
La conspiración de Darcy y Caroline
Por Kara Louise
Traducido por Cristina Huelsz
Noviembre 27, 1811
El señor Darcy entró en el comedor deseoso de tomar una taza de café y un poco de soledad que le permitiera reflexionar sobre los acontecimientos del baile de Netherfield. En particular, sobre la señorita Elizabeth. A pesar de su poco amistoso baile con ella, no lograba apartarla de su mente. Pero sabía que tenía que hacerlo.
Se sorprendió y se sintió un poco decepcionado al descubrir que la señorita Bingley ya estaba allí. La saludó cortésmente y le pidió al criado una taza de café, sentándose a la mesa.
Le dio un sorbo a la bebida recién servida y le dio las gracias al criado con una inclinación de cabeza. Dirigiéndose a la señorita Bingley, le preguntó: —¿Sabe a qué hora parte hoy Bingley hacia Londres?
—Creo que tan temprano como sea posible —contestó ella con una sonrisa, que rápidamente se desvaneció. —¿Aun piensa acompañarlo?
—No me siento dispuesto a permanecer aquí por más tiempo—. Sus dedos asieron con fuerza la taza.
La señorita Bingley esperó a que el criado saliera de la habitación y cerrara la puerta tras de sí. Entonces volvió a mirar a Darcy y, de manera bastante inesperada, soltó una orden: —¡Señor Darcy, no puede marcharse!
Darcy se giró hacia ella, asombrado por su exigente demanda. —¿Disculpe, señorita Bingley?
—Señor Darcy —dijo ella, mientras una suave sonrisa reemplazaba su semblante antes perturbado. —Por favor, acepte mis disculpas por mi arrebato. Veo que ambos pensamos igual; ¡yo tampoco estoy dispuesta a permanecer aquí ni un día más! La sociedad de aquí es intolerable—. Se inclinó hacia delante y en un susurro conspirativo dijo: —Sin embargo, tengo algo de suma importancia que discutir con usted y sólo puede hacerse mientras Charles está fuera. ¡No veo otra alternativa que pedirle que permanezca en Netherfield!
Darcy frunció el ceño, curioso. —¿Qué es tan urgente para que me quede, señorita Bingley?
—¡Debemos discutir directamente este desastre de la señorita Bennet! —Su voz se elevó a un tono febril. —Estará de acuerdo conmigo en que después de lo que presenciamos anoche en el baile, es necesario hacerle ver a Charles la imprudencia de este afecto. Naturalmente, no podemos discutirlo libremente mientras él esté entre nosotros, y confío en su consejo, porque sé que él la escuchará. ¡Temo que sea demasiado tarde si aplazamos la discusión hasta que ambos regresen! —Sacudió la cabeza con vehemencia. —¡Debemos formular un plan para separarlo de ella!
Darcy levantó lentamente su taza de café y miró fijamente al líquido que se arremolinaba en ella, como si pudiera contener las respuestas a todas sus preguntas sin respuesta. Reflexionó en silencio sobre las palabras de la señorita Bingley y luego bebió otro sorbo.
La señorita Bingley continuó: —Señor Darcy, usted ha visto a su familia. ¿Alguna vez ha presenciado un comportamiento tan indigno? Cada miembro de esa familia es censurable.
Darcy alzó la vista y vio que la señorita Bingley lo estaba observando. Se preguntó si su mandíbula apretada le revelaba a ella alguna señal de que seguía sintiéndose atraído por los hermosos ojos de la señorita Elizabeth, su chispeante ingenio y su inteligencia fuera de lo común. Sacudió la cabeza para sacarla de sus pensamientos.
—Ciertamente, usted estaba horrorizado por la falta de educación mostrada. Sería insoportable que Charles se casara con alguien de esa familia—. Y prosiguió de manera más suave, pero más decidida: —Por favor, le ruego que considere la posibilidad de quedarse en Netherfield para que podamos discutir lo que haremos sin temor a que Charles nos oiga.
El señor Darcy levantó los ojos hacia ella y estaba a punto de replicar, cuando la señorita Bingley añadió: —Oyó a su madre, ¿verdad? La señorita Bennet es una joven muy dulce y querida, ¡pero su madre! ¿No está muy claro que su único propósito al promover un matrimonio entre su hija mayor y mi hermano es elevar a su familia en la sociedad?
El alegato de la señorita Bingley se vio interrumpido por la entrada del propio Bingley, y ambos se giraron sorprendidos hacia él, temerosos de que hubiera oído su último comentario. Era evidente que no lo hizo, pues entró en el salón de manera alegre y con un saludo de lo más jovial.
—¡Buenos días, Caroline! ¡Buenos días, Darcy! Es un hermoso dia, ¿verdad?
Los ojos de la señorita Bingley se desviaron hacia el señor Darcy mientras respondía: —Supongo que sí.
Bingley se giró hacia su amigo, quien se limitó a darle un sorbo a su taza de café. —Odio tener que dejar Netherfield hoy —continuó diciendo. —He pasado momentos tan agradables aquí… especialmente en el baile. Creo que todo el mundo lo disfrutó. Sé que yo lo hice.
Una sonrisa brotó de su rostro mientras la señorita Bingley bajaba la mirada y ponía los ojos en blanco. —¡Sí, hermano, pero creo que algunos disfrutaron más que otros!
—Dime, Darcy, ¿aún deseas acompañarme a la ciudad? ¡Disfrutaría mucho de tu compañía en ese tedioso viaje hasta allá!
La señorita Bingley miró al señor Darcy, mordiéndose el labio mientras esperaba su respuesta.
Darcy hizo una pausa, frotándose la barbilla mientras contemplaba qué decir. —Sé que te dije que lo estaba considerando, Bingley, pero me temo que no puedo. Lamento tener noticias de mi mayordomo sobre asuntos urgentes en Pemberley, y no creo tener tiempo para una visita a Londres. Si piensas quedarte en la ciudad por algún tiempo, trataré de reunirme contigo más adelante.
Bingley aceptó las palabras de su amigo con buen humor y sin cuestionarlas. La señorita Bingley, al escuchar su comentario, puso cara de complacencia.
***
Aquel mismo día, después de que Bingley se despidiera, el señor Darcy se sentó con la señorita Bingley y el señor y la señora Hurst en el salón. Las dos hermanas estaban de acuerdo en sus tramas e intrigas mientras se atribuían un relato de lo más desalentador sobre el comportamiento de la familia Bennet en el baile.
Los ojos de la señorita Bingley le suplicaban al señor Darcy lo mismo que su argumento. —¡Ciertamente está de acuerdo conmigo en que la señora Bennet es una mujer de lo más presuntuosa! ¿Cómo se atreve a hablar tan abierta y libremente acerca de sus expectativas de que Charles y la señorita Bennet se comprometan pronto? Estoy segura de que tiene a todo Meryton preparado para felicitarla.
—Fue bastante imprudente —estuvo de acuerdo su hermana.
—Ahora bien, ¿exactamente cómo se expresó la señora Bennet al enumerar las grandes ventajas del matrimonio? —preguntó la señorita Bingley. —Creo que fue algo así como: «Su matrimonio será algo tan prometedor para mis hijas menores, ya que el hecho de que Jane se case con alguien tan importante debe ponerlas en el camino de otros hombres ricos».
Al escuchar aquellas palabras, el señor Darcy hizo una mueca y le dio un último trago a la taza de café que sujetaba en su mano. Tenía que admitir que se había horrorizado al oír a la señora Bennet hablando en voz tan alta y de una manera tan insípida.
—Y la hermana menor; ¡seguro que la ha observado exhibiendo unos modales tan descontrolados! ¿Hay algún casaca roja en Hertfordshire indigno de sus coqueteos? ¡Yo apenas pude mantener la compostura!
Sus ojos se clavaron en los del señor Darcy. —No podemos permitir ninguna clase de apego entre Charles y Jane Bennet. Él es demasiado ingenuo para resistir las artes de una familia que busca elevar su estatus. Y si tienen éxito en su plan, ¿qué será de Charles? ¿Que tendrá que cuidar de una suegra ambiciosa, obligado a entretener a soldados por el bien de unas hermanas coquetas y mal educadas? ¡Eso no es sensato!
Darcy bajó la mirada mientras deliberaba detenidamente sobre sus palabras. Pero antes de que pudiera replicar, la señorita Bingley hizo otra observación sobre la noche del baile.
—Debe haber sido una gran sorpresa para usted, señor Darcy, enterarse de la admiracion de la señorita Elizabeth Bennet por el señor Wickham. Ni yo misma pude entender cómo pudo llegar a estar tan enamorada de él—. Le lanzó una mirada al señor Darcy y pareció estar complacida por el efecto de sus palabras.
Darcy inhaló profundamente, preparándose para lo que estaba a punto de decir. Se levantó y se dirigió al aparador, dejando su taza vacía. —Tiene razon, señorita Bingley. Lo que ha dicho acerca de separar a Bingley y a la señorita Bennet es algo en lo que estoy totalmente de acuerdo.
Darcy se volvió hacia su co-conspirador. —Admito que la señorita Bennet es agradable de aspecto y modales, pero es más que eso. En todas las ocasiones en que he tenido la oportunidad de observarla, no ha manifestado ningún aprecio por Bingley. Creo que tal vez usted tiene razón en cuanto a que ella recibe sus atenciones para asegurarse un esposo de fortuna que beneficie a su familia, y eso se debe únicamente al aliento de su madre. Le estaría causando un gran perjuicio a Bingley si permitimos que pida la mano de la señorita Bennet en matrimonio.
—Si, tiene mucha razón, señor Darcy —asintió la señorita Bingley. —Ella no muestra ningún afecto hacia él. Nada en absoluto. ¡Es como si él no le importara! ¿Qué se puede hacer al respecto?
Muy lenta y deliberadamente Darcy respondió: —Debemos evitar que él regrese a Netherfield.
La señorita Bingley miró a su hermana y luego nuevamente al señor Darcy. —¡Sí! Partiremos todos mañana hacia Londres y daré instrucciones a los criados para que cierren Netherfield durante el resto del invierno. Les informaremos de que es muy poco probable que alguno de nosotros regrese pronto—. Una sonrisa apareció en su rostro. —Y una vez que estemos en camino, le enviaré una educada misiva a la señorita Bennet para informarle de nuestros planes y que no espere nuestro regreso.
—Esto difícilmente complacerá a Bingley —replicó Darcy.
—Estará disgustado por poco tiempo. Ya sabemos con que facilidad se enamora y se desenamora. Una vez que se haya alejado de la señorita Bennet, ella pronto será olvidada, al igual que cualquier apego por Netherfield. Él lo escucha, señor Darcy. Tiene su opinión en muy alta estima—. Dejó escapar un suspiro y apareció una sonrisa. —Y tal vez haya una joven y agradable dama en la ciudad, alguien de excelente educacion y disposicion, que pronto ocupe el lugar de la señorita Bennet en su corazón.
—Tal vez —dijo Darcy, sin haber escuchado realmente sus palabras. —Creo que lo prudente sería separarlo de la señorita Bennet para desalentar cualquier tipo de admiración que pudiera continuar—. Darcy dejó escapar un suspiro áspero. —Estoy totalmente de acuerdo. ¡Tenemos que partir mañana! ¡Este insano apego debe ser borrado por completo! —Darcy habló con tanta fuerza y autoridad que la señorita Bingley se mostró sorprendida.
Una vez pronunciadas estas palabras, Darcy tuvo una extraña sensación de desesperanza y arrepentimiento, mientras se debatía con el hecho de que la familia de la señorita Elizabeth era completamente inadecuada -para Bingley, tal vez- y para él mismo, sin lugar a dudas. Con las cejas fruncidas, Darcy volvió a sentarse lentamente, dandose cuenta de que el peso de su argumento iba dirigido principalmente hacia él mismo. Necesitaba distanciarse de la señorita Elizabeth y, al hacerlo, iba a destruir las perspectivas de amor y felicidad marital de su buen amigo, al igual que las suyas propias.