
La señora Bennet consuela a Jane
Por Kara Louise
Traducido por Cristina Huelsz
¿Logró ayudar a su hija o sólo empeoró las cosas?
Diciembre 10, 1811
Jane ha recibido la carta de la señorita Bingley declarando que no volverán a Netherfield,
y que tiene muchas esperanzas de que su hermano se case pronto con la señorita Darcy.
La señora Bennet se apresuró a atravesar el pasillo hasta el estudio del señor Bennet. Sin pensarlo, abrió la puerta de un empujón y se detuvo bruscamente frente al escritorio de su esposo.
El señor Bennet levantó lentamente la cabeza. Sus pobladas cejas bajaron, cubriendo parcialmente los ojos que la miraban. ―Señora Bennet, ¿no le he pedido que llame a la puerta antes de invadir con su presencia mi estudio? ¿No le he pedido que no perturbe mi paz a menos que sea de suma importancia?
Ella agitó las manos en señal de agitación. ―¡Oh, pero señor Bennet, le aseguro que lo es! ¡Esto es muy angustiante! No sé qué se puede hacer al respecto.
El señor Bennet levantó una ceja e inclinó la cabeza. ―¿Algo angustiante? ―Dejó su libro y se reclinó en su silla. Cruzándose de brazos, dijo: ―¿Qué ocurre, querida?
―¡Es Jane! ¡Y el señor Bingley! ¡Él no regresará a Netherfield! Ella ha recibido una carta de su hermana, la señorita Bingley. ¡Todo ha sido en vano! ¡Estos últimos meses con todas nuestras esperanzas y expectativas han sido en vano! ¡No creo que él pretenda casarse con nuestra Jane! ¿Qué se puede hacer?
El señor Bennet bajó la mirada y sacudió la cabeza. En silencio, acarició con los dedos algunos papeles de su escritorio, mientras la señora Bennet esperaba inquieta.
Cuando él volvió a levantar la vista, preguntó: ―¿Qué puedo hacer al respecto? Si ésa es su decisión, no hay nada que hacer.
La señora Bennet se inclinó hacia su esposo. ―¿Qué supones que hizo nuestra Jane? Seguramente él tiene alguna razón para no regresar. ¿Crees que ella dijo algo que a él le pareció indecoroso? ¿Pudo haber sido su comportamiento? ―De repente se giró, golpeando el aire con los puños. ―¡Oh, no sé qué hacer!
Él se cruzó de brazos, apretó los labios y finalmente contestó: ―No creo que Jane hiciera o dijera algo indebido, pero te sugiero que vayas a verla para consolarla y tranquilizarla. Debe de estar amargamente apenada y decepcionada.
―¡Sí! Eso es lo que haré. Y trataré de averiguar qué hizo ella para provocar este inesperado aprieto.
El señor Bennet levantó la mano para expresar su desacuerdo, pero su esposa salió rápidamente de la habitación antes de que pudiera decir nada.
La señora Bennet fue en busca de Jane y la encontró con Elizabeth, ambas sentadas en la cama de Jane. La cabeza de Elizabeth estaba apoyada en la de Jane y su brazo rodeaba el hombro de su hermana, que temblaba mientras sollozaba en silencio.
La señora Bennet entró en la habitación con los brazos apoyados en las caderas. Elizabeth levantó la vista y bajó rápidamente las cejas.
―Lizzy, debo hablar con Jane. Anda, vete.
Elizabeth negó con la cabeza. ―Madre, por favor, necesito estar aquí para Jane.
―¡Igual que yo! ―insistió la señora Bennet, y luego miró a Jane. ―¡Una madre siempre quiere consolar a su hija!
Elizabeth pudo ver la expresión en el rostro de su madre, y su postura mostraba más irritación que deseo de consolar. Sabía que Jane no necesitaba que su madre la interrogara sobre lo ocurrido.
Jane levantó lentamente la vista y miró a su madre con los ojos enrojecidos. ―Gracias, mamá, pero quiero que Lizzy se quede conmigo―. Sujetó un pañuelo y lo levantó para enjugar una lágrima que se deslizaba por su mejilla.
―Si insistes, pero te pido Lizzy que permanezcas en silencio, mientras hablo con… consuelo Jane―. La señora Bennet forzó una sonrisa y se sentó en la cama, al otro lado de Jane. ―Queremos que sepas, querida Jane, que estamos tan disgustadas como tú por esta noticia―. Se acercó y tomó una de las manos de Jane. Mientras la acariciaba ligeramente, dijo: ―A todos nos caía muy bien el señor Bingley. Siempre fue tan cortés y amable.
Jane respiró entrecortadamente y murmuró: ―Lo era.
La señora Bennet continuó acariciando la mano de Jane y pronto empezó a darle ligeras palmaditas. ―Estoy profundamente apenada por esto, como estoy segura de que lo estás tú. No creo que encuentres un hombre mejor que el señor Bingley.
Jane asintió en silencio, mientras Elizabeth apretaba la mandíbula para poder permanecer callada como le había pedido su madre.
Las palmaditas de la señora Bennet en la mano de Jane se hicieron más rápidas. ―Pero ¿qué ha podido motivar esta decisión de no regresar?
Los dedos de Jane temblaban mientras manipulaba el pañuelo. ―No lo sé. Parecía muy atento conmigo en el baile de Netherfield ―dijo con voz temblorosa.
Elizabeth no pudo contenerse mas. ―Madre, no sabemos por qué ha decidido no volver. Sólo podemos esperar que se trate de un malentendido por parte de la señorita Bingley.
La señora Bennet sacó un pañuelo del corpiño de su vestido y comenzó a abanicarse con él. ―Debes decirme si has hecho algo que pueda haberlo molestado―. Las palmaditas que ahora le daba a la mano de Jane eran agudas y acordes con sus palabras.
―¡Madre! ―exclamó Elizabeth. ―Jane no haría nada…
Jane levantó la mano para silenciar a su hermana. ―No, es una petición sincera. Miró a su madre. «Yo me he hecho la misma pregunta, pero me temo que no se me ocurre nada de lo que yo haya dicho o podido hacer que haya provocado esa decisión por su parte.
―¡No había nada que pudieras haber hecho para justificar semejante acción! ―le aseguró Elizabeth a su hermana.
La señora Bennet frunció el ceño y se llevó bruscamente las dos manos al regazo. Mientras respiraba profundamente, sus hombros se alzaron y luego bajaron al exhalar el aire. ―Algo debe haber ocurrido para que abandonara Netherfield tan abruptamente―. Miró severamente a Jane. ―¡Piensa en ello, Jane, porque no puedes permitir que algo así vuelva a suceder!
Se levantó para irse y luego se detuvo. ―Oh, querida Jane. Quiero que sepas que yo sufrí una gran pena cuando era más joven y que, como yo, tú pronto lo olvidarás. Espero que eso te sirva de consuelo.
Jane y Elizabeth observaron en silencio cómo su madre salía por la puerta.
Jane se volvió hacia su hermana. ―Oh, Lizzy, puede que mamá tenga razón en que ha sido culpa mía, ¡pero no puedo imaginarme qué habré hecho yo para provocar esto!
Elizabeth miró hacia la puerta vacía. ―Oh, mi querida Jane. No te preocupes por nada de lo que hayas dicho o hecho.
Elizabeth sintió un nudo en la garganta al recordar el comportamiento de sus hermanas menores, su padre y, sobre todo, su madre, en el baile de Netherfield. Vio las expresiones de desaprobación en los rostros tanto del señor Darcy como de la señorita Bingley, aunque no fue testigo de ninguna mirada de desagrado o censura por parte del señor Bingley. Estaba bastante segura de que esta decisión se debía más en parte al amigo y la hermana del señor Bingley que a él.
No, estaba completamente segura de que el abrupto cambio de planes del señor Bingley no podía ser atribuido a Jane, pero dudaba que otros miembros de la familia Bennet pudieran ser considerados tan intachables como lo era su hermana favorita.