
Charlotte Lucas en el primer día del año.
Por Abigail Reynolds
Traducido por Cristina Huelsz
Enero 1, 1812
Lady Lucas se alegró mucho al recibir a su primer visitante en el año de Nuestro Señor de 1812. ―¡Feliz año nuevo para usted, Juez Braxton! Es un placer inesperado. No recuerdo la última vez que nuestra casa fue honrada con su presencia. Por favor, siéntese y permítame pedir que traigan té y unos bocadillos.
Charlotte se quedó paralizada por un momento hasta que se dio cuenta de que el juez estaba solo. Incluso entonces, tras un cortés saludo, se dedicó a su trabajo con más diligencia de la habitual. No tenía motivos para sospechar que se tratara de algo más que una visita social, pero le pareció extraño que el tío de Willoughby se presentara en ese momento.
El juez lucía algo más encorvado de lo que ella recordaba, pero su porte orgulloso seguía siendo evidente. ―El placer es mío y, por favor, acepte mis buenos deseos para el nuevo año. Estos días paso la mayor parte de mi tiempo en Londres, pero incluso yo puedo desear ver mi propia casa en Navidad, y si ello me brinda la oportunidad de renovar mi amistad con mis vecinos, tanto mejor. Espero poder persuadirla para que asistan a una cena de Noche de Reyes en Ixton Place. No un baile, sólo será una reunión amistosa.
Lady Lucas juntó las manos como si ésta fuera la noticia más encantadora que jamás hubiera oído. ―Sería un honor asistir. ¿Verdad, Charlotte?
Charlotte forzó una sonrisa. ―Sería un placer―. Antes huiría de casa que ir de buena gana a casa de Willoughby.
―¡Espléndido! ―Él asintió hacia Charlotte. ―Y he oído que pronto habrá una boda. Espero que me perdone si sigo esperando que sea una jovencita en lugar de una dama a punto de casarse.
Tras una visita de media hora, el juez anunció que debía marcharse. Cuando Lady Lucas, muy atenta, quiso acompañarlo a la puerta, él solicitó la compañía de la futura esposa.
Charlotte, con el estómago hecho un nudo, caminó a su lado hasta que él se detuvo justo al lado de su carruaje.
―Señorita Lucas, por mucho que respete a sus padres, el objetivo principal de mi visita era hablar con usted.
―¿Conmigo, señor? ―preguntó Charlotte débilmente.
―Sí. Ha llegado a mi conocimiento un informe bastante inquietante sobre mi sobrino, y espero que usted pueda ayudarme a determinar si es cierto―. Sus ojos agudos la taladraron.
―No lo conozco bien a él―. ¿Cómo se había enterado de la apuesta? ¿Willoughby había alardeado de ello tan libremente?
―Aún así, tal vez usted haya oído hablar de este asunto. Al parecer, hizo una apuesta que requería que otro joven sedujera y abandonara a cierta joven conocida suya, una joven a quien le guardaba algún rencor en el pasado. ¿Sabe usted algo de esto?
―Su sobrino me lo mencionó la última vez que nos vimos ―respondió Charlotte con firmeza.
―¿Conoce la naturaleza del rencor? ―Su tono exigía una respuesta.
Ella vaciló, compadeciéndose de los abogados obligados a defender sus casos ante él. ―Sólo puedo conjeturar que puede estar relacionado con una ocasión, hace años, en la que él se acercó a la dama sin intenciones que no pudieran calificarse de honorables. La dama lo denunció a sus hermanos, quienes tomaron algún tipo de medida contra él, pero no puedo decir cuál fue―. Era la verdad. Sus hermanos se habían complacido en negarse a contarle lo que habían hecho.
―Ya veo―. El juez asintió. ―¿Tiene usted la impresión de que la intención de él era herir a la dama en cuestión?
―Herirla y humillarla, y tal vez chantajearla ―dijo ella con amargura. ―Eso lo dejó bien claro.
Él frunció el ceño. ―Lamento mucho oírlo. Sin embargo, me aseguraré de que él no vuelva a molestarla.
―Se lo agradecería―. Charlotte notó que le temblaba la voz.
―También le estaría especialmente agradecido si asistiera a mi reunión de Noche de Reyes en lugar de permitirse un dolor de cabeza o cualquier otra cosa que hagan las jóvenes en estos días. Puedo prometerle que mi sobrino no asistirá.
―En ese caso, haré lo que pueda.
―Él tampoco saldrá indemne de este sórdido asunto. Haré un anuncio en la Noche de Reyes sobre un cambio en mi testamento. Willoughby ya no será el heredero de Ixton Place.
Charlotte se quedó boquiabierta. ―¿Usted haría eso? ¿Debido a esto?
―He tenido mis dudas sobre él durante algún tiempo, pero esto lo ha confirmado, y tengo otros sobrinos. Mis disculpas, señorita Lucas, por haberla afligido por la falta de carácter de mi sobrino―. Inclinó la cabeza en lo que obviamente era una despedida.
¿Podría ser cierto que Willoughby sufriera por lo que le había hecho? Pero se encogió al pensar en lo públicamente que él debió vanagloriarse de la caída de ella, para que su tío se hubiera enterado. ―¿Juez Braxton? ―Ella habló a su espalda.
―¿Sí?
―¿Puedo preguntarle cómo llegó este asunto a su conocimiento?
Él le dirigió una mirada larga y pensativa. ―Recibí la visita del hombre -no puedo llamarlo caballero- que había aceptado la apuesta. Parece que ahora se arrepiente y le preocupa que mi sobrino pueda hacerle más daño a usted. Dadas las circunstancias, no me pareció fiable su palabra, de ahí mi visita de hoy.
―Lo comprendo. Gracias―. Sus mejillas se encendieron. El señor Robinson había intentado defenderla.
―Por favor, acepte mis mejores deseos para su matrimonio, y mi sincera esperanza de que su esposo sea más digno de su fe que estos hombres que es mejor olvidar.
―Yo también lo espero―. Ella hizo una reverencia mientras él subía al carruaje.
―Espero verla en la Noche de Reyes, señorita Lucas ―dijo él a través de la ventanilla mientras el carruaje se ponía en marcha.
Charlotte se mordió el labio y saludó con una sonrisa que contradecía sus sentimientos de humillación.
Su madre la esperaba en el interior de Lucas Lodge. ―¿Qué te ha dicho el juez, Charlotte? Parecía muy serio.
―Nada de gran importancia ―dijo Charlotte, práctica y tranquila como siempre. ―Quería asegurarse de que yo podría asistir a la Noche de Reyes con mi boda tan próxima.
―¡Qué generosidad! ―dijo Lady Lucas con admiración. ―Me hace recordar que él parecía estar particularmente encariñado contigo cuando eras una niña. ¡El señor Collins estará encantado!