
Un baile para olvidar
Por Maria Grace
Traducido por Cristina Huelsz
Enero 5, 1812
En los bailes de máscaras de la Noche de Reyes solían asignarse personajes a los asistentes. Normalmente, cada invitado elegía un personaje al azar sacando un papelito de un sombrero o una bolsa al llegar al baile. Algunas anfitrionas enviaban la selección del personaje a sus invitados para que vinieran ya disfrazados de su personaje. Otras les proporcionaban disfraces para que se los pusieran una vez elegidos los personajes. Los invitados debían permanecer en su personaje durante toda la velada. Si un invitado se salía del personaje durante la noche, tenía que pagar una multa. (Fuente: https://randombitsoffascination.com/2020/12/10/masks-and-parties-and-balls/)
Noche de Reyes, ya casi era Noche de Reyes. ¡Qué fastidio! Era casi Noche de Reyes y no había nada absolutamente que hacer al respecto.
La luz del sol de la tarde entraba por las ventanas, trazando un ordenado camino de luz a través de su estudio, iluminándolo todo como a él más le gustaba. Por desgracia, ni siquiera la habitación bien arreglada podía calmar su alma atormentada. Darcy se paseaba por delante de su escritorio, sin apartar los ojos de la burlona carta de cuando la elegante mano de lady Matlock lo atormentaba con una invitación a su baile de Noche de Reyes.
El día en que recibió la terrible misiva, envió su promesa de asistir. El acto fue automático, un reflejo de cortesía que le inculcó una larga estirpe de Darcy educados y correctos. Si se hubiera tomado unos instantes para reflexionar sobre sus actos, tal vez no se encontraría en el dilema que le estrujaba las tripas.
Detestaba los bailes, y éste en particular, lo odiaba con el fuego reservado a todo lo pretencioso y social. No se le daban bien estar con gente desconocida y este baile no sería más que una actuación ante muchos extraños. Bien podría ser un animal de circo -un cerdo sabio o un caballo contador- que el maestro de ceremonias, Lady Matlock, pusiera a prueba ante las damas y las herederas. Tal vez debería sugerirle que se disfrazara así el año que viene.
¿Qué sería peor, que ella despreciara la idea o que la abrazara con fervor religioso?
El decantador de oporto captó un destello de luz solar y se inclinó hacia él desde el otro lado de la habitación. Qué idea tan excelente.
La llamada del ama de llaves lo detuvo a medio paso.
Qué fastidio. Cerró los ojos con fuerza. Era demasiado temprano para buscar consuelo en el oporto. «―Adelante.
Ella se asomó y dejó caer una pequeña reverencia. ―El coronel Fitzwilliam desea verlo, señor. ¿Desea recibirlo? ―Al menos ella reconoció que él no apreciaba la interrupción.
¿Fitzwilliam? ―Hágalo pasar.
¿Cómo podía saber Fitzwilliam lo poco que le apetecía tener compañía en ese momento? Su sincronización era notable en ese sentido. Darcy se enderezó la chaqueta y se apresuró a sentarse cerca del fuego. No tenía sentido darle a Fitzwilliam la satisfacción de ver una prueba de su desconcierto.
―Buenas tardes, Darcy―. Fitzwilliam entró, relajado e informal, como si estuviera en su propia casa. ¿Cómo lo hacía? Fitzwilliam parecía sentirse como en casa dondequiera que fuera.
―Buenas tardes―. Darcy se levantó e hizo una pequeña reverencia. Probablemente demasiado formal para la ocasión, pero era el saludo más cómodo que conocía. ―¿A qué debo el placer de tu compañía? ―Por dudoso que fuera.
Fitzwilliam le tendió la mano y no la retiró hasta que Darcy se la estrechó. Sí, su relación permitía tales gestos familiares, pero ¿era necesario utilizarlos en cada encuentro?
―Trata de relajarte, Darcy. Después de todo, somos familia―. Fitzwilliam se hundió en su sillón favorito y apoyó un pie en el otro.
¿Tenía idea de lo espantoso que se veía su postura? ¡Qué imagen tan mala siendo uno de los oficiales de Su Majestad!
―Puedes darle las gracias a mi madre por la visita―. Fitzwilliam alzó una ceja en señal de simpatía.
Darcy se apretó las sienes. ―¿Puedo preguntar cuál es el propósito de ella?
―Probablemente no, pero te lo diré de todos modos―. Fitzwilliam se llevó las manos a la nuca y soltó una risita. ―Me ordena que garantice tu asistencia a su baile.
―Ya he enviado…
―Lo sé, yo mismo vi la respuesta, ella me la mostró para regañarme por mi caligrafía. Por cierto, tienes una letra excelente, muy elegante.
―¿Y eso no es suficiente para ella?
―Ya sabes lo fastidiosa que es Madre, y ella sabe que preferirías romperte una pierna antes que tener que asistir.
―¿Crees que fabricaría una caída por las escaleras para evitar el baile?
―Yo no―. Fitzwilliam se tocó el pecho y sacudió la cabeza.
―Gracias.
―Pero mi madre es un asunto completamente distinto―. Fitzwilliam acentuó la afirmación con su característica media sonrisa irónica.
Darcy se quedó mirando el techo y murmuró en voz baja.
―En verdad, no comprendo tu aversión a…
―A ponerme un disfraz, y lo que es peor, uno que no haya elegido yo―. Darcy se acercó a Fitzwilliam y se elevó sobre él.
―¿Siempre tienes que sacar lo peor de todo? Quiero que sepas que mi madre seleccionó tu personaje con mucho cuidado. Lo meditó durante días, para que no te impidiera asistir. Tengo instrucciones de informarte que no habrá un sorteo al azar para ti. Mi padre tiene instrucciones estrictas sobre el juego de manos necesario para asegurarse de que recibas lo que ella eligió para ti.
Qué consideración. Quizás le había hecho un gran favor a Lady Matlock esperando tan poco de ella. Asumir lo mejor de la gente, incluso de su propia gente, claramente no era su fuerte.
―Puedo ver que estás sorprendido.
―La tía Matlock es realmente muy amable―. Se frotó la nuca. ―Aunque agradezco la consideración, no cambia mucho el hecho concreto de que se espera que actúe.
―Ella me asegura que tu personaje no requerirá ninguna actuación por tu parte, simplemente actúa como tú mismo y estarás «en el personaje» por así decirlo. Probablemente ha creado a Christopher Curmudgeon en tu honor―. Fitzwilliam se tragó una carcajada.
Mejor ignorar ese comentario. Darcy cruzó la estancia a grandes zancadas, siguiendo el tenue rastro dejado en la alfombra. ―Aprecio los esfuerzos de tu madre, pero de todos modos, se me niega la elección de pareja para esta velada. Debo pasar mi tiempo con quien ella elija de esa ridícula bolsa suya.
―En cuanto a eso, ella desea que te asegure que si le indicas una preferencia, se las ingeniara para que tengas la pareja que deseas.
Darcy se detuvo junto a la ventana y apoyó su frente contra el fresco cristal. Allí radicaba el problema.
La pareja que deseaba no estaba en Londres y, aunque así fuera, su nombre resultaría completamente desconocido para cualquier alto personaje. Se pellizcó el puente de la nariz.
¡Qué tontería! Debía regular sus pensamientos, sin permitir que vagaran hacia ella. Ella era muy inadecuada en todos los sentidos: fortuna, crianza, conexiones, incluso sus modales eran apenas adecuados. Y su familia, ¡realmente espantosa! Eso era en lo que tenía que concentrarse… no en sus bonitos ojos ni en sus opiniones informadas, aunque atrevidas. Ni en el regocijo que le producía conversar con ella, ni en la forma convincente en que lo desafiaba a considerar sus propias opiniones. Se pasó un dedo por el interior de su cravat.
―¿Darcy?
―Yo… no deseo verme obligado a pasar toda la velada con una sola joven. La gente -incluida su familia- se harían ilusiones, olvidando convenientemente que fue sólo un hecho casual lo que me llevó a estar con ella en primer lugar―. Levantó las manos.
―¿Y qué hay de mi hermana? Letty está prometida, pero su prometido está ahora mismo en el continente. No tiene necesidad de aprovechar la oportunidad para buscar a un hombre atractivo, así que no se perderá nada por ser tu compañera. Sin mencionar que Lord Blake es conocido por su vena celosa. Así que no te percibirá como un rival por las atenciones de Letty.
―Pero ella ha aceptado su propuesta…
Fitzwilliam se encogió de hombros. ―Ya lo sé. No necesitas convencerme de lo indecoroso de su actitud. Habla tú mismo con Blake. Todo lo que puedo decir es que le estarías haciendo un favor tanto a Letty como a ti mismo.
―Supongo que eso sería aceptable―. Pero sólo por poco. Letty no era una persona poco inteligente, pero sus intereses sólo llegaban hasta la alta sociedad. Se vería obligado a escucharla parlotear toda la noche sobre el último suceso. Al menos no se mostraría tímida ni coqueta, y no esperaría que él la visitara al día siguiente del baile.
―Entonces, ¿puedo asegurarle a mi madre que vendrás esta noche?
―Puedo tolerar una noche en compañía de tu hermana, pero no…
―Jugar ningún juego, excepto una digna partida de whist. Sí, sí, tenlo por seguro, todos lo sabemos. No esperaba que este sería el año en que veríamos tu cara hundida en un pudín de bala, o gesticulando silenciosamente una pista en las adivinanzas.
Darcy se estremeció. ¿Cómo podía alguien encontrar divertidos semejantes pasatiempos?
―Tienes suerte de que Letty prefiera las cartas a otros juegos. Aunque tal vez tengas que rebajarte y hacer concesiones para jugar con ella. Es notoriamente mala en el whist.
Lo había olvidado. Darcy gruñó. ―Puedo aceptarlo.
―Muy bien entonces, le llevaré a mi madre las noticias que más desea oír―. Fitzwilliam se levantó. ―No comprendo por qué ella se esfuerza tanto por verte acudir o por qué dices que asistirás a un acontecimiento que tan claramente te aterra.
―La tía Matlock desea verme casado y aprovechará cualquier oportunidad para presentarme en la feria nupcial, aunque sea con tu hermana del brazo. No me cabe duda de que todavía espera que baile con otras jóvenes y le dé a ella el mérito de reunirme con la compañera para el resto de mi vida―. Darcy se apretó los ojos con el pulgar y el índice. ¿Qué pensaría ella al verlo bailar con la joven con la que realmente deseaba formar pareja?
Fitzwilliam soltó una risita. ―¿Por qué te sometes a esto cuando podrías negarte tan fácilmente?
―Sería impropio, descortés y mal recibido que declinara su invitación.
―Como quieras―. Fitzwilliam inclinó la cabeza y se marchó.
Darcy regresó a su escritorio y acunó su rostro entre las manos. Que suerte que Fitzwilliam se hubiera marchado antes de sonsacarle toda la verdad. Dejando a un lado la cortesía, la invitación de lady Matlock podría ayudarlo a olvidar, aunque sólo fuera por una noche. Cualquier distracción de los intrusos recuerdos de una encantadora Elizabeth Bennet era bien recibida, aunque se tratara de un baile de Noche de Reyes.