Las historias jamás contadas, p. 52

Jane le hace una visita a Caroline y Louisa

Por Susan Mason-Milks

Traducido por Cristina Huelsz

Enero 10, 1812

Jane se encontraba sentada en el salón de la casa de los Hurst, en Grosvenor Street, esperando a que aparecieran Caroline Bingley y Louisa Hurst. Instalada en una silla forrada de terciopelo, se sentía un poco incómoda y fuera de lugar. La casa no era grande, pero casi todo en ella era pretencioso, como si estuviera diseñado para impresionar a los visitantes con la posición financiera de su propietario. Jane consideraba que la decoración de aquella habitación en particular era demasiado formal y recargada para su gusto. El único toque personal era un pequeño grupo de miniaturas sobre una mesa cercana.

Al examinar los pequeños retratos más de cerca, Jane reconoció a Caroline y Louisa. Ambas parecían haber sido pintadas cuando tenían unos quince o dieciséis años. El artista había redondeado generosamente algunos de los ángulos agudos de los rasgos de Caroline, suavizando su aspecto. Jane sonrió al ver que también había reducido considerablemente el tamaño de su nariz.

Sin embargo, la miniatura que más interesaba a Jane era la de Charles Bingley. Cuando tomó el diminuto retrato para examinarlo más de cerca, involuntariamente respiró hondo y rápido, exhalando lentamente con un suspiro silencioso. Jane había pasado muchas semanas negando todo lo que sentía por aquel hombre, pero al ver su retrato volvía a sentirlo con toda su fuerza, lo que provocaba el retorno de aquella sensación de vacío que ya le era tan familiar. Jane tocó ligeramente el cuadro con el dedo, como si pudiera realmente acariciar su rostro. Todo el dolor de la pérdida que había estado guardando en su interior amenazaba ahora con salir. No se iba a permitir llorar. No permitiría que nadie, especialmente sus hermanas, viera lo herida que estaba.

El señor Bingley era todo lo que ella siempre había esperado de un pretendiente, y eso hizo que su pérdida fuera aún más difícil de soportar. No era culpa suya que su simpatía y encanto hubieran hecho que ella malinterpretara sus atenciones. Después de todo, él era conocido por sus buenos modales y su actitud amistosa. Jane estaba tan segura de que se estaba encariñando con ella y de que su afecto era igual al suyo. Cuando él no regresó a Netherfield, ella se vio obligada a despertar del delicioso sueño de convertirse en su esposa que se había creado. Sabía que en el futuro cualquier hombre que buscara sus atenciones sería comparado con él, su primer amor. La triste verdad era que Charles se casaria con alguien como Georgiana Darcy y se olvidaría de que alguna vez había conocido a Jane Bennet de Longbourn. Ella sólo había sido una divertida diversión durante su estancia en el campo. Jane pensó que no podía culpar a nadie más que a sí misma por pensar que aquello había sido algo más que un flirteo. Si el corazón de él hubiera estado verdaderamente comprometido, nunca se habría marchado sin decir una palabra. A pesar de lo sucedido, Jane aún confiaba en poder continuar su amistad con las hermanas Bingley, que tan prometedoramente había comenzado en Hertfordshire.

Antes de partir para Londres, Jane les había escrito a Caroline y Louisa para informarles de su llegada a la ciudad, y también les había dado la dirección de sus tíos Gardiner para que pudieran escribirles a su vez o venir a visitarla. Ya había pasado más de una semana, pero no sabía nada de sus amigas. Jane estaba segura de que si Caroline hubiera recibido su último mensaje, le habría contestado. El silencio sólo podía significar que la carta se había perdido. Ese pensamiento fue lo que impulsó a Jane a tomar la iniciativa de visitarlas primero.

―¡No puedo creer que en realidad ella haya venido! ―gimió Caroline. Louisa y ella seguían en su camerino arreglándose para recibir a su invitada. ―Creía que mi carta dejaba claro que ella no debía esperar más de Charles―. Caroline estaba muy triste porque se vería obligada a ser agradable con Jane Bennet. ¿Qué le diría a aquella pueblerina? Caroline no había contestado intencionadamente a la última carta de Jane con la esperanza de evitar precisamente esta situación, pero había venido a visitarlas en lugar de darse por enterada. Caroline estaba segura de que había hecho todo lo posible para dar a entender que los sentimientos de Charles estaban comprometidos con otra persona.

―¿Debería avisar que estoy indispuesta por un dolor de cabeza? ―le preguntó Caroline a su hermana.

―No seas tonta. Las dos no podemos alegar que nos duele la cabeza, y no voy a reunirme con ella a solas ―respondió Louisa. ―Caroline, es una chica dulce. Creo que debemos verla.

Caroline soltó un bufido de disgusto.

―Sabes que sería una descortesía imperdonable no pasar al menos unos minutos con ella ―le aconsejó Louisa.

―Entonces debemos tener un plan para acortar su visita. ¿Qué le decimos?

―No tengo ni idea. Tú eres la única que sabe cómo inventar excusas ―dijo Louisa distraídamente mientras volvía a mirar su cabello en el espejo.

―Le diré a Graves que si no hemos salido en diez minutos, venga a la puerta para recordarnos que debemos irnos casi de inmediato a nuestra cita―. Caroline frunció el ceño mientras alisaba arrugas imaginarias de su vestido.

―Oh, deja de quejarte ―dijo Louisa dándole una palmada en la mano a su hermana.

Caroline saltó hacia atrás y le lanzó una mirada desagradable a Louisa. ―¡No hagas eso! Tú no eres mamá.

Louisa puso los ojos en blanco y volvió a centrar su atención en el problema. ―También podrías informarle de que la señorita Darcy cenará con nosotros esta noche ―comentó socarronamente.

―Tal vez con eso sea suficiente para desanimarla ―replicó Caroline.

Justo cuando estaban a punto de salir del camerino, Caroline puso una mano en el brazo de su hermana. ―¡Oh, querida! Louisa ―dijo con una expresión de horror en su rostro―, la cortesía se requerirá que devolvamosl la visita. No estoy segura de poder soportar la idea de ir a… a…

―¡Cheapside! ―gimieron simultáneamente como si la sola palabra fuera repugnante de pronunciar.

―¡Si lo recuerdas, te advertí que esto podría pasar! La próxima vez que a Charles se le ocurra prestar atención a alguien tan inadecuada como ella, debemos ponerle fin mucho antes ―dijo Caroline mientras enlazaba los brazos con su hermana.

Justo antes de que entraran en la habitación donde Jane las esperaba, Caroline respiró hondo y dibujó una brillante sonrisa en su rostro.

―¡Oh, Jane, querida! ¡Qué alegría verte! ―canturreó con su voz más dulce mientras entraba flotando en el salón. ―¿Por qué no nos avisaste que venías a la ciudad?

―Envié una carta hace unas semanas, justo antes de salir de Hertfordshire. Tal vez se perdió ―dijo Jane.

Caroline pensó que era muy propio de Jane ofrecer convenientemente su propia explicación. Eso le ahorraba a Caroline la molestia de inventar algo sobre la marcha.

―¿Y su familia se encuentra bien? ―preguntó Louisa cortésmente acomodándose en una silla cercana.

―Oh, sí, gracias. Todos están muy bien. ¿Y su familia?

―Sí, todos están bien ―respondió Louisa.

Jane bajó la mirada hacia sus manos. ―¿Su hermano también está bien? ―preguntó tentativamente.

Louisa y Caroline intercambiaron miradas. ―Oh, sí, por supuesto, pero rara vez lo vemos estos días. Ha pasado tanto tiempo en casa de los Darcy que empezamos a pensar que vive allí ―respondió Caroline con una risa forzada.

―¿Y cómo están los Darcy? ―preguntó Jane más por cortesía que por verdadero interés.

―El señor Darcy estaba un poco indispuesto a su regreso de Hertfordshire, pero creo que ya se encuentra bastante bien ―contestó Caroline. Después de todo, era perfectamente comprensible. Haberse visto obligada a soportar la compañía de tanta gente desagradable en Hertfordshire también la había hecho sentirse mal a ella.

―La señorita Darcy también goza de excelente salud ―añadió Louisa. ―Es una joven encantadora. ¿Quién no quedaría prendado de su belleza y sus logros?

Caroline se iluminó. Louisa había creado la apertura perfecta. ―¡Sí, estamos deseando que la señorita Darcy cene con nosotros esta noche! ―No añadió que Charles estaría con el señor Darcy en casa de un viejo amigo de clase. No estaría de más que Jane supusiera que los caballeros se unirían a ellas, ya que fomentaría la idea de que posiblemente hubiera más de una unión entre las dos familias. Caroline seguía hirviendo de odio hacia Eliza Bennet debido a la marcada preferencia de Darcy por ella. Pensaba que no le haría ni pizca de daño que Jane le escribiera a su impertinente hermana que dos de los Bingley mantenían una relación muy íntima con los Darcy. ¡Bellos ojos, desde luego! ¡Que fuera ella la celosa!

Se hizo un silencio incómodo en la habitación. Realmente tenían tan poco en común aparte de su breve relación en Hertfordshire.

―¿Ha ido a alguna asamblea o baile desde que nos fuimos? ―preguntó Caroline, ahogando una sonrisa de satisfacción detrás de la mano.

Jane pareció confundida por un momento. ―Oh, sí, asistimos a un baile maravilloso en Nochevieja, y durante diciembre hubo muchas fiestas y cenas en el vecindario.

―Qué encantadori ―dijo Caroline. Louisa se lanzó a un largo discurso sobre todos los bailes y cenas a los que habían asistido desde su regreso a Londres. Describiendo con todo lujo de detalles algunos de los fabulosos vestidos y joyas que habían visto en esos eventos. Esperaba impresionar a Jane y acentuar aún más la diferencia entre los Bingley y los Bennet.

Mientras Louisa divagaba, Caroline intentaba frenéticamente pensar en otro tema. Como no se le ocurría nada, parecía tan buen momento como cualquier otro para mencionar que debían marcharse pronto. Una repentina inspiración la golpeó, y se metió en la conversación interrumpiendo a su hermana.

―El señor Darcy ha tenido la gentileza de enviarnos su carruaje para que podamos visitar a la señorita Darcy esta tarde. Me temo que nos quedan sólo unos minutos antes de que llegue para llevarnos ―comentó Caroline con un ingenioso movimiento de la mano. Pensó que había sido especialmente inteligente por su parte inventar esta pequeña historia, ya que era un ejemplo más de la estrecha relación que existía entre las dos familias.

Justo en ese momento, Graves apareció en la puerta. Caroline se levantó inmediatamente de su silla indicando que la visita había terminado, y Jane la siguió.

―Es una pena que no podamos volver a Netherfield y que se nos prive del placer de volver a ver a su querida familia. Debe enviarles recuerdos de nuestra parte ―dijo Caroline con dulzura mientras acompañaban a Jane a la puerta principal.

Aunque ya le había dado su tarjeta al mayordomo cuando llegó, Jane metió la mano en su pequeña bolsa y sacó otra tarjeta con la dirección de los Gardiner. ―Me encantaría que viniera a casa de mis tíos mientras estoy en la ciudad. Por favor, vengan cuando quieran.

Tanto Caroline como Louisa le aseguraron a su invitada que las vería muy pronto. Una vez que la puerta se cerró tras Jane, las hermanas Bingley se miraron y soltaron una carcajada allí mismo, en el vestíbulo.

Cuando Jane llegó a la acera, se giró para mirar hacia la casa. Había algo que no encajaba, pero no sabía qué era. Su promesa de devolverle la visita sonaba hueca y forzada. Ni siquiera le habían ofrecido un refrigerio. De repente, se dio cuenta. ¿Por qué iban las hermanas Bingley a visitar a la señorita Darcy esta tarde si ella iba a ir a cenar a casa de ellas esa misma noche? No tenía sentido.

Aunque Jane no dejó de darle vueltas al asunto durante todo el camino de vuelta a Cheapside y se debatió entre pedir la opinión de su tía, al final decidió que debía de haberlo entendido mal. Caroline y Louisa eran sus amigas. Convencida de que le devolverían la visita muy pronto, tal y como le habían prometido, empezó a organizar su agenda para estar en casa y recibirlas cuando llegaran.

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