Las historias jamas contadas, p. 4

El señor Bennet le hace una visita al señor Bingley

por Mary Lydon Simonsen

Traducido por Cristina Huelsz

Octubre 3, 1811

«El señor Bennet fue uno de los primeros en esperar al señor Bingley… aunque hasta el final siempre le aseguró a su esposa que no iría; y hasta la noche siguiente a la visita, ella no tuvo conocimiento de ello

-Orgullo y prejuicio

A pesar de su insistencia en que no iría a visitar al miembro más reciente del vecindario de Meryton, el señor Bennet siempre había tenido la intención de visitar al señor Bingley. Despues de todo, eran vecinos cercanos, y si sus vacas se colaban en la propiedad del hombre, esperaba encontrarse con una cara amistosa cuando llegara a Netherfield Park con una disculpa por cualquier inconveniente como resultado de la intrusión bovina.

Por la información que había obtenido en el pueblo, el señor Bennet sabía que todas las mañanas, antes del desayuno, el señor Bingley disfrutaba de un paseo por el parque montado en un excelente semental que suscitaba tantos comentarios en el pueblo como su jinete, al menos entre la población masculina. Sabía que si llegaba a Netherfield Park aproximadamente a las nueve y media, el señor Bingley aún estaría en el parque montado en su corcel y tendría tiempo suficiente para hacer sus propias averiguaciones sobre el nuevo amo de Netherfield.

Como era de esperarse, fue Buttons, quien había servido como mayordomo a los anteriores propietarios de la mansión, quien le abrió la puerta. Tras un intercambio de miradas de complicidad, Buttons condujo al señor Bennet al estudio, explicándole que esperaban al señor Bingley para dentro de media hora.

El señor Bennet comenzó haciendo un cumplido al nuevo residente de Meryton. ─Si el señor Bingley ha optado por contratar los servicios de los criados de los Darlington, entonces ya sé que es un hombre sensato.

─El señor Bingley es un hombre sensato ─asintió Buttons ─, pero en cuanto a cuánto tiempo tendré este puesto, no se sabe.

─¿Y eso por qué, Buttons?

─Cuando el señor Morrow, el agente, me dijo que el señor Bingley deseaba contratar mis servicios, así como los de la señora como su cocinera, supuse que volverían a llamar a todos los criados─. Buttons negó con la cabeza. ─Pero eso no sucedió. El caballero, es decir, el señor Bingley, me dijo esta misma mañana que se iba a Londres a buscar a sus hermanas y que una de ellas se ocuparía de la casa por él, y no dijo nada de más criados ni siquiera de mantener a los actuales. Todo eso dependerá de la hermana, una tal señorita Caroline Bingley. Pero por el momento, estoy sirviendo a un hombre amable, y estoy conforme con eso.

Después de compadecerse con Buttons por los caprichos del servicio, Thomas Bennet llegó al motivo de su visita. ─Dime, Buttons, ¿cómo es este señor Bingley?

─Sabía que por eso ha venido, mientras el señor Bingley está en el parque montando a caballo ─dijo Buttons con una sonrisa. ─No hay familia en la parroquia que no sienta curiosidad por cada detalle relacionado con el señor Bingley, hasta por el tizne que usa en sus botas.

─No me sorprende, dado el desequilibrio en la poblacion residente.

─¿Qué desequilibrio sería ese?

─Demasiadas hijas solteras y pocos caballeros. Yo mismo puedo dar cuenta de cinco de ellas.

Con un guiño de complicidad, ya que Buttons tenía dos hijas propias, el mayordomo compartió con el señor Bennet que el señor Bingley tenía un carácter de lo más afable, pero parecía inseguro de su posición como señor de la mansión.

─Se dice en el pueblo que ha heredado una gran fortuna de los negocios de su padre en el norte y que nunca ha tenido una casa propia. Para orientarse, recurre a su amigo, el señor Darcy de Derbyshire, nieto de un conde. El señor Bingley es más bien informal en su manera de hacer las cosas, mientras que el señor Darcy parece dormir de pie, rígido como un poste. Pero se rumorea que es uno de los hombres más ricos de Inglaterra.

─Me alegra saber que el señor Bingley tiene un mentor -y uno rico además- pero un hombre de riqueza y rango no tendrá interés en mis hijas. Además, la señora Bennet me encargó averiguar todo lo que pudiera sobre el señor Bingley. Mis hijas están muy interesadas en saber si el hombre baila.

Buttons volvió a asentir. ─Esta misma mañana, el caballero mencionó específicamente que le gustaba bailar y que era su intención asistir a todos los bailes mientras estuviera en el campo.

─¡Bueno, entonces mi negocio ha terminado aquí! ─dijo el señor Bennet, pretendiendo levantarse. ─Si el señor Bingley asiste a la asamblea, lo más seguro es que se enamore de una de mis hijas -muy probablemente de Jane-. Eso hará feliz a la señora Bennet y reinará la paz en Longbourn.

─Señor B., yo no contaría mis pollos antes de que hayan salido del cascarón. Por muy decidida que esté su señora a que sus hijas se casen, la señora Bennet no es la única que desea que una hija fije su residencia en Netherfield. Estoy pensando en Lady Lucas y…

Cualquier información adicional tendría que esperar, ya que en el camino se oía el ruido de cascos sobre la grava, señal del regreso del señor Bingley.

***

─Espero que no haya estado esperando demasiado. No deseo incomodar a nadie ─comentó el señor Bingley una vez hechas las presentaciones. ─Por supuesto, no había forma de que usted supiera que monto a caballo todas las mañanas.

─Señor Bingley, hay muy pocas cosas sobre usted que no esten difundidas en el extranjero para conocimiento de todos y cada uno. Puedo asegurarle que en cualquier casa de la comarca en la que entre, encontrará su vino favorito en la alacena.

Bingley se rio ante el comentario. ─¿Y eso por qué?

─Es una verdad universalmente reconocida que un hombre soltero debe necesitar de una esposa. Esta verdad está tan arraigada en las mentes de las familias vecinas que se le considera propiedad legítima de una u otra de sus hijas.

Bingley se rascó la cabeza. ─Esto es una novedad para mí.

─Entonces tiene suerte de que lo haya visitado para poder aclararle -o advertirle- lo que usted prefiera sobre el asunto.

Bingley parecía perplejo.

─Permítame explicarte. En el campo hay menos entretenimientos que en la ciudad, y usted, señor, es una distracción muy necesaria para todas aquellas familias con hijas de cierta edad, con una de las cuales usted seguramente deseará casarse.

─Confieso que disfruto mucho en el campo, y sé de buena fuente que hay muchas damas atractivas por aquí con afición por el baile, una diversión que disfruto mucho. En cuanto al matrimonio, no puedo decirlo.

─No necesita decir o hacer nada, señor Bingley. Todo será dicho y hecho por usted.

─Señor Bennet, usted posee un extraordinario ingenio…

─…y cinco hijas.

Bingley soltó una carcajada. ─Me alegra llamarlo mi vecino, señor.

─Espero que se sienta igual luego de la asamblea. Ahora, en cuanto al asunto de la intrusión bovina. En ocasiones…

Nos veremos en la próxima…

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