«El señor Darcy y la biblioteca encantada» Capítulo 13

Monica Fairview, Sarah Courtney, Victoria Kincaid, Lari Ann O’Dell, Melanie Rachel y Abigail Reynolds

Traducido al español por Cristina Huelsz

Traducción hecha sin fines de lucro y con permiso de las autoras

Capítulo 13

Lari Ann O’Dell

Nota: Galon es un príncipe Fae. Tomó la forma de un selkie para poder ser el familiar de Georgiana.

—Georgiana, por favor, permíteme ir con Wickham y hacer un trato. Tu vida es más importante para mí que la mía.

La silla de Galon se acercó a la cama de Georgiana. Si su hermano supiera que lo que había entre ellos era mucho más que un vínculo entre un mago y su familiar, Galon estaba seguro de que le habría impedido acercarse a su cama. El concepto humano de propiedad seguía siendo algo ridículo para él. En la corte de los Fae no había carabinas y, en realidad, los Fae fomentaban lo que los humanos considerarían posiciones comprometidas entre machos y hembras.

El hermoso rostro de Georgiana estaba casi sin color. Estaba apoyada contra varias almohadas, con su cabello dorado despeinado.  —Si renuncias a tu piel de selkie, Wickham tendrá el poder de controlarte. Te enviará de vuelta a al mundo de los Fae y no volveré a verte nunca más. Ese no es un sacrificio que estoy dispuesta a hacer. Debemos tener fe en que William completará su búsqueda.

—Tu hermano no ha sido más que una sombra de sí mismo en los últimos cinco años, querida. Perdona que te lo diga, pero dudo de su capacidad para completar la búsqueda, incluso con la Bibliotecaria a su lado.

Georgiana frunció el ceño. —Elizabeth hace surgir lo mejor de William. Juntos tendrán éxito. Estoy segura de que volverán a tiempo… —Las palabras de Georgiana se cortaron cuando de repente se convulsionó de dolor. Su respiración se hizo corta y jadeante, y sus ojos se cerraron.

Galon le sujetó la mano y la llamó por su nombre.

Después de unos momentos de agonía, Georgiana se desplomó contra las almohadas, todavía respirando con dificultad.

—Amor mío, ¿qué ocurre?

Los ojos de Georgiana no se abrieron. Su voz era débil. —Me temo que pronto te dejaré, Galon. No puedo abrir los ojos. He tenido una visión de oscuridad envolvente, pero no permitiré que Wickham se lleve lo que quiere. Prefiero morir—. No eran las palabras descaradas de una joven, sino las de una mujer resignada a su destino.

A Galon se le rompió el corazón al escucharlas. Su Georgiana era tan fuerte y merecía una vida larga y feliz. Había librado tantas batallas y las había vencido todas a su vez. ¿Cómo podía ser que alguien tan indigno como Wickham apagara su luz al final?

—Georgiana, por favor. Permíteme ayudarte. Puedo hacer un trato sin entregar mi piel. Simplemente tengo que obligarlo a hacer un juramento.

Georgiana negó con la cabeza, sus dedos apretando los de él. —No podría condenarte a una vida de miseria en en el mundo Fae. Sabes que Alaine no te trataría como te mereces.

Era bastante cierto, pero seguramente Georgiana sabía que un mundo sin ella sería más miserable que una vida en la corte con su prometida despreciada. Así se lo hizo saber. Un fantasma de risa se escapó de sus labios antes de que los apretara contra el dorso de su mano. —Cántame, mi amor, y ten fe en que mi hermano volverá.

Sin poder resistirse a tal petición, Galon le cantó las canciones de los antiguos Fae. Su expresión se volvió pacífica y pronto se quedó dormida.

Sin embargo, Galon sabía lo que debía hacer. Haría un trato con el diablo para salvar a la mujer que amaba. Sabía que al hacerlo haría enfadar a Georgiana, pero prefería tenerla viva, aunque ya no pudiera estar a su lado.

∫∫∫

—Cada vez está más débil, señor, me temo que pronto la perderemos —el rostro de la señora Reynold estaba demacrado. El ama de llaves había sido más una madre que una sirvienta para Georgiana desde la trágica muerte de Lady Anne.

El coronel Fitzwilliam podía ver cuánto le costaban estas palabras a la pobre mujer. —Veré a Georgiana. Tal vez si ella me revela la ubicación de la piel del selkie, podamos usarla para negociar con Wickham.

—Ella no está en condiciones de tomar tal decisión, señor —protestó la señora Reynolds, pero Fitzwilliam se limitó a pasar junto a ella y entrar en la oscura habitación de Georgiana.

El compañero de Georgiana, Galon, se había recuperado del hechizo de Wickham y ahora estaba sentado junto a la cama de Georgiana. Le cantaba en un idioma que Fitzwilliam no conocía ni reconocía. Los ojos de Georgiana estaban cerrados, pero sus rasgos no estaban retorcidos por la agonía como lo habían estado durante días. Más bien, su expresión era casi serena. Su cuerpo estaba abandonando la lucha contra la Palabra Escocesa y cediendo a las consecuencias de rechazar la propuesta de Wickham.

Galon dejó de cantar abruptamente y miró a Fitzwilliam. Fitzwilliam no había conversado mucho con Galon, ya que estaba demasiado acostumbrado a verlo en su forma de selkie, pero justo ahora parecía bastante humano y ordinario, preocupado por el destino de alguien a quien amaba.

—No le queda mucho tiempo, Fitzwilliam, un día o dos como mucho —dijo Galon, con una voz de susurro. —Sé lo que debo hacer.

—Galon. . . no lo hagas —los párpados de Georgiana se agitaron pero ya no tenía fuerzas para abrirlos.

Galon besó la frente de Georgiana antes de ponerse en pie. Sus ojos dorados brillaron con determinación y se dirigió a la puerta abierta.

—Primo… —La voz de Georgiana era débil y temblorosa. —No dejes que… —su voz se fue apagando.

Fitzwilliam siguió al selkie, corriendo para alcanzarlo. Se dirigía al sótano donde tenían a Wickham. —Galon, detente —exclamó Fitzwilliam, agarrándolo del brazo. Para su gran sorpresa, Galon se volvió hacia él, con una expresión fría.

—Deseo hacer un trato con el canalla —dijo Galon. —Si sacrificar mi piel es el precio que debo pagar por la vida de Georgiana, lo pagaré con gusto».

—Georgiana no te agradecería que lo hicieras —dijo Fitzwilliam. —Ella ha estado luchando contra la Palabra Escocesa con todas sus fuerzas. Estarías deshonrando sus deseos al darle a Wickham lo que desea.

—Tú no lo entiendes. Preferiría tener a Georgiana viva y furiosa conmigo que verla en un sueño maldito por el resto de sus días.

—Debes tener fe en que Darcy volverá con la cura —dijo Fitzwilliam.

Galon negó con la cabeza. —No tendrán éxito. Me temo que hay más cosas en juego de las que tú entiendes. Verá, todo esto es culpa mía, y debo corregirlo. Puedes unirte a mí en el sótano si lo deseas, pero si intentas detenerme, me veré obligado a contenerte a ti también.

Años de experiencia habían enseñado a Fitzwilliam a reconocer cuándo la resistencia era inútil, así que siguió a Galon por los escalones de piedra hasta el sótano de Pemberley.

La estancia estaba en penumbra, iluminada únicamente por antorchas encantadas para que ardieran continuamente. Wickham estaba desplomado contra los barriles de caro oporto francés, atado por la magia de Galon. La magia de los Fae era diferente a la que practican los magos y hechiceros, más antigua e impenetrable, especialmente para alguien como Wickham, que sólo tenía el poder suficiente para lanzar hechizos comprados a otros. No había podido vincularse con un familiar propio.

Maor y Hespera montaban guardia regiamente a ambos lados del malhechor.

Ha estado murmurando en sueños. Algo sobre deudas impagadas a un fabricante de hechizos. A Maor le disgustaba inmensamente Wickham por codiciar la piel de Galon. Se tomaba muy a pecho cualquier insulto a un compañero mágico familiar. Fitzwilliam no podía ignorar las manos sangrantes de Wickham. Sin duda, Maor se había encargado de castigarlo aún más.

¿Te opones a cómo trato a nuestro prisionero?

No, ciertamente, Maor. Pero ahora necesitamos su cooperación. Tal vez tú y Hespera podrían inspeccionar el terreno en busca de algún avistamiento del pájaro del trueno.

Maor le chasqueó el pico a Hespera y el grifo y el hipogrifo abandonaron sus puestos complacientemente.

Galon se arrodilló ante Wickham y chasqueó los dedos. Los ojos de Wickham se abrieron de golpe. —¿Tu amada ha sucumbido finalmente a la Palabra Escocesa? Es una pena. Habría sido un placer desposarla y llevarla a la cama—. La voz de Wickham estaba ronca por falta de uso, pero había un brillo malévolo en sus ojos.

—Georgiana sigue luchando —declaró Galon, con un orgullo feroz. —Pero no es por eso por lo que he venido a hablar contigo. He decidido entregarte mi piel de selkie, si aceptas levantar la maldición. Puedes venderla y pagarle al hechicero. No es necesario que cumplas tu palabra con tu otra benefactora.

Fitzwilliam no sabía a quién se refería Galon, pero Wickham claramente sí. Sus labios se curvaron en una sonrisa burlona. —Es una oferta tentadora, pero verás, tengo mucho más que ganar si me caso con ella y te envío de vuelta a donde perteneces. Mi benefactora, como la llamas, es del tipo vengativo, pero eso lo sabes mejor que la mayoría.

—Wickham, te conviene hacer lo que dice Galon. Si no haces lo que te pedimos y Georgiana cae víctima de la Palabra Escocesa, nada me impedirá acabar con tu miserable vida.

Si había una cosa que Wickham valoraba por encima de todo era su vida. —Puedes matarme si lo deseas, Fitzwilliam, pero eso no impedirá que vaya tras Georgiana hasta que consiga acabar con su vida. Como la señora Wickham, Georgiana estaría bastante protegida.

En ese momento, Galon parecía querer atacar a Wickham. Fitzwilliam se interpuso entre ellos, sacando su espada y poniéndola en la garganta de Wickham.

—¿Quién es esta mujer de la que hablas? —preguntó Fitzwilliam.

—No es una mujer en absoluto. Es una poderosa princesa Fae. El familiar de Georgiana ha estado ocultando su secreto durante años, pero yo sé la verdad. Si crees que soy un canalla, ¿qué piensas de un príncipe Fae que ha dejado de lado a su prometida para convertirse en el familiar de una chica humana? ¿Qué diría Darcy si se enterara de que su amada hermana podría haber fracasado en la prueba de la Patrona y haber deshonrado a la familia si no fuera por la interferencia de Galon?

Fitzwilliam miró de Galon a Wickham. ¿Podría ser cierto? Parecía una de las extrañas fantasías de Wickham, una historia desesperada contada para manipularlo.

—Georgiana es más que capaz de vincularse con un familiar, pero las patronas no proporcionaron opciones adecuadas—. Galon se volvió hacia él. —Wickham no comprende del todo mi relación con Georgiana. Cuando la hayamos salvado, te lo explicaré todo, Fitzwilliam. Pero primero debo hacer un trato con Wickham.

—Tendrás que ofrecer lo suficiente para tentarme —dijo Wickham. —Treinta mil libras por lo menos, pues eso es lo que habría obtenido al casarme con Georgiana.

—Te daré mi piel, y me aseguraré de que estés protegido de Alaine y su ira. Además de esto, te recompensaré con una suma equivalente a la dote de Georgiana si prometes abandonar Inglaterra después de deshacer la Palabra Escocesa.

Los acuosos ojos azules de Wickham se abrieron de par en par con placer y codicia. —¿De verdad ella vale tanto para ti? ¿Abandonarías tu título real para estar con Georgiana Darcy?

Galon asintió. —Dame tu respuesta, Wickham.

—Eres un tonto enamorado, pero acepto tu oferta. Tendré la piel antes de levantar la maldición. Y será mejor que te des prisa. A Georgiana no le queda mucho tiempo.

—Primero haremos un pacto —dijo Galon, con voz acerada. Extendió una mano que Wickham tomó con gran renuencia «Repetirás estas palabras: A cambio de la piel de selkie, yo, George Wickham, levantaré el hechizo que he puesto sobre Georgiana Darcy. No abusaré de mi posesión de la piel de Galon, y entonces dejaré Inglaterra, para no volver jamás.

Wickham pronunció las palabras dos veces, y luego se vio obligado a completar el juramento cuando Galon prendió fuego a su gabardina.

La expresión de Galon era de triunfo mientras salía del sótano. Fitzwilliam lo siguió de cerca.

—Ha sido muy inteligente de tu parte. Si Wickham falta a su palabra, estará maldito. ¿Cómo piensas pagarle treinta mil libras?

Los ojos violetas de Galon brillaron con picardía. —Verás, Fitzwilliam, yo no estoy obligado a cumplir mi palabra. Es un truco de los Fae que hemos empleado contra los mortales durante siglos. Sólo la Bibliotecaria establece vínculos recíprocos.

—Pero ¿le entregarás tu piel?

—Lo haré —respondió Galon. —Georgiana no quería que lo hiciera, así que me abstuve de hacer un trato, esperando que Darcy volviera con la cura, pero ahora veo que es un caso perdido. Alaine los habrá detenido.

—Entonces, ¿es verdad? Eres un príncipe Fae.

Galon inclinó la cabeza. —Lo era, pero renuncié a mi herencia. No tuve otra opción después de conocer a Georgiana mientras recorría el Distrito de los Picos con Lord y Lady Matlock hace tantos años. Cuando un Fae se enamora, es para toda la vida.

—¿Hay algo más entre ustedes que un vínculo familiar? —preguntó Fitzwilliam, sintiéndose más que un poco tonto por hacerlo, pero necesitando asegurarse de la fidelidad de Galon hacia su prima.

—Si ambos sobrevivimos a esto, seguiré tus tradiciones humanas y pediré su mano —respondió Galon.

Fitzwilliam asintió. Aunque Georgiana era una maga capaz por derecho propio, a Fitzwilliam le complacía que su querida prima tuviera a alguien tan dedicado a defenderla.

Llegaron al gran vestíbulo. —¿Podría tomar prestado tu hipogrifo, Fitzwilliam? Mi piel está escondida a cierta distancia.

Fitzwilliam asintió. Salieron al aire fresco de la noche.

Maor, tengo una tarea para ti.

El hipogrifo y el grifo aterrizaron en los escalones sólo unos momentos después.

Los ojos violetas de Galon se encontraron con los ámbar de Maor. Para sorpresa de Fitzwilliam, Maor se arrodilló para que Galon pudiera montarla. —Si Georgiana muestra más signos de debilidad, envíale un mensaje a Maor. Volveré tan pronto como pueda.

Fitzwilliam le dio su palabra y vio cómo Maor y Galon se adentraban en la noche.

Continuará…

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