«El señor Darcy y la biblioteca encantada» Capítulo 15

Monica Fairview, Sarah Courtney, Victoria Kincaid, Lari Ann O’Dell, Melanie Rachel y Abigail Reynolds

Traducido al español por Cristina Huelsz

Traducción hecha sin fines de lucro y con permiso de las autoras

Capítulo 15

Lari Ann O’Dell

Galon se mantuvo firme en la creencia de que volvería con su piel lo antes posible para salvar a Georgiana de un destino trágico. Antes de conocer a la encantadora joven, había estado dispuesto a aceptar un matrimonio sin amor. Alaine era una poderosa princesa Fae, y un matrimonio con ella reforzaría su posición en la corte. Al haber nacido en la realeza, había sido educado para cumplir con obligaciones específicas. En ese sentido, los miembros de alto rango de la corte de los Fae no eran tan diferentes de la aristocracia humana.

Pero entonces conoció a Georgiana mientras ella bailaba en un prado de isatide. Ella, sin saberlo, lo había hechizado y, en ese momento, Galon se había convertido en suyo. Ella había confiado en él de inmediato, aunque había aparecido de una cueva mágica. Le había confiado su miedo ante la prueba con un grupo de mujeres mágicas, aterrorizada por no ser lo bastante capaz de crear un vínculo con un familiar. Galon supo entonces que tomaría la forma de un selkie y crearía un vínculo con la encantadora humana. Desde aquel día de su prueba, ella había llenado su vida de luz, amor y risas. Ni siquiera los peligros de las batallas en el mar pudieron hacer que se arrepintiera de su partida del mundo Fae.

Sin embargo, había sido un tonto al creer que Alaine perdonaría la ofensa. Galon no podía creer que ella lo amara de verdad. Era fría, mimada y vengativa. Después de que él rompiera su compromiso, ella se negaba a aceptar que él ya no le pertenecía.

Tu corazón es tan pesado que me sorprende que no hayamos caído del cielo. La voz de Maor era imperiosa y, sin embargo, Galon creyó detectar un atisbo de preocupación.

Georgiana no estaría al borde de la muerte si no fuera por mí.

De hecho, no. Probablemente habría perecido en el mar si no fuera por el vínculo y la fuerza que recibió de él. Olvidas que he visto la diferencia que un vínculo familiar puede hacer en tiempos de guerra.

Quizás había algo de verdad en eso, admitió Galon, pero en su corazón se culpaba por el sufrimiento de Georgiana, sin importar que ella le hubiera asegurado que no lo culpaba. Si ella sobrevivía a esto, él finalmente le propondría matrimonio. Hacía décadas que no se celebraba un matrimonio entre un Fae y un humano, pero Galon ya había hecho mucho por desobedecer la tradición.

Aterriza en el acantilado, le instruyó Galon en silencio al hipogrifo, que se lanzó con gracia, con sus alas cortando el aire nocturno.

Galon se bajó de su montura y observó la cara del acantilado. Una grieta descendía verticalmente por el centro, dentada y áspera. Galon pasó los dedos por ella y la roca se deshizo para revelar la entrada a una cámara oculta.

Galon se adentró en el sombrío escondite, iluminando las antorchas colocadas en la piedra con un movimiento casual de su mano. Su piel de selkie estaba colgada allí, reluciente y a salvo de quienes quisieran robarla. Ahora Galon la ofrecería voluntariamente para salvar a la persona que tanto amaba.

Una gran ráfaga de viento silbó a través de la pequeña cueva, poniéndole la piel de gallina a Galon.

—Mi querido Galon, había llegado a la desesperación de volver a verte.

Galon habría saltado de su piel por la sorpresa si no se la hubiera quitado ya. Se giró y vio a Alaine bloqueando la entrada de la cámara. Sus hermosas facciones estaban bañadas por las sombras proyectadas por la antorcha, pero reconoció un brillo malévolo en sus ojos. Su cortina de tirabuzones negros no estaba inmaculada como el día en que él había puesto fin a su compromiso, sino desaliñada y descuidada. ¿Había dejado de acicalarse después de ese día? Galon podría haberse sentido más culpable si ella no hubiera tratado de dañar a Georgiana tan a menudo. Más curioso aún era el profundo corte en su mano derecha, que goteaba sangre plateada.

Galon podría haber compadecido a Alaine, si no hubiera conspirado para hacerle daño a Georgiana tan a menudo a lo largo de los años.

—¿Por qué estás aquí? —preguntó Galon con voz helada.

—Fue una tontería por tu parte esconder tu piel de selkie en un lugar tan poco vigilado. Te he echado de menos, mi amor. He venido a llevarte a casa—. La voz de Alaine era suave y seductora, envolviéndolo como un abrazo de bienvenida. Sólo la devoción de Galon por Georgiana lo salvó de sucumbir al intento de Alaine de atraerlo.

—Tus esfuerzos son inútiles, Alaine. Nuestro compromiso fue uno hecho por deber, pero ahora he encontrado el amor. No abandonaré a Georgiana.

—Y tus esperanzas son en vano. Una vez que tu pequeña humana sucumba, estará perdida para ti para siempre. La Palabra Escocesa no puede ser deshecha por el poder del amor. Sólo por lo que se esconde en la cueva. La Bibliotecaria y Darcy no completarán su búsqueda.

—¿Así que tú has retrasado su viaje? Podría haber esperado tal traición.

Alaine se rio, un tono agudo y feo que hizo que Galon se encogiera. —Me sorprendió que derrotaran al trol que envié tras ellos, pero dos magos no son rivales para mi dragón mascota. Estaba tan desesperado por la caza.

—La Corte no verá con buenos ojos un intento de matar a la Bibliotecaria.

—No le ordené a mi dragón que matara a la Bibliotecaria. Sólo fue enviado para mutilar o herir. Si la Bibliotecaria es realmente digna de su título, habrá sobrevivido al encuentro. Sin embargo, Darcy necesitaba morir. Mi querido Wickham me contó todo el sufrimiento que soportó a manos de Darcy. Estaba muy feliz de ordenar su caída. Espero que mi amada mascota esté hurgando en los huesos de ese hombre mientras hablamos.

—¿Es que tu depravación no tiene límites? Los Fae no están destinados a dañar a los que tienen magia. Has violado reglas ancestrales y tácitas, Alaine, y responderás por ello.

—Una vez que nos casemos, seré inmune al juicio de la corte. Y si alguien se atreve a oponerse a mí, simplemente haré que lo ejecuten.

Galon frunció el ceño ante Alaine. —No tienes ningún respeto por nuestras tradiciones, Alaine. Lo pagarás caro, pero no será por mi mano. No tengo más tiempo que perder contigo—. Galon envolvió su piel como una capa y empujó a Alaine fuera de su camino.

Alaine profirió una maldición y lanzó un chorro de luz verde hacia él, pero se desvaneció tras entrar en contacto con su reluciente pelaje. Galon conjuró unas cuerdas y éstas se enroscaron alrededor de los tobillos y las muñecas de Alaine, brillando intensamente. Alaine gritó de disgusto. Las ataduras no la retendrían para siempre, pero Galon esperaba que le dieran suficiente tiempo para regresar a Pemberley.

Maor lo esperaba de pie, sin que Alaine la tocara. Al menos, parecía tener cierta estima por las criaturas mágicas.

Le das demasiado crédito a la princesa, Galon. Ella levantó la mano para lanzar un hechizo y yo ataqué. Si le quedara una pizca de honor, se habría apartado. No dudé de que rechazarías cualquier oferta que ella viniera a hacerte. Has demostrado tu devoción por Georgiana muchas veces.

Maor se arrodilló a los pies de Galon en una inconfundible reverencia. Te agradezco tu fe en mí, Maor. Debemos apresurarnos para salvar a Georgiana.

Galon se aferró con fuerza a Maor mientras el hipogrifo saltaba desde el acantilado. En su prisa por escapar, no percibió que Alaine había roto su hechizo de contención.

Durante unos minutos, su vuelo fue fácil. Las magníficas alas de Maor cortaban el aire con gran velocidad.

De repente, un trueno iluminó el cielo nocturno y del golpe surgió un brillante pájaro del trueno. Galon tragó con fuerza. Había subestimado la fuerza de Alaine y su sed de venganza.

La princesa Fae se sentó a horcajadas sobre el enorme pájaro dorado y plateado y le instó a que les diera caza.

No me dejaré superar por una criatura de las Américas. El tono de Maor era despectivo mientras se acercaba a los árboles que salpicaban el terreno. Maor se deslizó por el escarpado paisaje de Derbyshire con una agilidad sorprendente. Galon se vio obligado a aferrarse para salvar su vida. Su piel de selkie lo protegía de la magia de Alaine, pero aun así podía caer y sufrir graves heridas.

Un rayo cayó sobre uno de los altos árboles, haciendo que se resquebrajara y cayera. Maor lo esquivó por escasos centímetros. Las maldiciones de Alaine sonaron al compás de los truenos que le siguieron.

Esto no servirá. Tendré que atacar, declaró Maor tras varias maniobras evasivas fallidas.

Galon pensó que era una idea temeraria, pero no estaba acostumbrado a las escaramuzas aéreas. Tendría que ceder ante el mayor conocimiento de Maor sobre el combate.

Maor voló más alto, elevándose entre las nubes hasta que Alaine y su pájaro del trueno apenas fueron visibles. Entonces, sin previo aviso, Maor se lanzó en picada. El hipogrifo golpeó al pájaro del trueno con una fuerza increíble. La bestia gritó cuando las garras de Maor se clavaron en su carne.

Alaine se desprendió de su montura. Gritó órdenes indescifrables al pájaro del trueno mientras caía al suelo.

Sin embargo, Maor no salió ilesa. Un rayo volvió a iluminar el cielo y el pájaro del trueno de Alaine desapareció. El rayo golpeó el flanco de Maor, haciendo que el hipogrifo se precipitara hacia un escarpado acantilado. Galon actuó con rapidez e hizo que el follaje brotara de las grietas del acantilado, amortiguando su aterrizaje.

Galon salió disparado de Maor, chocando con el elástico follaje peligrosamente cerca del borde del acantilado. Con las piernas temblorosas, se dirigió de nuevo al hipogrifo. Acarició las coloridas plumas de su cuello y murmuró las palabras de un hechizo curativo. El hipogrifo necesitaría descansar un poco antes de volver a Pemberley, aunque Alaine no los había superado.

∫∫∫

El general Fitzwilliam estaba desplomado en la silla junto al fuego vigilando a su joven prima mientras ésta murmuraba incoherencias en sueños. Sus párpados caían por el cansancio, pero él no se dormía en su puesto.

Un relámpago iluminó el oscuro dormitorio de Georgiana, al que siguió un estruendo casi ensordecedor de un trueno. Georgiana gimió asustada, pero siguió sin moverse. Fitzwilliam se puso en pie en un instante. El tiempo había sido bueno todo el día. No se trataba de una tormenta natural. Sólo podía ser el pájaro del trueno que venía a rescatar a Wickham.

Cuando Fitzwilliam abrió la puerta de la bodega, encontró un agujero en el techo. Los barriles de oporto estaban astillados en el suelo, ahora empapados por la buena cosecha. Un pájaro del trueno, majestuoso, dorado y con chispas de energía mágica, estaba suspendido ante Wickham.

—Ah, Fitzwilliam, qué amable eres al venir a verme partir. Me he cansado de mi encarcelamiento. Me despido de ti—. Wickham se quitó el sombrero en un fingido saludo.

Fitzwilliam se abalanzó hacia el canalla, pero fue alcanzado por un rayo. Lo único que pudo hacer fue observar con horror inmóvil cómo Wickham y el pájaro del trueno batía sus alas y se elevaban por la abertura del sótano.

Fitzwilliam se acercó a través de su conexión mental con su familiar. Maor, el pájaro del trueno ha regresado y Wickham ha escapado.

Si tan sólo le hubiera hecho más daño. Esto es obra de Alaine. Puedo sentir tu debilidad, Fitzwilliam. Estaré allí para ayudarte en breve.

Fiel a su palabra, Maor y Galon aparecieron en el sótano un cuarto de hora más tarde, con aspecto desaliñado y agotados. Galon ayudó a Fitzwilliam a ponerse en pie. —Alaine me estaba esperando en mi escondite. Su bestia atacó a Maor.

Fitzwilliam se tambaleó y se aferró a Maor para mantener el equilibrio. Galon examinó la bodega en ruinas. —Me temo que Alaine y Wickham intentarán detener a Darcy y a la Bibliotecaria. Debemos volar al Distrito de los Picos e ir en su ayuda.

—No podemos dejar a Georgiana sin protección —declaró Fitzwilliam. —Maor y yo iremos.

—Pero debo reportar los crímenes de Alaine a la corte de los Fae. No consentirán reunirse con un humano.

—Permíteme ser tu emisario, Galon. Georgiana no querría que la dejaras. Lloraba por ti mientras dormía.

Galon parecía indeciso, pero finalmente asintió. —Escribiré una carta para que la lleves a los Fae. Mi sello está en la habitación de Georgiana.

Fitzwilliam, Galon y Maor se dirigieron a las habitaciones de Georgiana. Fitzwilliam fue el primero en notar el cambio. El fuego se había apagado en la chimenea y la habitación estaba helada. Georgiana ya no murmuraba en sueños. En cambio, parecía una estatua magistralmente tallada. El color había desaparecido de su tez.

Galon corrió a su lado y pronunció su nombre con una urgencia desgarradora. Georgiana no respondió.

Continuará…

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