Las historias jamás contadas, p. 65

Darcy descubre sobre la presencia de Elizabeth en Hunsford

Por Kara Louise

Traducido por Cristina Huelsz

Marzo 23, 1812

Jane Austen no nos dice cuándo y ni cómo fue que Darcy descubrió que Elizabeth estaba cerca, en Hunsford, Kent. Sólo sabemos que él y su primo hicieron una visita poco después de llegar a Rosings.

Cuando el carruaje entró en el camino que conducía a Rosings, Darcy miró por la ventanilla y soltó una carcajada ronca. —¡No puedo creerlo!

—¿Qué ocurre? —preguntó el coronel Fitzwilliam mientras se inclinaba hacia delante para ver qué era lo que había llamado la atención de su primo. Vio que alguien se asomaba por el sendero, hacía una rápida reverencia y luego se daba la vuelta para caminar con pasos rápidos, pero más bien laboriosos, hacia la casa parroquial. —¿Quien era?

—Ese —comenzó a decir lentamente el señor Darcy—, era el señor Collins, el clérigo de nuestra tía.

—¿Lo conoces? —preguntó el coronel cuando el carruaje se detuvo.

—Desgraciadamente, sí.

—No me gusta como suena eso. ¿No lo apruebas? ¿ Lo has oído pronunciar un sermón bastante blasfemo? ¿Has sido testigo de su comportamiento impropio? —Enarcando las cejas, miró a su primo de forma mordaz. —¡Debo oírlo todo!

Darcy simplemente se encogió de hombros. Al menos, esperaba que fuera un encogimiento casual. Ahora deseaba no haber dicho nada. —Lo conocí en Hertfordshire. No tiene nada de malo, salvo algunas rarezas que me resultaron molestas—. Esperaba que eso fuera todo.

—¿ Cómo fue que lo conociste en Hertfordshire?

Darcy se puso tenso. Estaba a punto de responder cuando se abrió la puerta del carruaje. —Ah, nuestra tía nos espera—. Extendió la mano. —¿Vamos?

Los dos hombres salieron y estiraron los brazos y las piernas. —¡Oh, estar en la tierra otra vez! Este viaje fue insoportable—. El coronel Fitzwilliam nunca se había acostumbrado a soportar los baches en un carruaje.

Darcy le dio una palmada en la espalda. —Me sorprende bastante tu falta de entereza, Fitzwilliam. No puedo imaginarme cómo toleras las incomodidades de estar en el campo de batalla.

—¡Ja! —exclamó el coronel. —¡Estás hablando de tolerar las incomodidades de un campo de batalla! Todavía no te has enfrentado a la única batalla que se presenta cada Pascua!

Darcy apretó la mandíbula, pero no dijo nada.

—¡Y callar no te conviene, ni conmigo ni con Anne! Debes proponer matrimonio… ¡a alguien! ¡Eso es todo! Si no quieres proponérselo a Anne, ¡al menos hazlo con otra persona!

Darcy se detuvo y se volvió hacia su primo. —¡No habrá ninguna propuesta -ni para Anne ni para nadie- en un futuro próximo!

Fitzwilliam sacudió la cabeza. —No lo entiendo, Darcy. ¿No te das cuenta de que cuanto más tiempo pases sin encontrar una pareja adecuada y elegible, más creerá Anne que algún día te casarás con ella?

Darcy se giró bruscamente y comenzó a caminar hacia la puerta principal. —¡No tengo nada mas que decir al respecto!

Mientras se alejaba de su primo, ahora deseaba haber respondido a la pregunta de éste sobre el señor Collins. Apretó la mandíbula al contemplar que ambas conversaciones tenían en su centro a una tal Elizabeth Bennet, y eso era lo que lo tenía tan desconcertado. Durante meses había intentado olvidarla, pero ahora se enfrentaba tanto a la compañía del primo de ella como a la de su prima, con quien estaba prometido en matrimonio.

Su llegada solía ser el momento más difícil para Darcy, que intentaba ser cortés con Anne, pero sin darle demasiados motivos para sospechar que tenía intención de pedir su mano. Siempre fue fácil para el coronel Fitzwilliam, que no aspiraba a nada con ella. Además, era un hombre extrovertido por naturaleza, y la hizo sonreír y reír a carcajadas en un santiamén.

Tras el saludo inicial, los hombres se sentaron con las damas. El salón tenía las cortinas de las ventanas cerradas, lo que siempre enfurecía a Darcy, que creía que el sol mejoraría el ánimo de Anne, mientras que su madre creía que tendrían un efecto perjudicial sobre ella.

Después de hablar del desagradable viaje, empezaron a discutir sobre el vecindario.

Fue entonces cuando el coronel Fitzwilliam, que al parecer no se había olvidado del señor Collins, dijo: —Creo que hemos visto a su clérigo al otro lado del camino. Entiendo que es nuevo desde la última vez que estuvimos aquí.

—Sí, el señor Collins ha estado aquí menos de un año.

El coronel se inclinó hacia adelante con las manos juntas. —¿Y usted está contento con él?

—Lo estoy. Recibe de buen grado mis generosos consejos y correcciones, y su esposa ciertamente sabe cuál es su lugar—. Una sonrisa de satisfacción curvó los labios de Lady Catherine.

—¿Su esposa? —preguntó Darcy.

—Sí, se casó hace unos meses. La conoció en Hertfordshire—. De repente, Lady Catherine frunció el ceño y fulminó con la mirada a su sobrino favorito. —Oh, es cierto. Ellos afirmaron haberte conocido. Me disgustó muchísimo.

Los ojos del coronel Fitzwilliam se abrieron de par en par. —¿Se disgustó de que afirmaran conocer a Darcy?

Los dedos de Lady Catherine recorrieron el escote de su vestido y le lanzó a Darcy una mirada mordaz. —Me parecio bastante desagradable que estuvieran en tu compañía gran parte del otoño, mientras que yo debo conformarme con una breve visita en primavera.

Darcy controló sus facciones mientras trataba de determinar con quien podría haberse casado el señor Collins. Una oleada de temor lo atravesó al pensar que posiblemente se tratara de Elizabeth. Y si no era Elizabeth, una de sus hermanas.

—No tenía ni idea, cuando salí de Hertfordshire en noviembre, de que él tuviera predilección por alguna de las damas—. Le costaba trabajo respirar mientras esperaba que su tía revelara el nombre de la esposa del señor Collins.

El coronel Fitzwilliam se inclinó hacia él y le susurró: —Tal vez se casó con la joven que tú considerabas inadecuada para tu amigo. Entonces ya no tendrías que preocuparte por él.

Darcy no pensaba que descubrir que el señor Collins se habia casado con la señorita Jane Bennet fuera a tranquilizarlo.

—¿Cuál es el nombre de la joven que tuvo el honor de convertirse en la señora Collins? —preguntó Fitzwilliam.

—Su nombre es Charlotte, y es hija de Sir William Lucas. Un buen partido, creo, para el señor Collins.

El coronel Fitzwilliam miró a Darcy con una ceja levantada, como si le estuviera preguntando si podría tratarse de la dama en cuestión. Darcy hizo un leve movimiento con la cabeza.

Darcy sintió un gran alivio ante la noticia, pero no dejó de recordar la estrecha amistad que la señorita Lucas mantenía con Elizabeth. Se preguntó qué habría hecho él si hubiera sido Elizabeth quien se hubiera casado con el señor Collins. La idea lo horrorizó, sin embargo se reprendió a sí mismo por aquellos sentimientos que aún le parecían tan fuertes como siempre lo habían sido.

—¿Estaba el señor Collins dirigiéndose hacia aquí? —preguntó Lady Catherine.

El coronel Fitzwilliam se recostó en su asiento. —No. Al parecer se percató de la presencia del carruaje y luego se apresuró a regresar a la casa parroquial.

—Seguramente fue para informarle a su esposa e invitados. Ustedes deberían hacerles una visita en uno o dos días.

—¿Invitados? —preguntó Darcy.

Lady Catherine hizo un gesto con la mano. —La hermana de la señora Collins y su amiga de Hertfordshire. Nadie de importancia.

¿Podría ser Elizabeth? Darcy sintió que se le apretaba el pecho, se levantó bruscamente y se dirigió a la ventana. Era consciente de que se le había ido todo el color de la cara y trató de calmar cualquier signo externo de inquietud e impaciencia. Su cabeza y su corazón parecían librar una gran batalla. No estaba seguro de si quería que su cabeza triunfara y descubriera que no era ella, o que su corazón triunfara y descubriera que estaba justo al lado, en la casa parroquial.

Se volvió para mirar a su tía. —¿Y cómo… cómo se llama su amiga? —Contuvo la respiracion una vez formulada la pregunta, pero no necesitaba haberla formulado, pues de alguna manera sabía, en su fuero interno, lo que ella iba a decir.

—Es la señorita Elizabeth Bennet.

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