiales». Incluyéndome a mí, fue el deprimente pensamiento de Denny.
El coronel Forster pareció captar el nivel de decepción de Denny. La entrevista se convirtió en mucho menos que un interrogatorio. ―Entonces, ¿usted cree que los dos están en camino a Gretna Green?
Esta era la pesadilla de Denny. ―Me temo que… señor, Wickham había hablado a menudo de sus planes para el futuro. Siempre ha sostenido que el matrimonio con una heredera era su objetivo―. Ante la mirada de Forster, añadió: ―Por ejemplo, su cortejo a la señorita King en Meryton―. Denny bajó la vista hacia la nota. ―De esto puedo deducir que la señorita Lydia -la señorita Bennet- cree que ella y Wickham se están fugando a Escocia. He tenido muchas conversaciones con Wickham, señor, y puedo afirmar categóricamente que tal cosa estaría en contra de todos sus planes a largo plazo. La señorita Bennet no es una heredera.
―Por Dios, ¿sabe lo que está diciendo?
Denny se puso en guardia. «Coronel, no sé donde se ha metido Wickham, pero nunca se marcharía de buena gana a Gretna Green por menos de diez mil libras.
Forster palideció y maldijo. ―¡Que venga Cater, ahora! ¡Debo encontrar a ese bastardo! No hay tiempo que perder―. Miró fijamente a Denny. ―En cuanto a usted, ¡usted y los demás oficiales quedan confinados en sus aposentos hasta que yo regrese! ¡Llegaré al fondo de esto!
El humor de Denny se ensombreció mientras se sentaba impotente en su carpa. No compartía su espacio, gracias a su antigüedad, por lo que podía escapar de las murmuraciones de Pratt y de los chismorreos de Chamberlayne. Ya había oído bastante de este último cuando le informó a sus camaradas de las órdenes de su coronel.
«Me sorprende que Wickham se haya ido con esa chica Bennet. ¡Pensé que le había echado el ojo a la señora Forster! Ya has visto como ella practicamente monopolizaba sus atenciones. ¡Ja! ¡Quizás estaba jugando un doble juego! Quién sabe, tal vez tenía a las dos a la vez».
Cómo fue que Denny no le rompió la mandíbula a Chamberlayne por eso, sólo el Buen Dios lo sabía.
Denny repasó toda su relación con Lydia Bennet. Ciertamente era una muchacha hermosa, joven y enérgica, pero la vivacidad no era pecado. Tal vez era demasiado joven para salir en sociedad. Denny admitió que lo era, aunque aparentaba y actuaba con más edad de la que le correspondía. Sin embargo, no había excusa para que un oficial se aprovechara de una joven, aunque ella fuera una ingenua y coqueta. Como hija de un caballero, la señorita Lydia debería haber sido protegida de quienes quisieran hacerle daño, incluso de sus propios errores. Ése era el deber de un oficial y de un caballero.
Debería haber hecho más, se dio cuenta Denny. Debería haberla protegido.
Denny estaba encaprichado de la encantadora Lydia Bennet, y si ella hubiera sido mayor y él hubiera tenido más fortuna, le habría hecho una propuesta. Pero el matrimonio había quedado descartado. Con sólo quince años, la señorita Lydia era demasiado joven para casarse, y como teniente de la milicia, Denny era demasiado pobre. En sólo dos meses más, iba a dejar el regimiento para unirse a los regulares. Entonces, con tres años de duro trabajo y ascenso, y la mejor paga que ello conllevaba, sería plenamente capaz de mantener a la hija de un caballero, y tenía la intención de viajar a Hertfordshire y cortejar a la señorita Lydia, que entonces tendría dieciocho años.
Denny suspiró. Pensaba que la dama lo favorecía tanto como a cualquier hombre del regimiento. Ahora veía que había sido un tonto. Por supuesto, ella se enamoraría de George Wickham -el guapo, inteligente e ingenioso George- no del pobre y sencillo Archie Denny.
Recordó lo que sabía de Wickham. George era encantador y afable, amigo de todos. Sí, a veces bebía demasiado, y sin duda apostaba demasiado, pero Denny estaba seguro de que no había un hueso malvado en el cuerpo de Wickham. Tonto, fanfarrón e impulsivo, sí. ¿Pero malvado? No.
George había sufrido muchas desgracias en su vida: la pérdida de su madre a una edad temprana y más tarde de su padre, que el hijo de su padrino le robara la herencia y que el mismo señor Darcy interfiriera en el cortejo de George por la señorita Darcy. George merecía la compasión y la amistad de Denny.
¿Quizás esta desventura no fue idea de George? Tal vez la señorita Lydia se había enterado de los planes de George de desertar y se invitó a sí misma. ¿Podría ser eso?
Eso lo explicaría. La señorita Lydia estaba enamorada de George y quería casarse con él. La única pregunta que quedaba era si George se casaría con ella. George decía que sólo se casaría con una heredera, pero decía muchas cosas y hacía lo contrario. ¿Podría ser éste otro ejemplo de su carácter imprevisible?
Archibald Denny era un hombre que se esforzaba por vivir por encima de sus posibilidades. Quería ser algún día un caballero, así que se enseñó a sí mismo a pensar y comportarse como tal. Por lo tanto, trató de mirar el mundo con un ojo racional. Pero también era un buen soldado. Nunca había estado en combate, pero se había acostumbrado a su entrenamiento como un pato al agua. Si llegaba el momento de luchar por su rey, Denny esperaba que cumpliría con su deber sin vacilar.
Era un hombre de fuertes pasiones. La lealtad y la confianza eran importantes para él. Wickham había sido un buen amigo para él, así que Denny le daría el beneficio de la duda. Pero Denny había pasado tiempo en Londres y estaba al tanto de lo que les ocurría a las jóvenes que habían sido seducidas y abandonadas por sus amantes. No tenían otra forma de ganarse el pan que acostándose. Era horrible.
Denny deseaba desesperadamente pensar bien de George Wickham y Lydia Bennet, así que se convenció a sí mismo de que todo acabaría bien. Los encantos y el buen humor de la señorita Lydia resultarían tan irresistibles para Wickham como lo habían sido para él mismo, Denny estaba seguro de ello. Se casarían, Wickham saldría de algún modo de aquel lío y se establecerían tranquilamente en algún lugar. Lydia sería tan feliz como se lo merecía.
Denny tenía que pensar eso, porque si George le hacía algo malo a Lydia, si la abandonaba a merced de las calles, Denny sabía que perseguiría a su amigo y lo mataría.