«El señor Darcy y la biblioteca encantada» Capítulo 23

Monica Fairview, Sarah Courtney, Victoria Kincaid, Lari Ann O’Dell, Melanie Rachel y Abigail Reynolds

Traducido al español por Cristina Huelsz

Traducción hecha sin fines de lucro y con permiso de las autoras

Capítulo 23

Lari Ann O’Dell

La semana pasada, Lady Catherine fue castigada por sus crímenes, las fronteras entre el mundo de los Fae y el de los mortales por fin se estabilizaron y pudimos ver a Elizabeth en su elemento como bibliotecaria. Desgraciadamente, nuestra pobre Elizabeth sigue con el corazón destrozado por su separación de Darcy. Ahora volveremos con Darcy, Georgiana, el coronel Fitzwilliam y Galon para una boda en el mar.

En su juventud, Georgiana Darcy había sido una criatura completamente nerviosa e inquieta. El hecho de que Galon se convirtiera en su familiar había cambiado eso, o mejor dicho, le había dado la fuerza para despojarse de su capa de reticencia y convertirse en la joven fuerte que siempre había estado destinada a ser.

En sus años en el mar, se había enfrentado a innumerables batallas y escaramuzas. Había hecho gala de su magia y había defendido a su país contra enemigos despiadados. Había sido objeto de una de las maldiciones más terribles conocidas por el hombre y había sobrevivido a ella.

A pesar de todo esto, el día de su boda, sus nervios habían vuelto con toda su fuerza.

No es que tuviera miedo de convertirse en esposa. Amaba profundamente a Galon, y su relación había florecido maravillosamente a lo largo de los años. Tomarlo como esposo le parecía algo natural. Ni siquiera era la perspectiva de abandonar su hogar, ya que había pasado gran parte de los últimos cinco años fuera.

En realidad, Georgiana Darcy tenía miedo de dejar a su hermano.

En las semanas transcurridas desde que él había regresado con su cura, estaba claramente alterado. Su disposición era sombría, estaba retraído y Georgiana podía contar con una mano las veces que sonreía. No había cambiado en lo esencial, pero era como si su espíritu y su corazón estuvieran en otra parte.

¿Qué haría cuando se encontrase solo? Georgiana no quería ver a su hermano perderse en su angustia. As[i que pidió verlo antes de caminar hacia el altar para comenzar su nueva vida.

Darcy acudió, como siempre que ella lo necesitaba. Era un hermano devoto.

—Georgiana, estás preciosa. Mamá y papá estarían muy orgullosos si pudieran verte ahora.

Georgiana sonrió y le tomó la mano. —Gracias, hermano. Estoy tan agradecida de tener tu bendición.

—¿Te habría detenido si te la hubiera negado? —preguntó Darcy con seriedad.

Años atrás, lo habría hecho, pero ahora Georgiana era una mujer adulta. —No —respondió Georgiana con sinceridad-, pero me alegro de tenerla. En muchos sentidos, has sido para mí más un padre que un hermano. Odio decepcionarte.

—No hay nada que puedas hacer para decepcionarme, querida —dijo Darcy. —Te has convertido en una joven y una maga extraordinaria. Estoy muy orgulloso de todo lo que has logrado. Y ahora has encontrado a tu pareja. Sé que estarás a salvo con Galon.

—Lo estaré, y también seré feliz, pero… —Georgiana se interrumpió, su coraje momentáneamente le falló.

—¿Pero qué?

Georgiana lo había llamado a su camarote con un propósito, y lo llevaría a cabo. —Me preocupa dejarte solo en Pemberley.

—Difícilmente estaré solo —dijo Darcy.

—No me refiero a los sirvientes, a los arrendatarios, ni siquiera a Hespera. No has sido tú mismo desde que volviste de tu búsqueda con Elizabeth.

Aunque su hermano trató de ocultarlo, Georgiana vio que su compostura decaía. Vio el destello de dolor en sus ojos. —Ya no soy una niña, William. Puedes confiar en mí. Dime la verdad. ¿Sigues enamorado de Elizabeth?

Darcy permaneció en silencio durante un largo momento, pero finalmente contestó: —Creo que nunca he dejado de amarla. Pero no llegará a nada. Ella es la Bibliotecaria. No puede casarse ni dejar su puesto, y yo no puedo abandonar Pemberley. A veces, uno debe sacrificar la felicidad por el deber y la responsabilidad.

—Seguramente debe de haber alguna forma de que ustedes puedan estar juntos —dijo Georgiana.

Darcy negó con la cabeza. —No la hay, pero hoy no se trata de mí. Se trata de celebrar el amor que encontraste con Galon. No debemos hacerlo esperar.

Georgiana deseaba presionarlo, pero el tono de su hermano no daba lugar a discusiones. Ella asintió, y él la besó en la frente antes de dejarla para que terminara sus preparativos.

Galon conocía bien las tradiciones de los Fae y la Biblioteca. Tal vez él conociera alguna forma de permitir que su hermano y Elizabeth se reunieran. Juró que abordaría el tema con él en los próximos días.

∫∫∫

—Se parece tanto a tu madre —susurró Fitzwilliam mientras Georgiana desfilaba a lo largo del barco, con su hermoso rostro enmarcado por tirabuzones dorados. Galon estaba de pie junto a un rector en la proa del barco con una expresión de ojos como la luna en el rostro.

La tripulación, toda la cual admiraba enormemente a la señorita Darcy y a su pretendiente, estaba reunida y adecuadamente aseada para la especial ocasión. No era frecuente que una ceremonia nupcial se celebrase en medio del océano.

Fitzwilliam y Darcy habían llegado en sus familiares. Fitzwilliam había traído consigo al rector de su padre, pues el hombre nunca rechazaría ninguna petición del hijo de su noble patrón. Sin embargo, el rector parecía un poco verde y se agarraba con fuerza al costado del barco en un esfuerzo por mantenerse en pie.

Darcy envidiaba a su hermana. Ella era tan afortunada como para casarse con la persona que amaba a pesar de la razón, la posición social y las leyes de la magia. Una unión entre un Fae y un humano era prácticamente algo inaudito.

La ceremonia fue breve y solemne, y terminó con un casto beso. Georgiana estaba radiante cuando Galon la condujo al centro de la nave para aceptar los buenos deseos de la tripulación.

Así comenzó un desayuno de boda bastante peculiar. Tres tripulantes sacaron dos violines y un tambor y empezaron a tocar música animada. Georgiana y Galon siguieron los pasos de un baile, acompañados por parejas de marineros.

Otros tripulantes sacaron barriles de buen vino y cerveza y sirvieron generosas porciones.

Darcy cruzó el barco hasta donde estaba Hespera, con las plumas agitadas por la brisa marina. Parecía particularmente molesta con sus circunstancias.

¿Por cuánto tiempo debemos permanecer en este desdichado navío, Darcy?

Darcy le acarició el cuello.

Sólo por un breve tiempo. Luego regresaremos a Pemberley.

La querida niña merece tanta felicidad. Sólo desearía que se hubiesen casado en tierra.

Georgiana y Galon no consideraron prudente abandonar el barco. No después de los problemas que enfrentaron la semana pasada.

Era preocupante que las fronteras siguieran pareciendo inestables. Darcy se preguntó cómo se encontraría Elizabeth. No dudaba de que ella lo arreglaría todo, pero deseaba ayudarla en esa tarea. Por desgracia, era imposible.

Darcy se resignó al hecho de que estaba condenado a una vida de soltero. Pemberley sería para el primogénito de Georgiana y Galon, y el legado Darcy continuaría.

Darcy observó como la celebración se volvía más ruidosa. Se hicieron brindis en honor de los novios. Se intercambiaron y representaron historias de su heroísmo.

Fitzwilliam estaba feliz de participar en los festejos, pero Darcy no encontraba mucha alegría en ellos. A decir verdad, no encontraba alegría en nada. Sin Elizabeth, se sentía vacío y dolorido. Rezaba para que la situación mejorara con el tiempo, pero no estaba seguro de que fuera así. ¿Cómo se recuperaba uno de perder al amor de su vida?

Todo mejorará, Darcy.

Las palabras de Hespera lo sobresaltaron. Por un momento acarició sus suaves plumas.

Quizás.

Después de recitar la historia del destino de Wickham, que terminó con uno de los hombres cayendo sobre la cubierta en una bizarra imitación de un lenguado, Darcy decidió que era hora de partir. Le esperaba un largo viaje y, si no partía pronto, no habría luz suficiente para llegar sano y salvo a casa.

Galon y Georgiana seguían rodeados por la tripulación, felizmente casados. Darcy se dirigió hacia ellos. —Georgiana, me temo que es hora de que me marche. Por favor, acepta mis más sinceras felicitaciones. Tú y Galon siempre serán bienvenidos en Pemberley.

Georgiana lo abrazó con fuerza. —Desearía que te quedaras más tiempo. Richard se quedará a bordo. La noche es joven. El señor Edwards ha compuesto un poema en mi honor. Y sus palabras no deben pasar desapercibidas.

Darcy vio a uno de los marineros más corpulentos enrojecer de un profundo color carmesí.

—Lo siento, querida, pero no puedo quedarme. Pemberley me necesita.

Georgiana asintió. Galon estrechó la mano de Darcy. —Yo cuidare de ella, Darcy. Tu hermana siempre estará a salvo conmigo.

—No lo dudo. Gracias, Galon.

Darcy volvió junto a Hespera y se subió a su lomo. El grifo despegó hacia el cielo despejado. Darcy pensó distraídamente en indicarle a Hespera que se dirigiera a la biblioteca, pero rápidamente desechó la idea. Tenía que regresar a Pemberley e intentar aprovechar al máximo su solitaria vida.

∫∫∫

Georgiana Darcy nunca había pensado mucho en el matrimonio, a pesar de lo que la sociedad esperaba de las jóvenes. Pero después de tres días de ser la esposa de Galon, Georgiana descubrió que el matrimonio era más que agradable. Ahora tenía un verdadero compañero a su lado. Alguien que la amaba en lo bueno y en lo malo. Y ella le correspondía con un amor feroz.

A la cuarta mañana después de su boda, Georgiana se despertó bruscamente, con el corazón acelerado. El lugar a su lado estaba vacío y se oían gritos apagados y pasos arrastrados.

Georgiana se levantó para vestirse, pero fue arrojada al suelo cuando el barco se tambaleó bruscamente.

Las extrañas tormentas y los encuentros con criaturas Fae parecían haber cesado en la última semana, pero aún había otras criaturas marinas a las que enfrentarse.

Cuando llegó a cubierta, vio una manada de ballenas. Los marineros estaban asombrados e intentaban detener el barco para no dañar a las majestuosas criaturas.

Galon estaba al borde del barco, a punto de ponerse su piel de selkie.

Georgiana corrió a su encuentro. —Galon, ¿qué estás haciendo?

—Voy a guiar a las ballenas lejos de nuestro curso. Volveré pronto, mi amor». Besó su mejilla y se transformó, su primera transformación desde su boda. El hermoso selkie saltó desde el costado del barco, aterrizando en el agua con un gran chapoteo.

Georgiana observó cómo su amor guiaba a las ballenas hacia el este y volvió a quedar impresionada por la extraña habilidad de Galon con las criaturas marinas.

Sabiendo que Galon estaba bien, Georgiana regresó a su camarote bajo cubierta. Se sentó en el pequeño escritorio que estaba clavado en la pared y sacó una hoja de papel y una pluma. No importaba lo que él hubiera dicho, Georgiana seguía preocupada por su hermano. A Galon no se le ocurría ninguna manera de que Darcy y Elizabeth pudieran reunirse. Los Fae parecían creer que la Bibliotecaria debía estar por encima de tales conexiones y dedicarse por completo a sus deberes.

Georgiana sospechaba que su hermano no seguiría con su vida pronto, si es que alguna vez lo hacía.

Pasarían un par de días hasta que llegaran a puerto y ella pudiera enviar su carta. Georgiana dejó la mitad de la página en blanco por si necesitaba hacer algún añadido. Luego retomó su labor de aguja, decidida a bordar unos pañuelos para su nuevo esposo.

Varias horas más tarde, el señor Edwards estaba golpeando la puerta de su camarote. —Señora, la necesitan arriba. Algo le ocurre a Galon.

Georgiana arrojó su bastidor de bordado a un lado y se apresuró a seguir al señor Edwards.

Se le encogió el corazón cuando vio a Galon, aún en su forma selkie, desplomado y dolorido. En una ocasión, Galon le había enseñado a ayudarlo a transformarse en momentos de angustia, pero nunca imaginó que tendría que utilizar esos conocimientos.

Georgiana se arrodilló junto a Galon y colocó una mano sobre su cabeza y otra sobre su esbelto cuerpo. Susurró un antiguo conjuro Fae. Galon gritó y, aunque no salió ninguna palabra, su grito transmitía pura agonía.

Pero la transformación se produjo. El hermoso rostro de Galon estaba sin sangre y adolorido. Una de sus manos se movió hacia la mejilla de Georgiana. Su voz era débil. —Mi amor, algo malo está pasando. La frontera entre los Fae y este mundo se ha cerrado, cortando mi capacidad de transformación. Si vuelvo a tomar mi forma de selkie, no podré vivir en este mundo como tu esposo.

Georgiana le apretó las manos. Estaban heladas y rígidas. —Entonces, ¿qué vamos a hacer?

—Hay poco que se pueda hacer. Le escribiré al rey Malus para pedirle ayuda, pero no espero que me la ofrezca. Puede que la respuesta se encuentre en la Biblioteca, pero me temo que no podemos ser nosotros quienes hagamos la petición. Necesitamos a tu hermano.

El capitán Wentworth se acercó a ellos. —Señora, Galon, ¿qué desean hacer?

—Debemos llegar a puerto lo antes posible.

El capitán Wentworth asintió y comenzó a darle órdenes a gritos a su tripulación.

Georgiana presionó un beso en la frente de Galon, que se había derrumbado en sus brazos, agotado por el dolor de la transformación. —No te preocupes, mi amor. Todo irá bien—. Y aunque dijo esas palabras, apenas las creía.

∫∫∫

Darcy estaba sentado ante su gran escritorio, con la vista puesta en los libros. La inestabilidad de las fronteras había repercutido en los beneficios anuales, ya que Darcy había tenido que supervisar las reparaciones de varias casas de los arrendatarios y reembolsar a varios otros por las cosechas que se habían perdido a causa de extraños fenómenos naturales.

Toda la inestabilidad parecía haberse resuelto, aunque Darcy seguía inspeccionando los terrenos a diario en busca de cualquier problema residual. Era una excelente manera de distraerse, aunque sólo fuera durante unas horas.

Por las noches, su corazón seguía sufriendo por Elizabeth. No estaba seguro de que ese dolor cesara nunca.

Alguien llamó a la puerta, sacando a Darcy de sus sombríos pensamientos.

Entró el mayordomo, con una expresión extrañamente sombría. —Señor Darcy, su hermana ha regresado a Pemberley. Ella y su nuevo esposo se encuentran en la sala de estar.

Preguntándose qué podría haber traído a Georgiana a casa tan poco tiempo después de su boda, Darcy se apresuró a ir al encuentro de su hermana. Al entrar en el salón, Darcy comprendió las extrañas palabras de su mayordomo.

Georgiana estaba pálida y todavía manchada con el polvo del camino. Galon se desplomaba contra el brocado del sillón. Su piel estaba casi descolorida y sus ojos pasaban del marron al gris.

—Georgiana, ¿qué le ha sucedido a Galon?

—Está luchando contra la transformación, y está necesitando de toda la fuerza que tiene para hacerlo —explicó Georgiana, con la voz temblorosa y los ojos brillantes de lágrimas no derramadas. —Estando separado de del mundo Fae, si Galon vuelve a tomar su forma de selkie, será incapaz de volver a su verdadera forma. Debemos ir a la biblioteca y confiar en que Elizabeth pueda ayudarnos.

La idea de volver a ver a Elizabeth era tentadora, y Darcy estuvo a punto de aceptar sólo por esa oportunidad, pero ir él mismo podría hacerle más mal que bien a su ya dolorido corazón.

—¿Necesitas que te acompañe? No estoy seguro de lo que lograría con mi presencia allí. Eres más que capaz de superar las pruebas para conseguir una audiencia con la Bibliotecaria—. Darcy confiaba plenamente en su hermana, y unirse a ella en esta aventura seguramente le causaría más disgustos.

Con ojos suplicantes, Georgiana le tomó la mano. —Te necesito, William. La Biblioteca no concede peticiones para los Fae.

—Pero Georgiana, eres humana. ¿No puedes hacer tu propia petición?

—No a los ojos de la Corte de Invierno. Desde que me casé con Galon, el rey Malus y la corte me consideran una de los suyos. Malus no entiende por qué no podemos simplemente vivir en el mundo Fae. Él no nos ayudará.

Galon levantó la cabeza y abrió la boca, su voz era débil y hueca. —Te necesitamos, Darcy. Eres el único que puede hacer tal petición desde la Biblioteca.

—Por favor, Hermano —dijo Georgiana. —No puedo perderlo.

A Darcy se le encogió el corazón. Nunca había sido capaz de negarle a su amada hermana ninguna petición que estuviera en su mano cumplir.

—Muy bien. Me ocupare de arreglar las cosas con Hespera. Partiremos hacia la Biblioteca por la mañana.

Continuará…

¡Sólo quedan 3 capítulos par nuestro final!

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