Las historias jamás contadas, p. 40

Las matronas de Hertfordshire hablan de los planes de boda de Charlotte Lucas

Por Amy D’Orazio

Traducido por Cristina Huelsz

Diciembre 17, 1811

Lady Lucas no podía ser insensible al triunfo de poder replicarle a la señora Bennet el consuelo de tener una hija bien casada; y pasaba por Longbourn bastante más a menudo que de costumbre para decir lo feliz que se sentía, aunque las miradas agrias y los comentarios malintencionados de la señora Bennet hubieran bastado para ahuyentar la felicidad. Orgullo y prejuicio Capítulo 23.

En opinión de la señora Bennet, cuanto más sencilla la joven, más ligeras las faldas. Cada dama tenía su propia clase de atractivos, sólo que los atractivos de algunas damas eran menos visibles. Pero no por ello menos poderosa, la señora Bennet se sentía malhumorada sirviendo el té a las damas que la habían visitado aquella mañana. En cuanto a ella, hubiera preferido que Lady Lucas se quedara en casa por una vez, ya que había estado visitándola casi todos los días para poner a la señora Bennet al corriente de tal o cual detalle, o para hacerle alguna pregunta tonta que no era tal, sino simplemente un alarde oculto. Hacía apenas dos días, Lady Lucas había preguntado, con aire de gran inocencia, si todos los armarios de Longbourn tenían estantes, ya que la casa parroquial de Hunsford contaba con estantes muy bien equipados en todos ellos.

Cuando se había marchado aquel día, la señora Bennet había esperado un largo respiro entre la próxima vez que tuviera que soportar su compañía, pero no, era mucho más de lo que cabía esperar. Apenas unos segundos después de que la señora Goulding llegara con la señora Long, allí estaba ella en la puerta.

―Usted debe estar tan complacida ―le dijo la señora Long a Lady Lucas―, ¡de ver a su querida niña instalada por fin, y tan ventajosamente!

―Él tiene un aire muy agradable, ¿no es así? ―comentó la señora Goulding.

Louisa, porque no tomas un poco más de pastel ―dijo firmemente la señora Bennet. En su opinión, cuanto menos se hablase del aire agradable del señor Collins, mejor. En su opinión, era más como una bolsa de aire. De aire caliente.

―Por supuesto que debe informarnos de todos los planes ―continuó la señora Long, ignorando la súplica de la señora Bennet de tomar más pastel. ―¿Habrá un viaje nupcial?

Lizzy había pensado que era indecoroso el apuro con que el señor Collins le había propuesto matrimonio a Charlotte Lucas luego de que ella lo hubiera rechazado. Sin embargo, la señora Bennet habría apostado su nuevo sofá a que lo indecoroso había ocurrido antes de la propuesta. No hubiera sido la primera vez en que Lady Lucas dejaba «accidentalmente» a un joven soltero a solas en una habitación con Charlotte; sólo que el señor Collins fue el primero en caer en la trampa. Lizzy no sabía nada de ese tipo de cosas, por supuesto.

―Charlotte está ansiosa por establecerse en su nuevo hogar ―admitió Lady Lucas. ―Así que se irán a Kent inmediatamente después de la boda.

En otras palabras, el señor Collins no disponía de los recursos necesarios para brindarle a su esposa un viaje nupcial apropiado. La señora Bennet apenas se abstuvo de burlarse abiertamente. Ahora bien, si el señor Bingley regresara y le propusiera matrimonio a Jane, podría estar segura de que ellos sí tendrían un encantador viaje de bodas. ¡Tal vez Italia, o incluso Grecia!

―¿El señor Collins no tiene familiares que los ayuden? ―inquirió la señora Long mientras finalmente le hacia un gesto con la cabeza a la señora Bennet aceptando más pastel.

―Me temo ―respondió la señora Bennet―, que el señor Bennet es su pariente más cercano. Su propio padre murió hace muy poco―. Por su tono, dejó muy claro que pensaba que esto era realmente un defecto. ¿Qué clase de hombre no tenía más parientes cercanos que un primo al que no había visto en toda su vida? ¿Veinticinco años y sin ningún pariente? Un absoluto disparate. Un hombre debería tener algún pariente, no sólo un padre recién fallecido.

―Es una pena ―coincidió Lady Lucas con un gesto de tristeza. ―Por supuesto que es muy apreciado por su noble patrona. Por lo que me ha contado, parece que ella tiene la intención de hacer mucho por ellos. Me dijo personalmente que la dama tiene la intención de visitar a su esposa en su nuevo hogar. ¡Imagínense! Una gran dama, instruyendo directamente a mi querida Charlotte.

Las otras dos hicieron los correspondientes ruidos de deleite y aprobación, mientras que la propia señora Bennet se esforzaba por no poner los ojos en blanco. Me atrevería a decir que esta Lady Catherine se pone una media cada vez, igual que el resto de nosotros. En cualquier caso, ¿cuántas veces necesitaban oír que Lady Catherine visitaría a la nueva señora Collins? Ella misma lo había escuchado nada menos que en cuatro ocasiones, ¡incluso en su propuesta a Lizzy!

―Aún así ―dijo la señora Goulding―, no importa lo que haga su noble patrona, no hay nada como la familia.

Por la forma en que lo dijo, parecía que pensaba que los Bennet debían hacer algo por ellos. La señora Bennet frunció el ceño.

Sería un bonito gesto si ella tuviera algo para la pareja, alguna celebración en nombre de su lado de la familia. Lady Lucas no podía hacerlo todo por ellos; sólo el cielo sabía que exigiría mucho de sus capacidades organizar un elegante desayuno de bodas.

Por un momento, la señora Bennet se perdió pensando en cómo habrían sido los festejos por la boda de Jane. Desde luego, no se parecían en nada a lo que Lady Lucas estaba describiendo a las otras dos damas. No creía que fuera a preparar un plato de ensalada. ¡No un plato de ensalada! Todos los desayunos de boda más elegantes tenían un plato de ensalada. La gente lo necesitaba, para compensar la dulzura del pastel de bodas. Estaba segura de que Lady Lucas no sabía nada de hospitalidad.

Pero algunas horas más tarde, cuando le informó al señor Bennet de tan atroz idea, éste se mostró tan indiferente al respecto que sólo consiguió irritarla aún más.

―¡Cuando pienso ―comentó―, que podría haber sido la boda de Lizzy la que estuvieramos planeando y, en su lugar, es Charlotte Lucas quien lleva las riendas!

―Ciertamente lo hace, querida, pero confío en que mi pequeña Lizzy se las arreglará bien al final. No necesita sucumbir ante una criatura como el señor Collins, aún si es el heredero de esta propiedad.

―Y ahora debemos tenerlo aquí. ¡Aquí! ¡De todos los lugares! ¿Por qué no se queda en Lucas Lodge? Es increíble.

―Probablemente porque no es del todo apropiado que una pareja de comprometidos se aloje en la misma casa.

La señora Bennet se burló. ―Si usted cree que pretenden proteger la reputación de Charlotte, le aseguro diez a uno que ese barco ya zarpó.

El señor Bennet se rio de ella. ―No importa cómo lo haya conseguido, ella lo hizo y me atrevería a decir que Elizabeth es mucho más feliz por ello.

―Bueno, yo estoy encantada de que Lizzy sea feliz, pues no he hecho más que angustiarme desde que ella lo rechazó y mis nervios apenas pueden soportar estas visitas de Lady Lucas. No viene más que a alardear, ¿sabe? Diez veces he oído las mismas cosas sobre este mismo aburrido acontecimiento que está planeando para Charlotte.

―Jamás nadie pensó que Charlotte se casaría ―dijo razonablemente el señor Bennet. ―Todos están encantados de que se demuestre lo contrario.

―Recuerde lo que le digo ―comentó la señora Bennet con acento funesto―, la próxima vez que la vea venir por el camino, ¡no estaré en casa para recibirla! Me esconderé en mi dormitorio antes de verme obligada a soportar otra visita matutina para enterarme del triunfo de Charlotte. En cualquier caso, lo más probable es que me vaya a la cama, porque todo esto hace que mi cabeza se ponga muy mal, y los temblores de mis nervios no han cesado en días. ¡Días, de verdad!

―Eso parece muy grave ―dijo el señor Bennet, levantándose de su silla. Se inclinó y besó a su esposa en la parte superior de su gorro. ―Consuélate con esto, querida. Dentro de unas semanas todo habrá terminado y nunca más tendremos que soportar semejante maltrato.

Ella podría haber creído que él era comprensivo, si sus ojos no hubieran centelleado de esa manera que lo hacían cuando ella lo divertía. Soltó un enorme suspiro. ―Bueno, sus hijas, Maria y Susannah Lucas siguen en casa, aunque Susannah acaba de empezar a recogerse el cabello, por lo que seguramente no querran que se instale tan pronto. Por favor, señor Bennet, ¡debe prometerme que no tiene más primos para ellas! ¡No puedo tolerar la idea de que otro Bennet se case con una chica Lucas!

―Tiene mi palabra, señora Bennet, de que si tengo algún otro primo varón elegible, renunciaré a él inmediatamente.

Y con otro beso en la parte superior de su cabeza y un asentimiento con la cabeza, él se marcho, probablemente para esconderse en su biblioteca, y la señora Bennet se quedó rumiando insatisfecha y asegurándose a sí misma que haría más de lo necesario para asegurarse de que sus hijas se casarían de forma ventajosa. ¡Mejor que ventajosamente! ¡Con hombres mas ricos de lo que esos Lucas pudieran imaginar!

―¡Oh, si tan sólo el señor Bingley regresara! ―dijo lamentándose.

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