
Wickham hace un plan
Por Abigail Reynolds
Traducido por Cristina Huelsz
¿Qué sabía Wickham y cuándo lo supo?
Nota de la autora: Cuando acepté escribir esta escena por primera vez allá por el 2011, pensé que sería rápido y fácil. En lugar de eso, ¡cambió mi forma de entender la trama de Orgullo y prejuicio! Siempre pensé que era una coincidencia que Wickham hubiera decidido cautivar a Elizabeth, pero no lo es en absoluto.
Si lees OyP, verás que Jane Austen nos da una enorme cantidad de detalles para la escena del primer encuentro de Elizabeth con Wickham. Se nos dice de qué dirección viene cada uno, cuándo cruzan la calle, cuándo regresan en dirección contraria y luego vuelven, etc. Se prolonga durante párrafos, muy al contrario que en la mayor parte del libro, donde JA rara vez nos da indicaciones escénicas.
Como tuve que escribir esta escena desde un punto de vista diferente, tuve que averiguar quién estaba de pie dónde a partir de esas indicaciones. Hay tanta gente, y no paran de darse la vuelta, que tuve que usar fichas de ajedrez etiquetadas para averiguar dónde estaba cada uno. Y entonces llegó el descubrimiento. Cuando Darcy llega a la escena, Austen nos dice que sus ojos están fijos en Elizabeth. Y, si sigues todas esas cuidadosas indicaciones, también nos dice que Wickham mira fijamente a Darcy cuando éste llega. Lo que significa que incluso antes de que Darcy y Wickham intercambien esos fríos asentimientos, Wickham ha visto a Darcy mirando con fascinación a la señorita Elizabeth Bennet. Y Wickham conoce a Darcy muy, muy bien.
Por eso, cuando Wickham se fija en Elizabeth, sabe perfectamente que Darcy está interesado en ella. Lo que explica muchas cosas, porque Lizzy no es realmente el tipo de Wickham, pero él le presta tanta atención y siempre está hablando de Darcy. Y cuando apunta a Lydia, sabe que eso herirá a alguien que le importa a Darcy. Sabe exactamente lo que está haciendo, ¡y todo está preparado en la escena que escribió Jane Austen!
Noviembre 19, 1811
Wickham contempló con aprecio los atractivos que la señorita Lydia Bennet exhibía a propósito delante de él. Si la coqueta y atrevida señorita Lydia era un ejemplo de los placeres que Meryton podía ofrecerle, tal vez disfrutaría de su estancia en aquel pueblo olvidado de la mano de Dios más de lo que había previsto.
Su única razón para alistarse en la milicia había sido esconderse de los furiosos acreedores de Londres, pero también podía encontrar alguna diversión mientras llevaba el uniforme. Y aquí estaba, sólo una hora en el pueblo, y ya cuatro jóvenes bonitas estaban pendientes de cada una de sus palabras. Bueno, tal vez la mayor de las señoritas Bennet no podía ser descrita de esa manera. Era una verdadera belleza, con la que definitivamente no le importaría acostarse, pero también era reservada y educada. No valdría la pena el esfuerzo que requeriría seducirla. La señorita Elizabeth era bastante bonita, pero tenía un ingenio inteligente e impertinente, y Wickham prefería a sus mujeres más jóvenes y tontas. La otra hermana, cuyo nombre ya se le había olvidado, era un poco sosa, pero la señorita Lydia prometía mucho… recién salida de la escuela según todas las apariencias, carente por completo de ingenio, corrección y moderación. Justo como a él le gustaban. Lástima que su nuevo amigo Denny ya le estuviera frunciendo el ceño. Debía de haber elegido a la señorita Lydia, pero ¿por qué iban a ser los sentimientos de Denny un obstáculo para sus placeres?
Le dedicó a Denny una sonrisa practicada. Aún necesitaba que le presentara a los demás oficiales. Sería mucho más fácil desplumarlos en la mesa de juego si lo veían como el querido amigo de Denny. Tal vez esta vez ganaría por una vez.
La señorita Elizabeth preguntó: ―Señor Wickham, ¿es ésta su primera visita a Hertfordshire?
Hizo una ligera reverencia. «He pasado por aquí antes, cuando viajaba de mi casa en Derbyshire a Londres». ¿Acaso ella frunció ligeramente el ceño cuando él mencionó Derbyshire? Se apresuró a añadir: «Por supuesto, vivo en Londres desde hace algunos años». Aquello pareció complacerla. ¡Qué curioso! ¿Qué podía disgustarle de Derbyshire?
Dos caballeros cuyos abrigos mostraban el fino ajuste que sólo los mejores sastres londinenses podían lograr se acercaron a caballo. Wickham los obsevó con una mirada de reojo; siempre le gustaba saber donde se encontraban los bolsillos profundos, a la espera de ser desfalcados. Pero espera… no, ¡no puede ser! Pero lo era.
¡Que mala suerte! ¿Por qué tenía que aparecer Darcy precisamente aquí? Tal vez unirse a la milicia en Meryton no hubiese sido tan buena idea después de todo.
Al menos Darcy no lo había visto todavía. Su atencion parecia estar fija en la señorita Elizabeth Bennet, y la observaba con una expresión que Wickham jamás le había visto antes, una mirada en la que se mezclaban el anhelo y el deseo. Su antiguo amigo se agitó en la silla como si apenas pudiera soportar permanecer a horcajadas.
¿Sería posible? ¿Acaso el arrogante Fitzwilliam Darcy había sucumbido a los encantos de una señorita del campo? De ser así, la señorita Elizabeth parecía ajena a la importante conquista que había hecho. Sus ojos estaban fijos en el amigo de Darcy, que preguntaba por la salud de su hermana.
Darcy no podía estar pensando en casarse con ella, ¿verdad? Darcy sólo pensaba en la fortuna y la buena familia para casarse, y la señorita Elizabeth Bennet no era comparable a la señorita Anne de Bourgh en esos aspectos. ¿Acaso deseaba convertirla en su amante? Eso era incluso más difícil de creer; estaba por debajo de la dignidad moralista de Darcy concebir la idea de seducir a la hija de un caballero. Entonces, ¿qué quería?
En ese momento, Darcy apartó los ojos de la señorita Elizabeth y Wickham sintió que aquella mirada penetrante le quemaba el rostro. Ahora la expresión de Darcy era de desagrado, tal vez porque recordaba la imagen de su preciosa hermana en brazos de Wickham. Oh, como deseaba que ese recuerdo lo atormentara. ¡Maldito fuera por interferir! Sin Darcy, Wickham ahora estaría en posesión de las treinta mil libras de Georgiana, en lugar de esconderse en este insípido pueblo de los cobradores de deudas.
Darcy, con la cara en blanco, hizo el gesto mas superficial posible hacia Wickham, quien se movió de un pie a otro. ¿Lo desenmascararía su viejo amigo? Pero por supuesto que no se atrevería, no cuando sabía que Wickham tenía el poder de arruinar a su hermana con sólo una palabra. ¡Qué idea tan agradable! No había nada que le gustara más a Wickham que hacer que Darcy se retorciera.
Con apenas un atisbo de sonrisa burlona, Wickham tocó el ala de su sombrero, un saludo que Darcy apenas se digno a devolverle. Una vez que el amigo de Darcy le hizo una última pregunta a la mayor de las señoritas Bennet, los dos caballeros se marcharon, pero no sin que antes Darcy sometiera a Wickham a su mejor mirada fría.
De modo que Darcy estaba en Meryton y, al menos, estaba medio enamorado de la señorita Elizabeth Bennet. La sonrisa de Wickham aumentó. ¿Cómo podría resistirse a la oportunidad de enamorar a una dama tan admirada por Darcy, y tal vez plantarle un poco de veneno sobre Darcy en el oído? Oh, claro que sí. Sería un gran placer. La señorita Elizabeth podría no ser el tipo de jovencita que él prefería, pero estaba dispuesto a pasar por alto su astucia si eso le daba la oportunidad de clavar un clavo en la rueda de Darcy.
Sí, sería muy satisfactorio hacer que la señorita Elizabeth se enamorara de él en lugar de Darcy. Con una sonrisa afectuosa, se tornó hacia ella y le dijo de la manera mas encantadora: ―Espero que a menudo nos alegre el día visitando Meryton, señorita Elizabeth.