Las historias jamás contadas, p. 55

Elizabeth recibe noticias de la señora Collins

Por Shannon Winslow

Traducido por Cristina Huelsz

Enero 16, 1812

Cuando Elizabeth se despidió de la antigua señorita Lucas en la puerta de la iglesia, lo hizo con el corazón encogido. Los años anteriores de amistad sin reservas, de fácil intimidad, habían terminado. En cualquier caso, el hecho de que una estuviera casada y la otra no habría supuesto una barrera. Pero la forma en que Charlotte se había casado -a quién había aceptado y por qué- era un obstáculo que Elizabeth sabía que nunca podría superar del todo. En adelante, el espectro del señor Collins siempre las dividiría.

No obstante, por respeto a lo que había sido, Elizabeth estaba decidida a conservar al menos un vestigio de su pasada amistad. Charlotte le había pedido que visitara Hunsford en marzo, y Elizabeth había aceptado, aunque preveía poco placer en el plan. Mientras tanto, habría intercambio de cartas.

Elizabeth esperaba la primera misiva de Kent con una especie de curiosidad morbosa. No es que deseara que su amiga fuera infeliz. Desde luego que no. Sencillamente le resultaba imposible imaginarse la situación de otro modo, imaginarse el estado de ánimo de Charlotte sin que sus propios sentimientos se apoderaran de ella. ¡Tuviste la razón todo el tiempo, mi querida Eliza! diría sin duda. He cometido el mayor error de mi vida al casarme con el señor Collins, y me temo que nunca me recuperaré. ¿Por qué, oh, por qué no escuché tu consejo?

Pero en lugar de eso, Charlotte escribió lo siguiente:

Mi querida amiga,

Sé que te habrás estado preguntando cómo estamos aquí en Kent. Así que te escribo unas líneas, mientras dispongo de media hora libre, para asegurarte que el señor Collins y yo estamos muy bien. No experimentamos ninguna dificultad en nuestro viaje desde Hertfordshire después de la boda, llegando a tiempo. Y mis impresiones al ver Hunsford por primera vez fueron también muy agradables.

La casa parroquial, aunque no es grandiosa ni mucho menos, está tan limpia y ordenada como cualquier persona razonable podría esperar. Ya me siento como en casa y me han permitido reclamar un bonito saloncito en la parte trasera de la casa para mi uso particular. Todo el mobiliario me parece adecuado para la familia de un clérigo. Esto no debería sorprenderme, ya que Lady Catherine lo ha hecho todo según su propio gusto y criterio, como ella misma me informó cuando se dignó a visitarme al día siguiente de mi llegada. ¿No fue eso algo considerado? Anticipo que será tan generosa con estas atenciones civiles como mi esposo siempre le ha atribuido el mérito.

En cuanto a más información sobre nuestra distinguida vecina, su hija y los esplendores de Rosings Park, debo aplazar para otra ocasión las detalladas descripciones que el señor Collins me ha animado a proporcionarte. Simplemente no tengo tiempo ni espacio en la página para hacerles justicia ahora. En cualquier caso, verán todas estas cosas por ustedes mismos cuando vengan en marzo. Por el momento, confórmate con saber que todo lo que hay aquí -casa, muebles, jardines, vecindario, etc- es de mi agrado y estoy muy satisfecha con mi situación.

Escribeme pronto, Lizzy. Ansío conocer todas las noticias de Meryton -todas tus pequeñas idas, venidas y actividades- y ninguno de los miembros de mi familia ha demostrado hasta ahora ser un corresponsal muy satisfactorio.

Con afectuosos saludos desde Hunsford,

Charlotte Collins

P.D. – El señor Collins te envía saludos a ti y también a tu familia. Pide que tengas la amabilidad de disculparte con tu padre en su nombre, por no haberle escrito con más prontitud. Es una circunstancia que se compromete a remediar muy pronto, momento en el cual solicitará el perdón del señor Bennet en la forma apropiada.

Vaya. Bien satisfecha. Era precisamente lo que debería haber esperado oír de su amiga: alegre practicidad y ninguna queja. Elizabeth podía aceptarlo. Incluso podía respetar tal afirmación, mientras que jamás habría creído que Charlotte fuera delirantemente feliz con el señor Collins. ¡Imposible! De acuerdo. Elizabeth supuso que ella también debía estar satisfecha. No podía entenderlo del todo, pero le debía a Charlotte alegrarse por ella, alegrarse de que pudiera estar contenta con la vida que había elegido para sí misma. Estaba claro que no había nada más que hacer. Bueno, había una cosa más. Elizabeth sacó dos hojas de papel del escritorio y se dispuso a escribir una respuesta.

Mi querida Charlotte,

Gracias por tu carta. Me ha alegrado mucho saber que te encuentras bien y que todo en Hunsford se ajusta tanto a tus gustos y expectativas. Aquí en Longbourn, seguimos tal como nos dejaste…

Deja un comentario