La agonía de la devoción

Volviendo a compartir con ustedes esta traducción del blog de More than Thornton sobre la agonía de la devoción del capitán Wentworth de Persuasión y el señor Thornton de Norte y sur.

Por Trudy Brasure

Traducido por Cristina Huelsz

¿A quién no le afecta al corazón la espera de ocho años del capitán Wentworth por Anne Elliot? ¡Ocho largos años! Un hombre debe estar realmente cautivado por una mujer para esperar tanto tiempo por ella.

Releyendo recientemente Persuasión, me impresionó de nuevo su inquebrantable admiración y afecto por Anne. Aunque se muestra hosco y orgulloso por la ruptura, sigue amándola. Intenta prestar atención a Louisa Musgrove, pero su corazón nunca está en ello. Los trágicos acontecimientos sacan a relucir la asombrosa fuerza de carácter de Anne: calma en las crisis, sabiduría práctica, sinceridad, compasión y abnegación. Sabe que ninguna otra mujer puede comparársele.

John Thornton también es testigo de la poderosa fuerza del carácter de Margaret, y jamás lo será más que durante el aterrador peligro del motín. Margaret insiste enérgicamente en que hable con sus sufridos trabajadores, ella no huye de la situación sino que se enfrenta a ello, lo sigue para atrancar la puerta detrás de él cuando sale y corre momentos después para tratar de calmar a la turba. Y, por supuesto, sobre todo, lo protege con su cuerpo cuando ve que está en peligro. Su principal motivo en todo esto: la compasión. A partir de este momento, Thornton queda completamente cautivado.

El lector sabe con certeza que ninguna otra mujer bastará ahora para Thornton, porque Gaskell revela su agonizante y obstinada devoción por Margaret tras el rechazo de ésta hacia él.

Se dijo a sí mismo que odiaba a Margaret, pero una salvaje y aguda sensación de amor hendió como un relámpago su apagado y estruendoso sentimiento, incluso mientras daba forma a las palabras que expresaban el odio. Su mayor consuelo consistía en abrazar su tormento; y en sentir, como de hecho le había dicho a ella, que aunque ella lo despreciara, lo condenara, lo tratara con su orgullosa y soberana indiferencia, él no cambiaba un ápice. Ella no podía hacerle cambiar. Él la amaba, y la amaría; y la desafiaba, y este miserable dolor corporal…

Todo lo que ganó a cambio de su viaje en ómnibus de seis peniques, fue una convicción más vívida de que nunca hubo, ni podría haber, nadie como Margaret; que ella no lo amaba y nunca lo haría; pero que ella -¡no! ni el mundo entero- nunca debería impedirle amarla.

Entonces, ¿cuánto tiempo pasa John Thornton amando a Margaret sin ninguna esperanza de reciprocidad? Unos dos años. Dos años de agonía, intentando seguir con su vida sin la esperanza de tener a Margaret como esposa.

El capitán Wentworth podría haber pasado sólo dos años sin Anne si se hubiera tragado un poco su orgullo y hubiera vuelto a verla antes. Al final de la novela le pregunta a Anne si lo habría aceptado después de su regreso de un exitoso viaje (que le reportó dos mil libras), un momento en el que han pasado dos años desde su ruptura. Anne exclama que lo habría hecho, y él admite que estaba demasiado herido y orgulloso para intentarlo, ¡al precio de seis años más de espera!

Thornton también podría haber acortado la duración de su agonía si hubiera percibido algún cambio en el comportamiento de Margaret hacia él. Ella estaba completamente enamorada de él en el momento en que se dijeron sus palabras de despedida en Milton, pero él estaba todavía demasiado herido para notarlo. Tuvo un impulso fugaz de preguntar de nuevo, pero lo reprimió:

Empezó a avanzar… para llevar a la señora Shaw hasta el carruaje. Mientras se acercaba, él y Margaret se quedaron juntos en el umbral de la puerta, y fue imposible evitar que el recuerdo del día de la revuelta se impusiera en la mente de ambos. En la de él se asoció con los discursos del día siguiente; la apasionada declaración de ella de que no había un hombre en toda aquella violenta y desesperada multitud, por el que ella no se preocupara tanto como por él. Y al recordar sus burlonas palabras, su ceño se endureció, aunque su corazón latía con un amor anhelante. -No -dijo él -la puse a prueba una vez, y la perdí toda. Deja que se vaya, con su corazón de piedra y su belleza; ¡qué mirada tan fija y terrible tiene ahora, a pesar de su belleza! Tiene miedo de que hable lo que requerirá una severa represión. Déjala ir. Por muy bella y rica que sea, difícilmente encontrará un corazón más sincero que el mío. ¡Déjala ir!

¡Esa impresión errónea de sus sentimientos le costó más de un año de soledad y dolor!

Por supuesto, en el caso de estos dos hombres, su larga lucha y agonía no hicieron más que aumentar el dramatismo romántico de sus poderosos sentimientos. Es tremendamente satisfactorio ver cómo sus rostros melancólicos se transforman en alegría cuando se dan cuenta de que estaban equivocados: ¡que han sido amados y apreciados de vuelta!

¡Feliz San Valentín!

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