Las historias jamás contadas, p. 30

Denny en el baile de Netherfield

Por Jack Caldwell

Traducido por Cristina Huelsz

Noviembre 26, 1811

El teniente Denny, inmaculado en su uniforme número uno, presentó sus respetos a sus anfitriones, el señor y la señorita Bingley, antes de seguir al capitán Carter al salón principal de Netherfield. A su hombro iban sus camaradas, Pratt y Chamberlayne. Sus amigos buscaban divertirse, algo que Denny también buscaba, pero él tenía una tarea que cumplir.

―Ah ―dijo Pratt―, Carter se dirige a la sala de cartas.

―Tanto mejor para evitar a la señorita Watson ―dijo Chamberlayne. ―Sabes que se ha fijado en él.

―¿A su edad? No lo creo.

―Cosas más extrañas han sucedido. ¿Quién es? ¿La joven de las pecas?

―¿Ella? ―Pratt miró. ―Es la señorita Mary King. Se dice que tiene expectativas de un abuelo enfermo y diez mil libras.

―¿Diez mil? Eso podría compensar su atroz sentido de la moda ―resopló Chamberlayne.

No era la primera vez que Denny se preguntaba por Chamberlayne.

En ese momento llegó la familia Bennet y Denny sonrió. La señorita Lydia se veía especialmente atractiva esta noche, y Wickham no estaba allí para entrometerse en su camino. Mientras sus dos acompañantes se dirigían a la mesa del ponche, Denny se acercó lentamente a las damas Bennet, deseoso de cumplir su misión lo antes posible.

―¡Ah, señor Denny! ―exclamó la señorita Lydia. ―¿No es guapo, Kitty? ¡Tan elegante con su uniforme y su espada! Creo que me desmayaré.

―Yo también me desmayaría ―repitió la señorita Kitty.

―Niñas, es suficiente ―dijo la señorita Elizabeth en voz baja. ―Buenas noches, señor Denny. Espero que se encuentre bien―. Mientras ella hablaba, sus ojos escudriñaban la habitación, obviamente buscando a alguien.

Al igual que la señorita Lydia. ―Pero ¿dónde está el señor Wickham?

―Traigo noticias desafortunadas ―respondió Denny. ―Mi amigo no está presente. Wickham se vio obligado a ir ayer a la ciudad por negocios y no regresará hasta mañana. Les envía sus disculpas.

Lydia y Kitty expresaron a gritos su disgusto por esta declaración, y la señorita Elizabeth se sintió claramente decepcionada, sobre todo cuando Denny, con una significativa sonrisa, añadió en voz baja y destinada únicamente a los oídos de la señorita Elizabeth: ―No me imagino que sus asuntos lo hubieran apartado en este momento si no hubiera querido evitar a cierto caballero que se encuentra aquí―. Hizo un gesto con la cabeza hacia el señor Darcy, que se encontraba en un rincón al otro lado del salón.

Wickham le había contado a Denny acerca del vergonzoso trato que había recibido del hijo de su padrino, y un conmocionado Denny sintió simpatía por su amigo. Los ricos tenían sus propias reglas, había reflexionado, y un hombre pobre no podía hacer otra cosa que abrirse camino en el mundo. Las oportunidades escaseaban en la milicia, y por eso Denny estaba decidido a alistarse en los Regulares y ascender en la profesión que había elegido.

Lydia, que no había oído nada del último comentario de Denny, dio un pisotón. ―¡Vaya! Si el señor Wickham piensa que los negocios son más importantes que bailar con las damas, ¡entonces yo digo que es un tipo aburrido! En cuanto a mi, ¡bailaré toda la noche!

Denny extendió su brazo. ―Si no está comprometida, ¿puedo solicitar el primer set? ¿Y la señorita Kitty, el segundo?

Lydia tomó su brazo derecho y mostró sus ojos con coquetería. ―Bueno, señor Denny, eso sería muy agradable.

Kitty tomó el brazo izquierdo. ―¡Yo debería bailar primero! (tos) ¡Soy casi dos años mayor!

Denny sabía que tenía que calmar esta situación potencialmente explosiva. ―Ah, pero Pratt nunca me lo perdonaría, señorita Kitty, ya que él ha hablado de reclamar su primer set.

―¡Oh! ―Kitty estaba excepcionalmente complacida.

Denny se giró para excusarse ante la señorita Elizabeth, sólo para ver que estaba conversando con la sencilla hija de Sir William Lucas. Se alejó hacia sus camaradas mientras la señorita Lydia preguntaba si eran ciertos los rumores de que el coronel Forster se casaría pronto.

***

Para Denny, el baile fue como cualquier otro. Después de los primeros sets con la señorita Lydia y la señorita Kitty, bailó con varias de las otras damas del distrito. A Denny le hizo gracia que el capitán Carter se plantara con la señorita King. No es que Mary King tuviera nada de malo, si los gustos de uno se inclinaban hacia lo desinformado e insípido. Pero un potencial de diez mil libras era un atractivo aliciente para llamar la atención de algunos hombres. Hombres no como Archibald Denny. A él le gustaba la gente animada.

Hubo momentos interesantes durante el baile. Denny se sorprendió al principio de que la señorita Elizabeth bailara con el señor Darcy, sabiendo que la señorita Elizabeth estaba angustiada por el trato que el hombre le había dado a Wickham. El asombro se convirtió en diversión cuando se dio cuenta de dos cosas. Primero, la señorita Elizabeth estaba claramente regañando al señor Darcy durante el baile. En segundo lugar, el señor Darcy parecia no darse cuenta de ello y a Denny le parecio captar destellos de admiracion en la mirada del hombre rico.

¡El orgulloso y desagradable señor Darcy se siente atraido por una dama que lo odia! penso. Sé que un hombre de su talla nunca haría una propuesta por ella, pero me pregunto qué pasaría si lo hiciera. ¿Lo rechazaría de plano la señorita Elizabeth, aguijoneando su orgullo, o haría lo más prudente, lo aceptaría y le haría la vida imposible?

Denny estaba disfrutando de la compañía de la señorita Lydia durante la cena cuando la señorita Mary Bennet comenzó su concierto con el pianoforte. Su forma de tocar era realmente espantosa, pero a él le avergonzaba la forma en que Lydia y Kitty se reían abiertamente de ella. No le correspondía a el corregirla, pero sospechaba que a pesar de toda su belleza y buen humor, la señorita Lydia necesitaba una mano firme que la guiara hacia un mejor comportamiento. Él no tenía derecho a hacerlo, pero podía detener a quienes instigaban su conducta.

―Pratt ―siseó―, por favor, deja de ofrecerle ponche a la señorita Lydia y a la señorita Kitty. ¿No ves que ya han bebido bastante?

―Y qué buen ponche es ―se rio Chamberlayne―, ¡sobre todo con todo el whisky que alguien le ha añadido! ―Le guiñó un ojo a Pratt.

―¿Qué? ―Denny estaba indignado. Los oficiales debían comportarse como caballeros, ¡y esto no era propio de un caballero! ―¡Pratt, esto es insoportable!

―Oh, cierra el pico, Denny ―dijo Pratt, no muy lejos de estar borracho. ―Sólo me estaba divirtiendo un poco. Además, no tengo por qué escucharte. No eres mi oficial al mando.

―Cierto, pero yo soy tu hermano oficial, y te digo que esto está mal.

Pratt, con los ojos desorbitados, se inclinó y eructó. ―Todavía no estás en los Regulares, Denny, así que cierra la maldita boca. ¿O vas a ser un maldito canalla y denunciarme con Carter?

Denny apretó los labios. Había un código en las filas -apoyar a tus camaradas- y Denny no iba a romperlo. Al menos, no por esto. Pero aquello era ir a contracorriente. ―Creo que es mejor que las damas no reciban más ponche. ¿Puedo contar contigo?

Pratt levantó la mano en señal de derrota. ―Como quieras. Además, eso nos deja más a Chamberlayne y a mí.

Chamberlayne volvió a reír. ―¡Te agradezco por mi parte, Pratt!.

―¿Denny? ―preguntó una ebria Lydia. ―¿Estás discutiendo con Pratt?

―En absoluto, señorita Lydia. ¿Puedo traerle un poco de ponche? ―Miró a sus compañeros que se reían entre dientes. ―Hay una tanda diferente que recomiendo encarecidamente.

Lydia sonrió. ―¡Señor, eres tan dulce! ¿No es dulce Denny, Kitty?

―Sí―. Kitty parpadeó feliz.

Denny se trasladó a otra mesa de ponche, una que estaba a medio camino de la habitación, lamentando el hecho de que aún pasarían casi nueve meses antes de que llegara el cargamento de su tío desde la India y le proporcionara el último de los fondos prometidos que necesitaba para comprar su comisión en los Regulares. Ah, ¡dejar atrás a esta colección de inadaptados de la milicia! ¡Septiembre del 12 no podía llegar lo suficientemente rápido!

(Basado en Archibald Denny, de mi novela The Three Colonels: Jane Austen’s Fighting Men).

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